martes, 29 de enero de 2019

Romance en el tren. Capitulo XVI De paseo.


Romance en el tren.
Capitulo XVI
De paseo.
… La noche paso volando, realmente ni me di cuenta cuando me dormí, solo recuerdo que me acosté con la carta en mi pecho y cerré los ojos pensando en mi amado. Y ahora los acabo de abrir y estoy en la misma posición con la que me acosté ayer. A pesar de que entraba la luz del día por mi ventana aun no me percataba que la noche y mi sueño pasaron de manera fugaz. Decidí levantarme, e hice lo primero que toda mujer hace al ponerse de pie después de un sueño reparador que es verse en el espejo.
Me vi y mi note que cabello había adoptado una forma deforme por la posición en la que dormí. Parecía que tuviese por la forma del cabello una protuberancia hacia un lado que me hacía ver comiquísima. La piel de mi rostro estaba muy brillante y, además aun mis ojos no se acostumbraban a la luz diurna y los tenía empequeñecidos.
Exclame:
¡Qué horrible me veo!
Realmente me sentía fea.
Me dirigí al baño y comencé peinar mi cabello y lavarme la cara y asearme a nivel general.
Regrese a mi peinadora y me puse a revisar todas las imperfecciones de mi rostro.  Sonara vanidoso de mi parte pero nosotras le damos mucha importancia a la apariencia de nuestro rostro y a pesar que nos digan que estamos hermosas siempre creemos que no lo estamos.
Palmo a palmo comencé a pasar mi mano por mi cara y cuello. Comencé a tocar cada uno de mis lunares superficiales. Como si me los contara para saber si me faltaba alguno. Eso era algo que hacia todas las mañanas. Era una costumbre que había adquirido. Me sentía tonta haciéndolo pero a su vez me reía conmigo misma por hacerlo siempre.
Pero hoy era diferente.
Hoy mis lunares me estaban haciendo recordar  el tren, el cubículo, los olores, su olor, sus manos, sus ojos, sus palabras y su poema.
Me reproche en voz alta:
¡Ya vas a empezar tan temprano!
¡Deberíamos bajar a hacer el desayuno o por lo menos ayudar a hacerlo!
Me reía a mis adentro por esta conversación interna.
Me termine de arreglar y baje a la cocina.
 La misma ya estaba impregnada del olor al café recién colado como decíamos aquí en mi pueblo.
Mi mama al verme me pregunto cómo había pasado la noche. La abrace y le pregunte lo mismo. Luego me ofreció una taza de café y me recordó que mi gran amiga de la infancia vendría para pasear un rato por los alrededores del pueblo.
También me recordó que el día siguiente tendríamos una reunión con la familia del amigo el cual me había encontrado en la plaza.
Le di las gracias por estar pendiente y recordarme.
En ese momento bajo mi padre y mi hermano a desayunar. Ya mi madre tenía adelantada parte de la comida. Así que fui sirviendo y luego nos sentamos a comer en familia.
En mi pueblo era costumbre desayunar una especie de torta plana hecha de maíz.
Este grano o semilla se podía preparar de diversas maneras. Una de ellas era que luego de desgranarlo, se golpeaba con un objeto duro como un mazo de madera, el grano soltaba una concha que se desechaba. Después el grano se lavaba y se coloca a hervir con suficiente agua hasta que se ablandaba. El siguiente paso era triturarlo o molerlo. Se dejaba enfriar y después uno comenzaba a amasarlo y darle una forma redondeada. Se colocaba en una plancha de metal previamente calentada  y se asaba a fuego lento. Esta torta después de estar lista se abría y se le podía rellenar con cualquier cosa como mantequilla, queso, carne preparada, etc.
¡Claro! Existían otras formas de preparar esta delicia.
Mi relleno preferido era queso con mantequilla.
Para ahorrar este proceso en el pueblo existían negocios que se encargaban de procesar el producto y solo uno lo compraba listo para amasarlo y colocarlo en la plancha ahorrándose así todo el proceso ya mencionado.
Esto era una delicia de la zona…
Luego de desayunar me senté un rato a solas para conversar con mi padre.
Él siempre  ha sido muy reservado y no muy explícito en las muestra de cariño. Tal vez porque mis abuelos no eran muy cariñosos tampoco. No es que fuesen malos. Es que la vida en su época fue muy dura. Y no era fácil sobrevivir.
Hablamos de todo un poco. Y como siempre me expreso su negativa  de que yo viviera en la gran ciudad. Me recordaba los peligros, las malas personas, etc.
Realmente me expresaba su preocupación como padre. Y a pesar de que uno muestra cierta rebeldía y hasta incomprensión por su postura. En el fondo uno se alegraba de la preocupación mostrada.
Luego después de sus consejos me tocó el tema del escritor que me había enviado la carta.
Pensé:
¡Seguro que mi mama le pidió que hablara conmigo!
Mi papa pregunto si estaba al tanto sobre lo que decían de él. Y me dijo que tuviese cuidado. Que si la gente habla tanto de alguien pudiese haber algo de verdad en esos cometarios.
Yo no le discutí nada. Solo atine a decirle que entre nosotros solo había una amistad, mas nada.
Él se quedó observándome un rato, y solo procedió a decir: Tenga cuidado que tu boca dice algo pero tus ojos y el color de tu rostro dicen otra cosa…
Yo estaba sonrojada, y con mi piel blanca era muy difícil disimular mis emociones cuando me tocaban este tema.
En ese momento tocaron la puerta principal de la casa.
¡Era mi amiga que había llegado sin saberlo en el momento justo!
Mi amiga de la infancia era como de mi edad pero a pesar que compartíamos muchas ideas y formas de pensar similares; físicamente éramos muy distintas.
Ella era una morena muy hermosa como de mi misma edad, un poco más baja de estatura que yo, de larga cabellera que a veces se lo peinaba hasta el punto de alisarlo completamente y otras veces se lo dejaba encrespado.
Por supuesto que por la rivalidad femenina que existen entre nosotras las mujeres jamas le diria que era bella o hermosa. siempre le decía que estaba bien arreglada y por eso peleábamos sanamente.
Ella solía bromear diciendo que el hombre que se casara con ella tendría dos mujeres; una de cabellos lisos y otra de cabellos crespos…
Al entrar nos saludamos con un abrazo y comenzamos a charlar. Mi papa la saludo y se retiró a sus cosas. No sin antes echarme una mirada inquisidora como recordándome que el tema que estábamos conversando aún no estaba concluido.
Mi amiga sin darse cuenta de nada me bombardeaba con preguntas acerca de mi vida en la gran ciudad, el trabajo, los estudios y los amigos.
Me pidió disculpa por no haberme recibido cuando llegue y el no poder acompañarnos al parque. Ya que el negocio de familia tenía que atenderlo esos días de mi llegada. Pero que hoy estaba aquí para nuestro paseo de siempre como lo hacíamos antes de que me fuera  a la gran ciudad. Agrego que su primita del pueblo vecino quería acompañarnos al  paseo.
Yo le explique que no se preocupara, que la entendía perfectamente y le agradecí que hubiese llegado en el momento justo y que me alegraba que invitar a su prima a acompañarnos.
Su primita que tenía 19 años era muy alta y se había convertido en una bella mujer y en una excelente repostera. Mi amiga me indico que ella era muy reservada pero que no le diera mucha confianza porque abusaría…
Reímos las dos por la broma con respecto a su primita. Y quedamos en salir a buscarla.
Después de charlar un rato. Fuimos a alistar mi bicicleta. Mi papa la había mantenido conservada y en buen funcionamiento.
La bicicleta era de color crema, con una pequeña cesta de mimbre en el manubrio y una pequeña plataforma atrás del asiento como para llevar pequeñas cosas. El manubrio era alto y brillante y en uno de sus puños tenía una especie de sonaja que tintineaba y que se activaba con una pequeña palanca que se podía accionar con el pulgar.
Arreglamos lo que nos íbamos a llevar para merendar y algo de agua para el camino.
Me puse mi sombrero de ala ancha y mis lentes oscuros.
Antes de salir, subí a mi cuarto y agarre la carta con la intención de mostrársela a mi amiga.
De verdad tenía el ansia incontrolable de presumirle y contarle lo que me había pasado en el tren. Además necesitaba contarle a alguien que sabía que no me  juzgaría y que me ayudaría  a ver las cosas de óptica correcta.
¿Y quién mejor que mi  mejor amiga de la infancia?




No hay comentarios:

Publicar un comentario