domingo, 13 de enero de 2019

Romance en el tren. Capítulos I. El Viaje. Capítulo II. La Búsqueda.



En el tren…
Capítulo I
El viaje.
… En cierta ocasión me toco viajar a una ciudad distante  como a 12 horas de donde yo resido. Los motivos de tan repentino viaje los contare en otra oportunidad.
 Tenía que elegir entre viajar en mi propio vehículo en soledad por vastos paisajes, algunos desolados y grises, otros salpicados con casas de jardines muy llamativos donde los rosales de diversos colores sobresalían en todo su esplendor.
La otra opción era ir al terminal y tomar el tren que recorría de forma serpenteante algunos bosques, colinas y paisajes muy pintorescos.
Luego de pensarlo bien me decidí por la última opción., viajar en el tren.
Esta opción pudiese parecer romántica para muchos, pero viajar en este tipo de trenes de más de 30 años es una experiencia interesante. Primero, no tienen la comodidad de un vehículo normal, así que, todas las vibraciones son reflejadas en los asientos y se requiere de cierta resistencia física para soportar esto. A diferencia de lo buses, los trenes por norma general  tienen un comedor en donde puedes ir relajarte,  caminar un rato tomarte un café, chocolate o una bebida alcohólica haciendo del viaje una tortura más placentera.
El viajar en este tipo de transporte público es una muy buena oportunidad de conocer la fauna humana. Personas de diversos orígenes, culturas,  formas de vestir,  idiomas y dialectos diferentes.
 Algunas veces para que el viaje no sea tedioso cada cierto tiempo los pasajeros se cambian de asientos ya sea, porque el compañero que les toco es aburrido, falto de higiene, usa una colonia demasiado fuerte o simplemente ya no se tiene que conversar con él compañero de viaje.
Para la alegría mía, me toco un compartimiento múltiple para 6 personas en donde estaba yo solo.
Pensé:
Hasta puedo acostarme de largo a largo y tratar de dormir un poco; engañándome  a mí mismo como si se pudiese dormir en un tren…
Bueno, ahí estaba  regodeándome con el placer de la soledad cuando a los pocos minutos de haber escuchado el silbato del tren  y de empezar a moverse lentamente y acabando de sacar el libro Crimen y castigo, escucho una voz preguntando si los demás asientos estaban ocupados o si esperaba a alguien.
Era una voz muy dulce. Levanto la mirada y era una joven como de 20 tantos años, muy hermosa, de mirada profunda y de muy buen gusto en su forma de vestir.
El olor de su perfume impregno el lugar, era como de frutas aunque al momento no pude precisar cuál era.
Me agarro desprevenido ya que no es la clase de pasajeros con que uno normalmente comparte o se consigue en los trenes.
Al verme dudar me lanzo una sonrisa amigable y me dijo:
Ah bueno, disculpe asumiendo que mi silencio indicaba que todo el cubiculo estaba ocupado. Y estando a punto de retirarse le contesté rápidamente que podía sentarse en mi cubículo ya que no vendría nadie más.
Ella entro y sentó frente a mí, y comenzó a mirar desinteresadamente por el ventanal del tren…
Nosotros los hombres somos muy curiosos por naturaleza, y aunque fingía que estaba leyendo, no desaprovechaba los brincos, jalones nubes de vapor y silbidos que son comunes en un  tren para poder observar a esa hermosa mujer.
Era de piel blanca, cabello castaño claro, esbelta y unos ojos Esmeralda que cuando te miraban parecía que lo hacían hasta lo más profundo de uno. Tenía puesto un vestido floreado moteado entre naranja y marrón que acentuaba su hermosa figura.
Me considero una persona reservada, pero cuando  me toca hablar, lo hago, de estrellas, historia, paisajes, animales, personajes de todo un poco. Aunque reconozco que se me hace difícil romper el hielo cuando es la primera vez. Y eso me pasaba con ella.
Varias veces me pasó por la mente sacarle conversación a esta joven tan encantadora, e inventaba o creaba diversas formas de romper ese hielo pero algo me retenía, no sabría contarles por qué o la razón.
¿Tal vez era su porte enigmático? ¿Su presencia inalcanzable? confieso que me tenía fascinado.
Yo estaba tratando de concentrarme en mi libro, cuando ella me preguntó mi nombre y hacia dónde me dirigía.
Pensé y en forma de reproche me dije:
Ella fue más valiente que yo…
Le di  mi nombre y le mencione la ciudad a la que iba. Ella se presentó, y mencionó el nombre de un pueblo que estaba antes de mi destino.
Ella siguió viendo por el ventanal y yo seguí metido en mi libro. Al rato me preguntó:
¿Le gustan los dulces?
Yo, le conteste que por supuesto que sí, ella saco unos dulces de su bolso y me los obsequio y me dijo que eran muy deliciosos y que esperaba que los disfrutara…
El gesto me conmovió profundamente, nunca me habían obsequiado algo por nada, ya que en la sociedad actual todo es por un pago, nada te lo dan gratis.
Cerré mi libro y comenzamos a hablar de diversos temas, me hablo de sus padres, hermanos y amigos, me hablo de su afición a los idiomas extranjeros y las labores de voluntariado que hacia regularmente.
Yo le conté parte de mi vida, la cual no mencionare aquí, eso será parte de otra historia.
Pasaban las horas, y a pesar de que por lo general los temas se agotan cuando pasas mucho tiempo conversando con alguien. En nuestro caso era diferente, ella y yo mientras más pasaba el tiempo más teníamos de qué hablar.
Además de hermosa ella era muy inteligente, y sus argumentos eran muy firmes cuando no estaba de acuerdo con alguna opinión mía.
Fue lo que me engancho, esa inteligencia sublime, esa forma de hablar.
Pensé: ¡Por fin había encontrado a la mujer que tanto busqué! 
Ella se me fue metiendo corazón adentro y yo sin poder evitarlo sentía que ella me estaba dando el oxígeno que yo estaba necesitando.
No quería dejarla sola, pero en cierto momento me excuse y pedí permiso para ir al baño, y por el camino de regreso fui al comedor a comprarle un chocolate como detalle.
Cuando regrese, el cubículo estaba solo, impregnado de su encantador perfume.
Pensé; debe estar en el baño, pero pasaron como media hora y no regresaba.
¿Sera que se aburrió de mí? ¿Dónde habrá ido?
Me senté y me invadió una tristeza, pero al momento me dije:
Este tren está en movimiento, ¿a qué lugar  pude ir ella a donde no pudiese ir yo?
Pues, asegure mis maletas en el compartimiento y le puse el aviso de ocupado al cubículo y me embarque en la aventura de buscar a la joven encantadora…


En el tren…
Capitulo II
La búsqueda
Al estar parado dándole la espalda a mi cubículo, me puse a pensar en que sitio de este largo tren podía empezar a buscar, y lo primero que me vino a la mente fue ir a esperar frente al baño de damas, el cual se encontraba en el vagón siguiente de donde estaba el baño de caballeros. Sin pensarlo me dirigí hacia allá. Como el que no quiere me pare cerca del pasillo de la entrada del baño de damas y ahí veía como pasaban diversas señoras y señoritas en un interminable ir y venir. Al rato se me acercó un guardia del tren y me pregunto qué hacía ahí ya que algunas damas decían que había un hombre en las afueras del baño de damas…
Cayéndoseme la cara de vergüenza por el malentendido que se había generado le explique al guardia mi predicamento: que buscaba una amiga y no la conseguía.
 El guardia fue muy comprensivo y luego de recomendarme que me quitara de ahí para evitar malos entendidos me sugirió que me fuese al final del tren y me viniera de regreso discretamente observando los cubículos sin causar incomodidad y de forma muy amable explicase que estaba buscando a alguien si me llegasen a preguntar.
Y que cuando llegara a la mitad del tren me encontraría con unos vagones donde había pequeños negocios donde vendían recuerdos, luego había otro vagón en donde estaban colgadas algunas obras de arte y después conseguiría otro vagón tipo mirador en donde se podía observar el vasto paisaje. Después de ahí eran solo vagones de pasajeros y personal de servicio del tren. Si no la conseguía por ahí, o su chica se había lanzado del tren o pudiese ser un fantasma o espejismo que había visto por el cansancio y la soledad del viaje. Esto ultimo lo dijo en forma de broma….
Yo me sonreí y le agradecí su amabilidad al ayudarme en esa situación.
Me dirigí hasta el final, en donde estaba el vagón de las maletas y me vine de regreso observando palmo a palmo los cubículos y los asientos, volví a pasar por mi cubículo y lo abrí nuevamente para revisar si por casualidad había regresado.
Pues no, lo único que permanecía era el olor a su perfume…
Y me dije:
¡Los fantasmas y visiones no dejan olor a perfume!
Cerré de nuevo y empiezo la búsqueda otra vez.
Seguí caminado, y caminando y en un momento mi mente racional hizo que me parara en seco y me dijo:
¿Qué estás haciendo? ¿Buscas a una mujer que apenas conoces?
Pero ustedes y yo sabemos que cuando el corazón se impone el cerebro es un órgano más, al que no se le hace caso. Así que seguí buscando. Pase de nuevo por el comedor, pase por los vagones de pasajero y llegue al vagón de las pequeñas tienda. Era un vagón muy largo y tenía diversos aparadores en donde se exhibían recuerdos de todo tipo, relojes de cuerda, maletines de cuero, cristalería, flores y otras cosas más. Cuando iba como a la mitad del vagón sentí la fragancia que me tenía cautivado desde varias horas, observe a mi alrededor y en el pequeño pasillo me acerque a una señora que estaba atendiendo uno de los pequeños negocios, le describí a la bella joven para ver si la había visto pasar por aquí. Y me dijo que hacía diez minutos que se acaba de ir hacía los vagones de arte y pintura.
Me alegre muchísimo, más que el día que publicaron mi primera obra. Acelere el paso y al pasar al siguiente vagón me di cuenta que era la hora del almuerzo ya que una marea de gente venía en sentido contrario dirigiéndose al comedor. Cuando me di cuenta la marea me habia hecho retroceder y estaba de nuevo en la entrada del vagón donde vendían recuerdos, tuve que esperar como 20 minutos que se hicieron eternos para poder proseguir.
Por fin pude avanzar, los vagones siguientes estaban solitarios uno que otro personaje leyendo o dormitando. Cuando logre llegar al vagón del arte me paré en seco, Ahí estaba, como una estatua observando detenidamente un retrato de la galería. Se veía tan hermosa que la contemple por largo rato sin que ella se diera cuenta o así creía yo. Yo estaba extasiado como cuando se mira la luna llena. Ella tenía esa mirada soñadora que enamoraría al más amargado de todos los hombres, ósea a mí….
Cuando junte el valor para acercarme, preocupado en que decirle, no vaya a creer que la estaba acosando, ella camino de forma muy lenta y salió por la puerta contraria hacia los otro vagones en donde estaba el vagón mirador.
Yo acelere de nuevo pero senti curiosidad por la obra que ella estaba mirando. Me detuve en el retrato, y para sorpresa mía era ella misma reflejada en un cuadro, se veía hermosa, tanto como en carne y hueso y por si un hubiese duda estaba su nombre al pie del marco…
Esto es imposible. Un escritor y una artista en un mismo tren… me dije.
La seguí y entré al mirador, y la vi observando de nuevo con sus ojos hermosos, ojos soñadores el vasto y hermoso paisaje.
Trate de acercarme de forma muy discreta pero sin quererla asustarla, cuando estaba como a dos metros, sin voltear ella dijo:
¿Por qué tardaste tanto?
Me quede mudo. Solo atine a balbucear: ¿y cómo sabía que venía?
Su respuesta fue una sonrisa y luego agrego: Cuando entraste al cubículo después de ir al baño, yo también había ido después de ti y al estar regresando te vi entrando al cubiculo y me pregunte:

¿Qué haría este hombre tan agradable si al regresar no me consiguiera?

Así que di la espalda y me fui a caminar un rato a ver que hacias.

¡La muy malvada hizo que la siguiera!

Reímos los dos como dos niños que se ríen de sus travesuras.

Después nos quedamos los dos observando el paisaje en silencio hasta que le pregunte si me permitiría conocerla un poco más.
Su expresión cambio de alegría a cierta sombra de tristeza en su rostro.
Me dijo: mi entrada a tu cubículo no fue casualidad, cuando entraste al terminal a comprar el boleto y a esperar sentado yo estaba frente de ti y no te diste cuenta.
En las tres horas que duramos en el terminal yo te observe, primero porque estaba aburrida, luego por curiosidad. Veía como observabas a tu alrededor con tu rostro duro, como con cicatrices de fracasos, tristezas, heridas abiertas y guerras perdidas y aunque aparentabas que no necesitabas a nadie, tu rostro pedía a gritos a alguien que te apoyara. Eras como si estuvieses roto por dentro y esa herida te carcomía y por eso eras ese personaje que caía mal al principio.
¿Pero sabes que más vi?
Una alegría reprimida.
Vi esperanza, el niño tierno que necesitaba amar y ser amado.
Ella me dejo sin palabras, los ojos se me llenaron de lágrimas.
Y ella me dijo: Llora, llora si quieres llorar y me abrazo tan fuertemente que aun siento sus latidos de su corazón como si fuese el mío propio.
Y ella continúo: vi cuando compraste el boleto, te seguí y me dirigí a tu cubículo para conocerte más.
Eres una gran persona, podemos ser grandes amigos, pero hoy no podría amarte como tu si me pudieses amar…
Lloramos, nos abrazamos. Reímos… compartimos confidencias...
Por primera vez sentía que amaba a alguien con todas mis fuerzas. Y que sentía que no podría vivir sin ella.
Sin darnos cuenta el tiempo paso y el tren toco el silbato y se fue deteniendo lentamente, habíamos llegado al destino de ella.
Le insinué que yo podía hacer arreglos para quedarme y conocerla más.
Pero me dijo que no, y que no pensara mal, no era por que tuviese otra pareja…era algo en su corazón que no podía explicar y por supuesto yo no podía entender y aceptar.
Nos despedimos con un abrazo largo y tendido, con la esperanza que algún día nos volveríamos a encontrar ya sea en este tren o ese pueblo en donde ella habita, inalcanzable y bella.
Me prometí:
De regreso me bajare y la buscare hasta encontrarla…
No me rendiré…

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