En
el tren…
Capítulo I
El
viaje.
…
En cierta ocasión me toco viajar a una ciudad distante como a 12 horas de donde yo resido. Los
motivos de tan repentino viaje los contare en otra oportunidad.
Tenía que elegir entre viajar en mi propio
vehículo en soledad por vastos paisajes, algunos desolados y grises, otros
salpicados con casas de jardines muy llamativos donde los rosales de diversos
colores sobresalían en todo su esplendor.
La
otra opción era ir al terminal y tomar el tren que recorría de forma
serpenteante algunos bosques, colinas y paisajes muy pintorescos.
Luego
de pensarlo bien me decidí por la última opción., viajar en el tren.
Esta
opción pudiese parecer romántica para muchos, pero viajar en este tipo de
trenes de más de 30 años es una experiencia interesante. Primero, no tienen la comodidad
de un vehículo normal, así que, todas las vibraciones son reflejadas en los
asientos y se requiere de cierta resistencia física para soportar esto. A diferencia de lo buses, los trenes por norma general tienen un comedor en donde puedes ir
relajarte, caminar un rato tomarte un
café, chocolate o una bebida alcohólica haciendo del viaje una tortura más placentera.
El
viajar en este tipo de transporte público es una muy buena oportunidad de
conocer la fauna humana. Personas de diversos orígenes, culturas, formas de vestir, idiomas y dialectos diferentes.
Algunas veces para que el viaje no sea tedioso
cada cierto tiempo los pasajeros se cambian de asientos ya sea, porque el
compañero que les toco es aburrido, falto de higiene, usa una colonia demasiado
fuerte o simplemente ya no se tiene que conversar con él compañero de viaje.
Para
la alegría mía, me toco un compartimiento múltiple para 6 personas en donde
estaba yo solo.
Pensé:
Hasta
puedo acostarme de largo a largo y tratar de dormir un poco; engañándome a mí mismo como si se pudiese dormir en un
tren…
Bueno,
ahí estaba regodeándome con el placer de
la soledad cuando a los pocos minutos de haber escuchado el silbato del tren y de empezar a moverse lentamente y acabando
de sacar el libro Crimen y castigo, escucho una voz preguntando si los demás
asientos estaban ocupados o si esperaba a alguien.
Era
una voz muy dulce. Levanto la mirada y era una joven como de 20 tantos años,
muy hermosa, de mirada profunda y de muy buen gusto en su forma de vestir.
El
olor de su perfume impregno el lugar, era como de frutas aunque al momento no
pude precisar cuál era.
Me
agarro desprevenido ya que no es la clase de pasajeros con que uno normalmente
comparte o se consigue en los trenes.
Al
verme dudar me lanzo una sonrisa amigable y me dijo:
Ah
bueno, disculpe asumiendo que mi silencio indicaba que todo el cubiculo estaba ocupado. Y
estando a punto de retirarse le contesté rápidamente que podía sentarse en mi
cubículo ya que no vendría nadie más.
Ella
entro y sentó frente a mí, y comenzó a mirar desinteresadamente por el ventanal
del tren…
Nosotros
los hombres somos muy curiosos por naturaleza, y aunque fingía que estaba
leyendo, no desaprovechaba los brincos, jalones nubes de vapor y silbidos que
son comunes en un tren para poder
observar a esa hermosa mujer.
Era
de piel blanca, cabello castaño claro, esbelta y unos ojos Esmeralda que cuando
te miraban parecía que lo hacían hasta lo más profundo de uno. Tenía puesto un
vestido floreado moteado entre naranja y marrón que acentuaba su hermosa figura.
Me considero una persona reservada, pero cuando
me toca hablar, lo hago, de estrellas, historia, paisajes, animales,
personajes de todo un poco. Aunque reconozco que se me hace difícil romper el
hielo cuando es la primera vez. Y eso me pasaba con ella.
Varias
veces me pasó por la mente sacarle conversación a esta joven tan encantadora, e
inventaba o creaba diversas formas de romper ese hielo pero algo me retenía, no
sabría contarles por qué o la razón.
¿Tal
vez era su porte enigmático? ¿Su presencia inalcanzable? confieso que me tenía fascinado.
Yo estaba tratando de concentrarme en mi libro, cuando ella me
preguntó mi nombre y hacia dónde me dirigía.
Pensé
y en forma de reproche me dije:
Ella
fue más valiente que yo…
Le
di mi nombre y le mencione la ciudad a
la que iba. Ella se presentó, y mencionó el nombre de un pueblo que estaba antes de mi destino.
Ella siguió viendo por el ventanal y yo seguí metido en mi libro. Al rato me preguntó:
Ella siguió viendo por el ventanal y yo seguí metido en mi libro. Al rato me preguntó:
¿Le
gustan los dulces?
Yo,
le conteste que por supuesto que sí, ella saco unos dulces de su bolso y me los
obsequio y me dijo que eran muy deliciosos y que esperaba que los disfrutara…
El
gesto me conmovió profundamente, nunca me habían obsequiado algo por nada, ya
que en la sociedad actual todo es por un pago, nada te lo dan gratis.
Cerré
mi libro y comenzamos a hablar de diversos temas, me hablo de sus padres,
hermanos y amigos, me hablo de su afición a los idiomas extranjeros y las
labores de voluntariado que hacia regularmente.
Yo
le conté parte de mi vida, la cual no mencionare aquí, eso será parte de otra
historia.
Pasaban
las horas, y a pesar de que por lo general los temas se agotan cuando pasas mucho tiempo conversando con alguien. En nuestro caso era diferente, ella y yo mientras más pasaba el tiempo más teníamos de
qué hablar.
Además
de hermosa ella era muy inteligente, y sus argumentos eran muy firmes cuando no
estaba de acuerdo con alguna opinión mía.
Fue
lo que me engancho, esa inteligencia sublime, esa forma de hablar.
Pensé: ¡Por fin había encontrado a la mujer que tanto
busqué!
Ella
se me fue metiendo corazón adentro y yo sin poder evitarlo sentía que ella me
estaba dando el oxígeno que yo estaba necesitando.
No
quería dejarla sola, pero en cierto momento me excuse y pedí permiso para ir al
baño, y por el camino de regreso fui al comedor a comprarle un chocolate como
detalle.
Cuando regrese, el cubículo estaba solo,
impregnado de su encantador perfume.
Pensé;
debe estar en el baño, pero pasaron como media hora y no regresaba.
¿Sera
que se aburrió de mí? ¿Dónde habrá ido?
Me
senté y me invadió una tristeza, pero al momento me dije:
Este
tren está en movimiento, ¿a qué lugar
pude ir ella a donde no pudiese ir yo?
Pues,
asegure mis maletas en el compartimiento y le puse el aviso de ocupado al
cubículo y me embarque en la aventura de buscar a la joven encantadora…
En
el tren…
Capitulo II
La
búsqueda
Al
estar parado dándole la espalda a mi cubículo, me puse a pensar en que sitio de
este largo tren podía empezar a buscar, y lo primero que me vino a la mente fue
ir a esperar frente al baño de damas, el cual se encontraba en el vagón
siguiente de donde estaba el baño de caballeros. Sin pensarlo me dirigí hacia
allá. Como el que no quiere me pare cerca del pasillo de la entrada del baño de
damas y ahí veía como pasaban diversas señoras y señoritas en un interminable
ir y venir. Al rato se me acercó un guardia del tren y me pregunto qué hacía
ahí ya que algunas damas decían que había un hombre en las afueras del baño de damas…
Cayéndoseme
la cara de vergüenza por el malentendido que se había generado le explique al
guardia mi predicamento: que buscaba una amiga y no la conseguía.
El guardia fue muy comprensivo y luego de
recomendarme que me quitara de ahí para evitar malos entendidos me sugirió que
me fuese al final del tren y me viniera de regreso discretamente observando los
cubículos sin causar incomodidad y de forma muy amable explicase que estaba
buscando a alguien si me llegasen a preguntar.
Y
que cuando llegara a la mitad del tren me encontraría con unos vagones donde
había pequeños negocios donde vendían recuerdos, luego había otro vagón en
donde estaban colgadas algunas obras de arte y después conseguiría otro vagón
tipo mirador en donde se podía observar el vasto paisaje. Después de ahí eran
solo vagones de pasajeros y personal de servicio del tren. Si no la conseguía
por ahí, o su chica se había lanzado del tren o pudiese ser un fantasma o espejismo que había visto por el
cansancio y la soledad del viaje. Esto ultimo lo dijo en forma de broma….
Yo
me sonreí y le agradecí su amabilidad al ayudarme en esa situación.
Me
dirigí hasta el final, en donde estaba el vagón de las maletas y me vine de
regreso observando palmo a palmo los cubículos y los asientos, volví a pasar
por mi cubículo y lo abrí nuevamente para revisar si por casualidad había
regresado.
Pues
no, lo único que permanecía era el olor a su perfume…
Y
me dije:
¡Los
fantasmas y visiones no dejan olor a perfume!
Cerré
de nuevo y empiezo la búsqueda otra vez.
Seguí
caminado, y caminando y en un momento mi mente racional hizo que me parara en
seco y me dijo:
¿Qué
estás haciendo? ¿Buscas a una mujer que apenas conoces?
Pero
ustedes y yo sabemos que cuando el corazón se impone el cerebro es un órgano
más, al que no se le hace caso. Así que seguí buscando. Pase de nuevo por el
comedor, pase por los vagones de pasajero y llegue al vagón de las pequeñas
tienda. Era un vagón muy largo y tenía diversos aparadores en donde se exhibían
recuerdos de todo tipo, relojes de cuerda, maletines de cuero, cristalería, flores
y otras cosas más. Cuando iba como a la mitad del vagón sentí la fragancia que
me tenía cautivado desde varias horas, observe a mi alrededor y en el pequeño
pasillo me acerque a una señora que estaba atendiendo uno de los pequeños
negocios, le describí a la bella joven para ver si la había visto pasar por
aquí. Y me dijo que hacía diez minutos que se acaba de ir hacía los vagones de
arte y pintura.
Me
alegre muchísimo, más que el día que publicaron mi primera obra. Acelere el
paso y al pasar al siguiente vagón me di cuenta que era la hora del almuerzo ya
que una marea de gente venía en sentido contrario dirigiéndose al comedor.
Cuando me di cuenta la marea me habia hecho retroceder y estaba de nuevo en la entrada del vagón donde vendían
recuerdos, tuve que esperar como 20 minutos que se hicieron eternos para poder
proseguir.
Por
fin pude avanzar, los vagones siguientes estaban solitarios uno que otro
personaje leyendo o dormitando. Cuando logre llegar al vagón del arte me paré
en seco, Ahí estaba, como una estatua observando detenidamente un retrato de la
galería. Se veía tan hermosa que la contemple por largo rato sin que ella se
diera cuenta o así creía yo. Yo estaba extasiado como cuando se mira la luna llena. Ella tenía esa mirada soñadora que enamoraría al más
amargado de todos los hombres, ósea a mí….
Cuando
junte el valor para acercarme, preocupado en que decirle, no vaya a creer que
la estaba acosando, ella camino de forma muy lenta y salió por la puerta
contraria hacia los otro vagones en donde estaba el vagón mirador.
Yo
acelere de nuevo pero senti curiosidad por la obra que ella estaba mirando. Me detuve en el retrato, y
para sorpresa mía era ella misma reflejada en un cuadro, se veía hermosa, tanto
como en carne y hueso y por si un hubiese duda estaba su nombre al pie del
marco…
Esto
es imposible. Un escritor y una artista en un mismo tren… me dije.
La
seguí y entré al mirador, y la vi observando de nuevo con sus ojos hermosos,
ojos soñadores el vasto y hermoso paisaje.
Trate
de acercarme de forma muy discreta pero sin quererla asustarla, cuando estaba
como a dos metros, sin voltear ella dijo:
¿Por
qué tardaste tanto?
Me
quede mudo. Solo atine a balbucear: ¿y cómo sabía que venía?
Su
respuesta fue una sonrisa y luego agrego: Cuando entraste al cubículo después
de ir al baño, yo también había ido después de ti y al estar regresando te vi entrando al cubiculo y me pregunte:
¿Qué
haría este hombre tan agradable si al regresar no me consiguiera?
Así
que di la espalda y me fui a caminar un rato a ver que hacias.
¡La
muy malvada hizo que la siguiera!
Reímos
los dos como dos niños que se ríen de sus travesuras.
Después
nos quedamos los dos observando el paisaje en silencio hasta que le pregunte si
me permitiría conocerla un poco más.
Su
expresión cambio de alegría a cierta sombra de tristeza en su rostro.
Me
dijo: mi entrada a tu cubículo no fue casualidad, cuando entraste al terminal a
comprar el boleto y a esperar sentado yo estaba frente de ti y no te diste
cuenta.
En
las tres horas que duramos en el terminal yo te observe, primero porque estaba
aburrida, luego por curiosidad. Veía como observabas a tu alrededor con tu
rostro duro, como con cicatrices de fracasos, tristezas, heridas abiertas y
guerras perdidas y aunque aparentabas que no necesitabas a nadie, tu rostro
pedía a gritos a alguien que te apoyara. Eras como si estuvieses roto por
dentro y esa herida te carcomía y por eso eras ese personaje que caía mal al
principio.
¿Pero
sabes que más vi?
Una
alegría reprimida.
Vi
esperanza, el niño tierno que necesitaba amar y ser amado.
Ella
me dejo sin palabras, los ojos se me llenaron de lágrimas.
Y
ella me dijo: Llora, llora si quieres llorar y me abrazo tan fuertemente que
aun siento sus latidos de su corazón como si fuese el mío propio.
Y
ella continúo: vi cuando compraste el boleto, te seguí y me dirigí a tu
cubículo para conocerte más.
Eres
una gran persona, podemos ser grandes amigos, pero hoy no podría amarte como tu
si me pudieses amar…
Lloramos,
nos abrazamos. Reímos… compartimos confidencias...
Por
primera vez sentía que amaba a alguien con todas mis fuerzas. Y que sentía que no podría
vivir sin ella.
Sin
darnos cuenta el tiempo paso y el tren toco el silbato y se fue deteniendo
lentamente, habíamos llegado al destino de ella.
Le
insinué que yo podía hacer arreglos para quedarme y conocerla más.
Pero
me dijo que no, y que no pensara mal, no era por que tuviese otra pareja…era
algo en su corazón que no podía explicar y por supuesto yo no podía entender y
aceptar.
Nos
despedimos con un abrazo largo y tendido, con la esperanza que algún día nos
volveríamos a encontrar ya sea en este tren o ese pueblo en donde ella habita,
inalcanzable y bella.
Me
prometí:
De
regreso me bajare y la buscare hasta encontrarla…
No
me rendiré…
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