martes, 29 de enero de 2019

Romance en el tren. Capitulo XVI De paseo.


Romance en el tren.
Capitulo XVI
De paseo.
… La noche paso volando, realmente ni me di cuenta cuando me dormí, solo recuerdo que me acosté con la carta en mi pecho y cerré los ojos pensando en mi amado. Y ahora los acabo de abrir y estoy en la misma posición con la que me acosté ayer. A pesar de que entraba la luz del día por mi ventana aun no me percataba que la noche y mi sueño pasaron de manera fugaz. Decidí levantarme, e hice lo primero que toda mujer hace al ponerse de pie después de un sueño reparador que es verse en el espejo.
Me vi y mi note que cabello había adoptado una forma deforme por la posición en la que dormí. Parecía que tuviese por la forma del cabello una protuberancia hacia un lado que me hacía ver comiquísima. La piel de mi rostro estaba muy brillante y, además aun mis ojos no se acostumbraban a la luz diurna y los tenía empequeñecidos.
Exclame:
¡Qué horrible me veo!
Realmente me sentía fea.
Me dirigí al baño y comencé peinar mi cabello y lavarme la cara y asearme a nivel general.
Regrese a mi peinadora y me puse a revisar todas las imperfecciones de mi rostro.  Sonara vanidoso de mi parte pero nosotras le damos mucha importancia a la apariencia de nuestro rostro y a pesar que nos digan que estamos hermosas siempre creemos que no lo estamos.
Palmo a palmo comencé a pasar mi mano por mi cara y cuello. Comencé a tocar cada uno de mis lunares superficiales. Como si me los contara para saber si me faltaba alguno. Eso era algo que hacia todas las mañanas. Era una costumbre que había adquirido. Me sentía tonta haciéndolo pero a su vez me reía conmigo misma por hacerlo siempre.
Pero hoy era diferente.
Hoy mis lunares me estaban haciendo recordar  el tren, el cubículo, los olores, su olor, sus manos, sus ojos, sus palabras y su poema.
Me reproche en voz alta:
¡Ya vas a empezar tan temprano!
¡Deberíamos bajar a hacer el desayuno o por lo menos ayudar a hacerlo!
Me reía a mis adentro por esta conversación interna.
Me termine de arreglar y baje a la cocina.
 La misma ya estaba impregnada del olor al café recién colado como decíamos aquí en mi pueblo.
Mi mama al verme me pregunto cómo había pasado la noche. La abrace y le pregunte lo mismo. Luego me ofreció una taza de café y me recordó que mi gran amiga de la infancia vendría para pasear un rato por los alrededores del pueblo.
También me recordó que el día siguiente tendríamos una reunión con la familia del amigo el cual me había encontrado en la plaza.
Le di las gracias por estar pendiente y recordarme.
En ese momento bajo mi padre y mi hermano a desayunar. Ya mi madre tenía adelantada parte de la comida. Así que fui sirviendo y luego nos sentamos a comer en familia.
En mi pueblo era costumbre desayunar una especie de torta plana hecha de maíz.
Este grano o semilla se podía preparar de diversas maneras. Una de ellas era que luego de desgranarlo, se golpeaba con un objeto duro como un mazo de madera, el grano soltaba una concha que se desechaba. Después el grano se lavaba y se coloca a hervir con suficiente agua hasta que se ablandaba. El siguiente paso era triturarlo o molerlo. Se dejaba enfriar y después uno comenzaba a amasarlo y darle una forma redondeada. Se colocaba en una plancha de metal previamente calentada  y se asaba a fuego lento. Esta torta después de estar lista se abría y se le podía rellenar con cualquier cosa como mantequilla, queso, carne preparada, etc.
¡Claro! Existían otras formas de preparar esta delicia.
Mi relleno preferido era queso con mantequilla.
Para ahorrar este proceso en el pueblo existían negocios que se encargaban de procesar el producto y solo uno lo compraba listo para amasarlo y colocarlo en la plancha ahorrándose así todo el proceso ya mencionado.
Esto era una delicia de la zona…
Luego de desayunar me senté un rato a solas para conversar con mi padre.
Él siempre  ha sido muy reservado y no muy explícito en las muestra de cariño. Tal vez porque mis abuelos no eran muy cariñosos tampoco. No es que fuesen malos. Es que la vida en su época fue muy dura. Y no era fácil sobrevivir.
Hablamos de todo un poco. Y como siempre me expreso su negativa  de que yo viviera en la gran ciudad. Me recordaba los peligros, las malas personas, etc.
Realmente me expresaba su preocupación como padre. Y a pesar de que uno muestra cierta rebeldía y hasta incomprensión por su postura. En el fondo uno se alegraba de la preocupación mostrada.
Luego después de sus consejos me tocó el tema del escritor que me había enviado la carta.
Pensé:
¡Seguro que mi mama le pidió que hablara conmigo!
Mi papa pregunto si estaba al tanto sobre lo que decían de él. Y me dijo que tuviese cuidado. Que si la gente habla tanto de alguien pudiese haber algo de verdad en esos cometarios.
Yo no le discutí nada. Solo atine a decirle que entre nosotros solo había una amistad, mas nada.
Él se quedó observándome un rato, y solo procedió a decir: Tenga cuidado que tu boca dice algo pero tus ojos y el color de tu rostro dicen otra cosa…
Yo estaba sonrojada, y con mi piel blanca era muy difícil disimular mis emociones cuando me tocaban este tema.
En ese momento tocaron la puerta principal de la casa.
¡Era mi amiga que había llegado sin saberlo en el momento justo!
Mi amiga de la infancia era como de mi edad pero a pesar que compartíamos muchas ideas y formas de pensar similares; físicamente éramos muy distintas.
Ella era una morena muy hermosa como de mi misma edad, un poco más baja de estatura que yo, de larga cabellera que a veces se lo peinaba hasta el punto de alisarlo completamente y otras veces se lo dejaba encrespado.
Por supuesto que por la rivalidad femenina que existen entre nosotras las mujeres jamas le diria que era bella o hermosa. siempre le decía que estaba bien arreglada y por eso peleábamos sanamente.
Ella solía bromear diciendo que el hombre que se casara con ella tendría dos mujeres; una de cabellos lisos y otra de cabellos crespos…
Al entrar nos saludamos con un abrazo y comenzamos a charlar. Mi papa la saludo y se retiró a sus cosas. No sin antes echarme una mirada inquisidora como recordándome que el tema que estábamos conversando aún no estaba concluido.
Mi amiga sin darse cuenta de nada me bombardeaba con preguntas acerca de mi vida en la gran ciudad, el trabajo, los estudios y los amigos.
Me pidió disculpa por no haberme recibido cuando llegue y el no poder acompañarnos al parque. Ya que el negocio de familia tenía que atenderlo esos días de mi llegada. Pero que hoy estaba aquí para nuestro paseo de siempre como lo hacíamos antes de que me fuera  a la gran ciudad. Agrego que su primita del pueblo vecino quería acompañarnos al  paseo.
Yo le explique que no se preocupara, que la entendía perfectamente y le agradecí que hubiese llegado en el momento justo y que me alegraba que invitar a su prima a acompañarnos.
Su primita que tenía 19 años era muy alta y se había convertido en una bella mujer y en una excelente repostera. Mi amiga me indico que ella era muy reservada pero que no le diera mucha confianza porque abusaría…
Reímos las dos por la broma con respecto a su primita. Y quedamos en salir a buscarla.
Después de charlar un rato. Fuimos a alistar mi bicicleta. Mi papa la había mantenido conservada y en buen funcionamiento.
La bicicleta era de color crema, con una pequeña cesta de mimbre en el manubrio y una pequeña plataforma atrás del asiento como para llevar pequeñas cosas. El manubrio era alto y brillante y en uno de sus puños tenía una especie de sonaja que tintineaba y que se activaba con una pequeña palanca que se podía accionar con el pulgar.
Arreglamos lo que nos íbamos a llevar para merendar y algo de agua para el camino.
Me puse mi sombrero de ala ancha y mis lentes oscuros.
Antes de salir, subí a mi cuarto y agarre la carta con la intención de mostrársela a mi amiga.
De verdad tenía el ansia incontrolable de presumirle y contarle lo que me había pasado en el tren. Además necesitaba contarle a alguien que sabía que no me  juzgaría y que me ayudaría  a ver las cosas de óptica correcta.
¿Y quién mejor que mi  mejor amiga de la infancia?




domingo, 27 de enero de 2019

Romance en el tren. Capítulo XV. El retorno


En el tren.

Capitulo XV

El retorno

…luego de diversos asuntos menores; el resto del día transcurrió de forma lenta sin ningún suceso digno de mención.
El día fue realmente tedioso.
 Me imagino que el ansia de ver a mi bella ojos esmeralda hacia que el reloj, o así lo creía yo, no se moviera y el tiempo estuviese avanzando de manera muy lenta.
A cada momento sacaba el reloj de mi abrigo o me asomaba al balcón a tratar de observar el viejo reloj de la plaza que estaba ubicado en la torre más alta de la iglesia. O aguzaba mi oído para escuchar las campanadas…
A las  3:30 de la tarde, me dirigí al vestíbulo a la espera del taxi. Por fortuna estaba esperándome en la entrada.
El trayecto fue para mí fortuna rápido y corto. Al bajar ya estaba mi editor esperándome con los pasajes en mano.
El terminal estaba un poco desierto ya que este día de la semana no hay mucha afluencia de pasajeros.
Muchos personajes famosos y adinerados como políticos, actores o empresarios preferían viajar este tipo de día, ya que según el pensar de ellos no se expondrían a periodistas o cualquier persona que quisiese molestarlos.
Esto generaba otro tipo de riesgo. Ya que recientemente se supo de trenes que habían sido atacados por bandoleros que acechaban a este tipo de victimas adineradas.
Y que colocaban obstáculos en las vías para frenar el tren o los más avezados abordaban el tren a caballo o en las curvas en donde el tren bajaba la velocidad.
El tren contaba con varios guardias armados, pero en este tipo de trenes tan largos era una tarea casi imposible brindar la seguridad a todos los vagones. Muchas veces los delincuentes subían hacían de las suyas y los guardias ni si quieran  se percataban a no ser que llegaran a la estación y encontraran a las victimas amarradas o hasta asesinadas.
Abordamos el tren de forma rápida y nos encontramos con algunos pasajeros que andaban con uno o más guardaespaldas. Le comente en forma de broma a mi editor:
Creerán que soy un personaje rico y famoso y tú eres mi guardaespaldas.
El me miro y de forma jocosa pregunto:
¿Y porque no creerán mas bien que yo soy el famoso y tú el guardaespaldas?
Nos reímos al unísono.
Luego de pasar algunos vagones con muy pocos pasajeros nos dirigimos al cubículo que teníamos asignados. Nos ubicamos y después de guardar las maletas. Nos acomodamos para iniciar el viaje de seis horas para el pueblo en donde estaba mi bella de ojos esmeralda.
Aproximadamente a las dos horas de iniciar el viaje mi editor me dice: ¿No te provoca una copa de vino con una cena ligera? Deberíamos ir un rato al comedor. Yo asentí con la cabeza.
Pero le dije: ¡Pero sin pasarse copas! No te cargare hasta aquí.
El soltó la carcajada. Y me respondió, voy más por el hambre que por las ganas de beber.
Quizás pensaran que mi editor era un borracho, pero realmente no era así. Él era el tipo de persona que después de varias copas comenzaba a cabecear hasta que se quedaba dormido, así que no llegaba a emborrarse como tal. Más bien la bebida lo relajaba y adormecía. Haciendo que uno tuviese que ayudarlo a trasladarse.
Por supuesto que en situaciones en donde hubieses mujeres hermosas o algo que necesitara que se le prestara atención el hombre no sucumbía fácilmente al vino. Mostraba cierta fortaleza.
Cuando salimos del cubículo notamos dos pasajeros que se acercaban por el pasillo y pasaron de forma muy rápida y descortés a nuestro lado. Uno de ellos me tropezó con algo que escondía en su abrigo. Podría haber sido un arma, un bastón pequeño o una espada.
A seguir caminando por el pasillo baje la velocidad y mi editor que iba atrás de mi choco conmigo ya que el había volteado para ver a donde se dirigían estos pasajeros sospechosos.
No sé porque, sin decirnos palabra alguna y con cierta sensación de peligro mí editor y yo decidimos cambiar nuestra dirección y seguir de forma muy taimada a los hombres. Caminaron tan rápido que cuando entramos al siguiente vagón no los vimos. Pensamos que habían entrado a los cubículos. Así que nos asomamos a cada uno de forma muy discreta. Solo uno estaba ocupado por una pareja de ancianos que charlaban entre ellos y por sus formas de vestir indicaban que eran de bajos recursos. Les pregunte si habían pasado por aquí dos hombres. El señor me respondió que sí. Que se asomaron y los observaron brevemente y luego siguieron su camino.
Nos despedimos de los ancianos y mi editor me comento lo que yo estaban pensando: ¡De seguro son bandidos que están buscando alguna victima!
Nos vimos la cara como diciéndonos: ¡No se metan en eso! ¡Es problema de la guardia del tren!
Pero nos volvimos a ver la cara  y usando ese lenguaje masculino sin palabras; concordamos en seguirle la pista a los bandidos hasta encontrar a un guardia.
Seguimos avanzando por el siguiente vagón, cuando escuchamos un golpe seco y el sonido que hace un cuerpo al caer al suelo. Nos acercamos y nos asomamos en la puerta del cubículo de donde vino el ruido. Ahí estaba un hombre de mediana edad en el suelo con la cabeza ensangrentada y en una esquina una mujer aterrorizada al parecer su esposa. Los hombre cual vil aves de rapiña estaban dándole la espalda a la puerta y sacaban todo tipo de cosas delas maletas de estos infortunados pasajeros. Sin pensarlo mí editor y yo nos abalanzamos sobre los dos delincuentes. Al estar descuidados logramos tumbarlos. Pero uno de ellos se recuperó rápidamente y me dio un golpe que hizo que me callera. Por fortuna estaba cerca de la pared divisoria del cubículo y mi espalda pego contra ella y no caí. El hampón aprovecho el momento y se abalanzo sobre mí, queriendo sacar lo que parecía un arma de su abrigo. Sin pensarlo le aseste un golpe en la quijada con mi mano derecha el tipo intento de nuevo incorporarse y lo volví a golpear esta vez usando todo el peso de mi cuerpo. No volvió a levantarse.
 Mientras yo estaba luchando. Mi editor se había montado sobre el delincuente que había caído para evitar que se pudiese parar. Este delincuente logro sacar un arma de fuego y mi editor logro ponerle su pie sobre la mano evitando que la usara contra nosotros. Aun así logró dispararla y mi editor lo piso con más fuerza hasta el punto que el hombre grito de dolor y dejo de luchar para liberarse ya que se sabía perdido.
Sin darnos cuenta en la puerta se había reunido un grupo de espectadores mayormente personas mayores que viajaban en los otros cubículos. El tiro los había atraído.
A los pocos minutos llegaron tres guardias del tren y apartando a las personas de la puerta preguntaron qué estaba pasando. Le explicamos brevemente lo sucedido y tomaron en custodia a los delincuentes llevándoselos esposados. Un anciano. Al parecer medico se acercó a revisar al hombre con el golpe en la cabeza. La esposa lloraba desconsoladamente al lado de él. A los pocos minutos el hombre reacciono y se sentó. Gracias a Dios que solo había perdido el sentido por el golpe recibido.
La esposa se nos acercó y nos agradeció lo que habíamos hecho por ellos y nos ofreció una recompensa por haberlos salvados. Resultaba ser que el esposo era un alto directivo de una acerería muy prestigiosa del país y estaba viajando por motivos de negocios. La forma de vestir lo delataba como alguien adinerado. Nosotros cortésmente rechazamos su regalo ya que lo que hicimos lo habíamos hecho solo por ayudar al prójimo. Y como caballeros hubiese sido indigno y lo más bajo salvar a alguien por una paga. No éramos ni caza recompensas ni mercenarios.
Después de este suceso que elevo nuestra adrenalina a más no poder salimos del cubículo y al momento un periodista que estaba en el tren nos tomó varias fotos que por el flash nos deslumbro. Decidimos retirarnos rápidamente hacia el comedor entre el grupo de personas que nos daban palmadas en la espalda felicitándonos por el acto heroico. Y expresando lo valientes que habíamos sido al enfrentar a esos dos tipos.
Nosotros estábamos más bien preocupados que nuestro jefe en la editorial se enterara por medio de la prensa que  estábamos regresando de la ciudad en donde se suponía que debíamos estar haciendo un libro.
Llegamos al comedor y duramos un rato sin decir palabra alguna. Hasta que mi editor dijo:
No peleaba desde que tenía 12 años. Fuimos arriesgados. Gracias a Dios pudimos dominarlos.
Yo solo atine a decir. Realmente somos afortunados.
Seguimos sorbiendo nuestras copas de vino en silencio hasta que mi editor dijo en forma de reproche:
¡Espero que valga la pena el viaje!
Solté la risa y le dije:
¡Valdrá la pena! Ya verás.
Lo dije pensando en el color verdoso de los ojos mi bella  dama.


jueves, 24 de enero de 2019

Romance en el tren. Capítulo XIV Dignidad.


Romance en el tren…
Capitulo XIV
Dignidad.
…después de pasar la emoción de la carta de mi gentil caballero del tren. Y antes de acostarme tome una ducha y luego me puse a revisar mis antiguos bocetos desde mis inicios hasta los más avanzados. Algunos me trajeron recuerdos graciosos. Como cuando le hice los ojos demasiado grandes a un retrato de mi hermano mayor. En otra no sabía hacerle la nariz a mi papa. Hubo otro en donde dibuje a mama con las orejas muy desproporcionadas. Me reí bastante por cada dibujo que veía. Luego vinieron los de animales, paisajes y casas antiguas del pueblo que resultaban muy realistas y se podría decir que eran casi exactas, ya que es más fácil hacer formas rectas y cuadradas como son las mayorías de las casas de por aquí.
Pasando viejos dibujos comencé a encontrar retratos de personas que me cambiaron el semblante. Ya no sentía ganas de reír. Es más me reproche de él porque aún conservaba esos retratos…
 Uno de estos era el retrato de mi primer y único prometido. El cual tuve que dejar por su comportamiento infiel, machista y desconsiderado.
¡Parece mentira que aun en esta época existan hombres de esa calaña que quieren  tener a más de una mujer y creer que uno deba aceptarlo sin protestar!
Me dije con molestia:
¡Es increíble que haya hombres que pretendan que uno se quede callado cuando ellos coqueteen  con otras!  ¡O que pretendan maltratar de palabra a uno por el hecho de ser la que se va a casar con ellos!
Cuando por fin logre terminar con él como me rogó que volviera, diciéndome que cambiaría. ¿Cuántas veces prometió lo mismo? ¿Y cuantas veces como una tonta le creí?
Pues este se equivocó conmigo. ¡Ya no más!
Hasta que fui firme y le prohibí acercarse a mi persona y a mi familia.
Mi madre que lo quería y apreciaba mucho se decepciono por su mal comportamiento hasta el punto de guardarle cierto rencor.

Era normal que sintiera eso. ¿Qué madre quiere ver a su hija sufriendo por la mala conducta de su prometido?

La sangre se me agolpaba en las cienes. Mi pecho se aceleró con cierta indignación justificada como si estuviese viviendo de nuevo aquel momento.

Me pare decidida con los retratos en las manos. Baje a la sala, abrí la puerta de la estufa y los tire al fuego.

Me dije mientras los veía arder:

Ya tengo fuerzas de hacer lo que debí hacer hace tiempo. No me dañaras más.

Al retirarme, me pare por momentos en el gran espejo del salón y a momentos percibí en mi rostro una mueca de dolor que poco a poco se transformaba en una mueca de dignidad reflejada por una sonrisa de triunfo sobre el pasado.
Subí de nuevo a mi cuarto y me sentí más ligera. Como si me hubiese quitado un gran peso de encima y hubiese logrado retirar un puñal que tenía por años clavado en el corazón.
Me volví a sentar en mi escritorio y después de revisar otros retratos de menor importancia, encontré el dibujo de la fachada antigua de la gran estación de trenes del pueblo.
Ese dibujo me transporto de nuevo a los brazos del tierno hombre del tren.
Mi pecho volvió a latir con una emoción desenfrenada deseando que esa visión fuese real.
Me dije:
Me conformaría solo con un abrazo...
Levante  la mirada, sonreí a mis adentro con gran satisfacción  y se me ocurrió luna idea. La de retratar a este agradable caballero.
Agarre lápiz, papel, borrador y empecé  a dibujar al hombre que tenía grabado en mi mente.
Recordé las líneas duras y toscas de su cara, su sonrisa vivaz, la forma de sus cejas y pestañas y el bello color ámbar de sus ojos que aún me hacían sonrojar con solo imaginarlo mirándome.
Dure varias horas haciendo el boceto. Retocando cada detalle, borrando errores, corrigiendo líneas, acomodando las dimensiones hasta que al fin había logrado casi en su totalidad el retrato de mi enamorado.
¿Enamorado dije? Me pregunte yo misma extrañada.
Una voz interna me contesto:
Si, tu enamorado.
Volví a reírme yo sola…
Sin darme cuenta ya era más de la media noche. Me levante y decidí a acostarme no sin antes volver a leer la carta.
Me acosté y al cerrar los ojos mis últimos pensamientos fueron el viejo y vetusto tren y su agradable pasajero…


martes, 22 de enero de 2019

Romance en el tren. Capítulo XIII El escape.


En el tren…
Capitulo XIII
El escape.
… me despierta un sonido ronco y profundo que se repite a intervalos, abro mis ojos y aun con sueño me dirijo hacia el origen de esos sonidos que venían  de la sala del cuarto de hotel…
Pues los sonidos extraños eran los ronquidos de mi editor que aún estaba dormido en el sofá. Su posición era extraña y graciosa a la vez, estaba de lado abrazando un cojín de otro mueble y uno de sus pies estaba en el suelo y el otro colgaba del sofá. Vi la hora y me acerque y le di un punta pie a su zapato que aun tenia puesto en el pie que estaba colgando.
Abrió los ojos y me miro de una forma despréciale  y se tapó la cara con el cojín y me dijo:
Espero que me hayas despertado con la noticia de ya has adelantado el libro.
Solté una carcajada y el hombre giro su cuerpo para darle la cara el espaldar del sofá.
Le dije de forma sarcástica que  con la ayuda que me dio  anoche avance bastante en la obra. El hombre respondió solo con un ademan de la mano como diciéndome deja de molestar…
Mi editor era un ser peculiar. Un poco más  joven que yo pero muy hábil en su trabajo. Usaba lentes de pasta gruesa y era de contextura delgada.  Y  además muy profesional en lo que refería la trabajo. No estaba casado pero no ocultaba las ganas de encontrar a la mujer de sus sueños en estos viajes y por eso era el primero que se anotaba para acompañarme en mis viajes de inspiración. Tenía muy buenas ideas para armar frases y mantener el hilo de la trama. Pero reconocía que no habría podio hacer trama alguna ni en un millón de años.
Habíamos desarrollado una muy buena amistad y hasta cierto nivel de confianza para contarnos algunas cosas que solo les contaríamos a amigos de mucha confianza…
Desde que desperté se me había ocurrido una idea con respecto a la joven de ojos esmeralda. Pero necesitaría el apoyo de mi amigo editor para poder realizar ese plan.
Aun parado al lado del sofá le dije: ¡Se me ha ocurrido una idea para lo de la novela!
Él dijo sin voltearse. ¿Otra? ¿Implica pararme de aquí? Pues,  si es así, no cuentes conmigo.
Yo seguí hablando: ¿No crees tú que en vez de hacer una trama que implique la ciudad no deberíamos cambiar de escenario? ¿Tal vez un pueblo un poco más pequeño?
Conozco uno que pudiese ser el marco perfecto para la novela. Agregue de manera ansiosa.
El se voltio de soslayo y me miro con un solo ojo. Y me dijo ¿A qué te refieres? ¿Cuál pueblo?
Entonces le comente de un pueblo que estaba a seis horas de retorno a la gran ciudad en donde los paisajes son muy hermosos y existía un parque monumento en donde hay  esculturas de guerras pasadas y además su gente era muy agradable.
De inmediato me contesto: Mejor no inventemos, estamos muy cómodos aquí en esta ciudad. Todos los servicios, dinero suficiente para darnos la gran vida por lo menos por un mes y toda acosta de la editorial.
Pensé por un momento lo que le iba a responder. Y se me ocurrió lo siguiente:
También sé que ese pueblo sobresale  por la gran cantidad de mujeres solteras y  hermosas que viven ahí.
Y agregue para ver si mordía el anzuelo.
¿Quién quita y tengamos suerte? Y hasta pudieses salir casado de ahí mismo. O por lo mínimo con un compromiso. ¿Te lo imaginas? Bonita historia ¿No te parece?
Hubo silencio que me auguraba que mi comentario fue acertado.
Se giró, se sentó y mirando como hacia el suelo pregunto: ¿Qué hora es?
Son las 9 am. Él se quedó un rato pensando. Se paró, se estiro y dijo:
El tren sale a las 6 pm. Creo que si es muy buena idea ir a buscar otros escenarios. Y es más creo que gastaremos menos dinero en ese pueblo del que me hablas.
Yo, observándolo con una triunfadora le pregunte:
Me apoyas solo porque te dije que hay mujeres hermosas. ¿Verdad?
Se volvió y me miro de soslayo y me dijo: Te apoyo porque siempre has tenidos buenos instintos.
Se levantó, camino de forma perezosa y recogió su abrigo. Se dirigió a la puerta de salida y me dijo:
Voy a cancelar la reservación de este hotel y averiguar sobre el hospedaje en ese pueblo. También hare algunas llamadas para ver si tenemos conocidos por allá. Y mandare a comprar los boletos  
A las 4 nos vemos para ir al terminal.
Abrió la puerta se voltio y me dijo:
En la cara te veo que más por el libro creo que vas por otra cosa.  Y si es lo que me imagino me alegro por ti. Y me pregunto:
¿Quién es XXXXXX? Nombrando  a mi bella de ojos esmeralda.
Quedando frio por la pregunta e imaginándome como pudo saber ese nombre. Y antes que pudiese alegar algo, dijo:
Anoche escuche que la  nombrabas dormido y  decías claramente ese nombre.
Yo atine a reír y preguntar que más escucho.
El contesto: Nada más. Yo solo me voltee porque no me dejabas dormir  y tape mis oídos…
Agrego: No conozco a nadie en nuestro círculo laboral que se llame así. Diciéndolo de forma picara.
Reímos los dos.
Espero que tenga una amiga o hermana para que me la presenten dijo antes de despedirse…
Volvimos a reírnos como cómplices de un lenguaje secreto que solo los hombres  conocían.
Se despidió. Y yo quede satisfecho porque la estrategia había funcionado y pronto podríamos escaparnos al pueblo…
Luego de esto, pedí el desayuno a la recepción. Mientras desayunaba un pan tostado con huevos, queso en rebanadas y un muy buen café con leche estaba pensando en lo que iba a hacer cuando llegase al pueblo. ¿Cómo llegaría a su casa? ¿Cómo sería su familia? ¿Les caería bien? ¿Debería avisarle o llegarle de sorpresa?  Todas estas preguntas revoloteaban sobre mi cabeza. Hasta que mi cerebro las acallo con esta expresión:
 ¡Nunca sabremos las respuestas a esas preguntas si no vamos a ese pueblo!
Y si, en  verdad me dije a mi mismo lo importante en ese momento no era el libro, mi carrera o cualquier otra cosa. Lo importante era llegar para poder ver a mi bella dama blanca de ojos esmeralda…

lunes, 21 de enero de 2019

Romance en el tren Capitulo XII. Preguntas y respuesta.


En el tren…
Capitulo XII
Preguntas y Respuestas.
… subo tratando de disimular mi emoción por la carta recibida. Entro a mi cuarto y cierro la puerta, me siento en mi cama y mi voz interior me dice:
¡Tómalo con calma!
Reí para mí misma y empiezo a romper el sobre de forma acelerada pero me detengo y lo hago de forma más suave para evitar romper el papel que estaba en el interior.
Cuando por fin tengo  la carta en las manos y la desdoblo. Me embarga algunos temores sobre el ilusionarme innecesariamente. Rechazo la idea de inmediato y le doy rienda a mí felicidad y me pongo a leer:
-Apreciada Srta-
 Me es un placer escribirle esta breve nota  a usted para informarle que llegue bien a mi destino y que el viaje después de su ausencia se convirtió en martirio para mí por el hecho de no tenerla en mi cubículo y seguir disfrutando de su inteligente conversación, su bella cara y sus hermosos ojos esmeralda.
En su ausencia me inspire y le escribí esto:
Tengo un mundo mío de grandes desafíos. Siempre evolucionando. Pareciera extraño, pero es inmensamente humano. A donde hay paz  y de vez en cuando sobresaltos. Es extraño lo sé, pero es mío. Pareciera complicado. Quizás hasta difícil de explorarlo y hasta  difícil de vivir. Está lleno de fracasos y triunfos. Pecados y virtudes… No es perfecto, algunas zonas se ven desbastadas, otras se ven misteriosas, pero le puedo asegurar que si ves más allá y te aventuras a entrar encontraras muchas sorpresas…
Debajo de cada piedra, en cada árbol o sendero, hasta en las zonas donde no hay nada veras la vida renaciendo con pequeñas plantas abriéndose paso hacia la vida… encontraras debajo de esos grandes y añejos arboles hermosos florales que simplemente con su bella y humilde presencia te animaras a tomar una… hay zonas altas, muy frías, pero hay cuevas y refugios muy cálidos, donde se reúnen los sentimientos a conversar, a veces hablan cosas locas y sin sentido, y hasta pelean…pero la mayoría de las veces están de acuerdo y solo comparten en silencio… pero es un silencio cálido…agradable…  ahí la están esperando…
Yo estoy esperándote desde mi risco, y aunque vislumbre muy poco de tu mundo, me pareció muy hermoso por cierto y aunque  me has confiado que algunas cosas no te gustan de él, como por ejemplo tu piel que consideras  que no es perfecta como quisieras. Pero para este humilde admirador desde cerca y desde lejos pareciera piel de ángeles, y en donde cada pequeño lunar parecieran hermosas uvas en un vinar floreado… faltaría tiempo para describir las cosas que he visto de tu mundo en tan poco tiempo, pero en resumen son muy hermosas… Sigo de desde mi risco esperando y recordando tu mundo y esperando que las nubes me dejen observarlo otra vez…
Quien la quiere:
XXXXX
PD: LA BUSCARE PRONTO
Dirección: XXXXXXXX.

Estaba increíblemente emocionada. Quería gritarlo a los cuatro vientos. Camine de un lado a otro en  mi cuarto releyendo la carta.
¿Bella cara? ¿Hermoso ojos esmeralda? ¿Piel de ángeles? ¿Lunares como vinar floreado?
¡Hasta se fijó en los lunares de mi cuello!
¿De dónde saco eso? Me decía a mí misma totalmente encantada.
 Me reía como una tonta y me fui con la carta para el baño y pare frente al espejo.
Me mire fijamente a los  ojos y estaban brillando de la emoción. Observe detenidamente mi rostro y pase suavemente mi mano por la cara imaginándome que era la mano del caballero en el tren, palpe cada uno de mis lunares y suspire como adolescente enamorada.
¡Jamás me había sentido así!
Pensé: ¿Debería escribirle? ¿Qué raro que no ha intentado llamar?
Decido bajar y preguntarle a mi familia si yo había recibido alguna llamada en el transcurso del día. En el comedor se quedaron observándome y mi madre me respondió. No sabría decirte ya que no estuvimos en el día en la casa. Después que te fuiste fuimos a visitar a la familia de este muchacho del que hablamos anoche para planear una salida de las dos familias al campo.
Y agrego: Esa carta como que la emociono mucho, estas muy roja…
Yo le conteste para nada mama. Son saludos y nada más…
Mi papa y mi hermano mayor se vieron la cara, y solo atinó a decir el segundo:
¡Ay hermana tú no te sonrojas por simples saludos!
No conteste. Y mi padre pregunto:
 ¿De quién es la carta? Ven siéntate a cenar.
Mi padre aunque es muy reservado es el tipo de persona que cuando pregunta algo hay que respondérselo. Me senté en la mesa y pensé:
¡Menos mal que había dejado la carta en mi habitación!
Comencé a servirme la comida y el volvió a preguntar de quien era la carta. Yo respondí como contestándoles a todos. Es de un amigo que se dirigía a la otra ciudad y me acompaño en el trayecto. Me está diciendo que llego bien y me envía sus saludos.
Mi padre se quedó observándome como queriendo expresar que no estaba conforme con  mi respuesta. Y mi madre para cambiar el tema indicó que la madre y hermana  del muchacho que me pretendía están emocionadas por verme.
Yo fruncí el ceño y solo dije ah ok está bien mientras seguía comiendo. Mi hermano dijo:
¡Igual a la emoción de  la carta!
Le clave la mirada asesina de hermana y seguí comiendo.
Iba a seguir el interrogatorio de parte de mi familia cuando el repique del teléfono cual campana me salvo. Mi padre se levantó y tomo el auricular y me llamo diciendo que era una llamada para mí.
¡Quede petrificada! ¿Sera el del tren? Me pare como en cámara lenta y tome el teléfono y dije hola, ¿Quién me habla?
Para tranquilidad mía, ya que toda mi familia me estaba observando el que me respondió fue   director de la escuela de arte preguntando sobre mi llegada y que cuando regresaría a la gran ciudad.
Me volvió el alma al cuerpo como dicen por aquí.
Hable con mi jefe como por 15 minutos y creo que fue el tiempo suficiente para que mi familia se olvidara del tema y terminaran de comer, dejándome sola en la mesa con mi cena que ya se estaba enfriando. Solo quedo mi mama dándome la espalda y  fregando los platos. Quedamos en silencio un rato y ella me pregunto:
¿Ese amigo tuyo lo conoceremos algún día?
Yo levante la mirada pensando en que responder y solo dije: ¡Claro! En cualquier momento vendrá a visitarnos para conocerlos a ustedes.
Y siguió preguntando: ¿Ese amigo tuyo tiene nombre?
Yo le conteste: Si, se llama XXXXXX.
Ella se quedó pensando, y dijo: Ese nombre me suena.
Es un conocido es el escritor de la gran ciudad.
Mi madre volteo de forma mecánica y me dijo:
¿El escritor del que hablan en la prensa? ¿El que escribió la novela XXXXXX?
Pero, ¿De él no se dice que tiene un pasado misterioso que es de mala vida y mujeriego?
Si, mama ese es. Pero él no es así, la prensa y la gente pueden estar inventando cosas que no son para perjudicarlo en el tren hablamos mucho…
Ella dijo ahhh ok. ¿En el tren? Y cuéntame. ¿De dónde lo conoces?  Pregunto extrañada.
Yo le conteste que en la galería de arte de la gran ciudad se conocen muchos personajes y escritores.
Y que era una persona muy agradable y no eran como decían algunos periódicos.
-Adelantándome a cualquier prejuicio que pudiese tener mama- Cuando lo conozcas veras, le dije de forma cariñosa.
Bueno, esperaremos a ver, diciéndolo de una manera como la que no estaba muy convencida de lo que le estaba comentando.
Luego me levante, la ayude en la cocina y me fui a mi cuarto a releer mi carta.
Esa carta tenía el poder hipnótico o así lo creía yo de transportarme a ese cubículo del vagón del tren. Sentía los olores, sonidos y la sensación más grande que era la de estar sentada y abrazada a ese tierno hombre que no me dejaba dormir y que de a momentos podía sentir sus manos acariciándome el rostro de una manera tierna y especial…
¿Qué estará haciendo? Me preguntaba mientras estaba acostada en mi cama de espalda con su carta apretada a mi pecho…

sábado, 19 de enero de 2019

Romance en el tren Capítulo XI Nostalgias



En el tren.
Capítulo XI
Nostalgias.
Regresamos al hotel y convenimos en llevar una botella de vino y tratar de adelantar el proyecto del libro. Dicen que el licor es el combustible de los escritores.
Por eso es que la mayoría de mis colegas son bebedores compulsivos.
Yo personalmente creo que el combustible para escribir son las desgracias propias o ajenas o cualquier experiencia emocional  alegre o triste. Al plasmarla en letras contamos historias con las que el público lector se siente identificado. Solo agregamos la estructura, los personajes y el ambiente.
Pero se requiere de mucha imaginación, e inspiración para poder unir esos elementos y obviamente alguien borracho no podía hacer tal cosa. Así que la bebida por mi parte era para pasar el rato. No pensando lo mismo mi editor, se trajo como dos botellas más y bebía a cada momento como hombre sediento de agua en un desierto.
Nos pusimos a conversar sobre la temática de la novela. Yo no podía sacarme de la mente la penosa escena del joven rechazado en el bar inglés. Miraba con detenimiento el retrato que él le había hecho a su amada. Aunque se veía un poco burdo la obra se veía prometedora ya que se notaba que en cada línea y rasgo el joven había puesto mucho corazón para diseñarla…
Le conté los pormenores a mi editor y concordamos en parte que ahí estaba la base del nuevo libro. 

Mi editor dijo de manera teatral:

Un joven enamorado que lucha por el amor de una joven hermosa que al final es rechazado.

Quizás deberíamos cambiarle el final, dije yo. A las personas no les gustan los finales tristes; Quieren finales felices.

Dijo mi editor:
Bueno, realmente es así, ya que la mayoría tenemos finales tristes y no queremos recordarlos, y mucho menos leerlos.

Y preguntó:

¿Cuántos finales tristes haz tenido tú?

En la editorial se extraña que a pesar de tu edad y tus circunstancias no te hayas  casado o no se te conoce una pareja. Y créeme varias mujeres de ahí se mueren porque tú las invites a salir.

Luego dijo mi editor de forma picara:

Si tú supieras lo que dice la editora en jefe sobre ti.

E hizo otra pregunta:

¿Por qué no tienes pareja o te has casado?

Reí forzosamente porque era un tema que no me gustaba conversar ya que yo mismo me hacia esa pregunta todas las noches cuando me invadía la nostalgia. Y no quería que nadie se enterara o siquiera viera el abismo de mis miserias emocionales.

Empezó la conversación interna que siempre trato de evitar.

Me invadió el recuerdo de las veces que intente tener una relación formal. Al principio empezaba bien, iba bien y luego terminaba mal. No era que yo terminara la relación o que fuese infiel. Si no que las chicas al parecer perdían el interés. No entendía el porqué. Tal vez era que yo era muy intenso cuando amaba a alguien y las mujeres no están acostumbradas a un hombre romántico que las llene de detalles. Detrás de este rostro duro se escondía alguien que quiere de a poco, despacio, con calma, con precaución. Hasta que se decide a arriesgarse  y quiere solo como sabe hacerlo, intenso con alma, corazón, vida es decir con todo su ser.
Tal vez eso no era suficiente para las mujeres que encontré en mi camino.
O tal vez era demasiado, aún no lo sabía.
O sencillamente no había tenido suerte.
La última vez me tocó ver a la mujer que yo amaba y que había roto la relación casarse con otra persona.
Todo empieza con una lejanía disimulada, un no puedo, evasivas, una negación de la relación, palabras desconsideradas, un ofrecimiento de amistad.
¡Ofrecerle amistad a alguien que te ama es como ofrecerle pan a alguien que está muriendo de sed leí por ahí!
Hasta que llega lo que se venía venir.
Nunca supe si fue por su familia, sus amigos o fue decisión de ella. Lo que si se, es que todo cambio de la noche a la mañana.
¿Sabes lo que se siente cuando la persona que más amas termina la relación o niega que la hubiera?
¿Saben el dolor o sencillamente pueden imaginarse la angustia, tristeza y desolación ver que la mujer que más amas en el mundo y que hiciste todo lo posible para que se quedara acabe con todo como si no valiera nada los esfuerzos y sacrificios que se han hecho y en poco tiempo se case con otra persona?
Y peor aún. ¡Verla casándose con mi mejor amigo!
Te sientes traicionado. Cambias, el corazón muta. Por momentos a la tristeza y por momentos a la rabia y el odio.
Es como si te clavaran un cuchillo en medio del corazón y lo giraran lentamente. Lo sacaran y lo volvieran a meter.
Ya no es lo mismo con ella, ya no hay abrazos, ya no hay conversaciones, no hay visitas, citas o salidas, ya no puede haber regalos o detalles, no hay poemas a quien enviar…
O de ver algo hermoso y pensar en llamar y decirle que la había pensado. Pero despertando a la triste  realidad de que ya no hay a quien llamar…

Cuantas veces me ahogue en llanto sin que nadie se diera cuenta simulando que estaba todo bien…
En mi última relación, el día que todo se terminó  tenía unas flores y chocolates que no tuve tiempo de entregar y que ella jamás vio o siquiera supo de su existencia…

Perdí supuestos amigos, amigas y hasta soporte su desprecio ya que estaban interesadas en que la relación se terminara. Vi sin poder hacer nada como usaron su todo lo que tenían a su alcance  para poder alejarme de ella. Al principio hablándome mal de ella y su familia. Luego hablándole mal a ella sobre mí.
No lograron doblegarme pero al parecer a ella sí. Usaron el poder de su cercanía a ella para lograr su objetivo malvado.
Al parecer no pudo soportar tanta presión para evitar que se quedara conmigo.
Hice incontables cosas para mantener viva la llama, perdí parte de mi dignidad. Solo porque no quería perderle.
Seguía aferrado a una esperanza de que el amor ganaría como escriben algunos de mis colegas en sus novelas rosas.
Pues déjeme decirles que el amor no siempre gana.
Para que pueda ganar se necesita firmeza, decisión, lealtad, valorar a la otra persona. Y eso no sale solo del corazón, sale de la mente.
No la juzgue, no discutí, ni argumente más. Tal vez ella tenía razones que no me quería contar o que no quería decirme.
O sencillamente no me quería y ya. No se puede obligar a nadie a sentir lo que no se siente.
Pero sigue siendo desolador.
Solo la deje ir como ella quería.
Me porte hasta el final como un caballero.
Era su decisión y nada a la fuerza funciona.
Por eso el dicho: ¡Cuando se quiere se puede! Pero cuando no se quiere hasta la piedra más insignificante será excusa para terminar con todo.
Este tipo de situaciones se compara a la agonía de un enfermo que sufre de  hemofilia. Te van amputando extremidades poco a poco a medida que la enfermedad te carcome los miembros. El medico te dice que todo estará bien y el enfermo finge creerle sabiendo lo que pronto le va pasar…
Una muerte de forma muy dolorosa…
Y te sientes solo, muy solo, el ser más abandonado del universo caminando en tinieblas.
Preferiría morirme que volver a experimentar esa terrible experiencia….
No era que ella era mala persona si no como le dije al joven del bar: Sencillamente no se dio cuenta del valor de lo se le estaba ofreciendo.
He hice una de las mejores cosas que se hacer: Desaparecer de la vida de los demás. Es como decía mi viejo profesor de arte:
"Es un ejercicio de dignidad desaparecer de la vida de las personas que no te quieren o aprecian"

En esa ocasión me mude de país y gracias a eso estoy hoy aquí. Jamás supe o quise saber de ella. Me fui amándola aun con todas mis fuerzas.
Ya no hubo llamadas y cesaron las cartas que yo le enviaba con pedazos de corazón en cada letra o poema.
Aunque duela, y si, duele bárbaramente.
Y no era que tenía solo la necesidad de que me amaran. Era la necesidad de dar que todo lo que tenía adentro. Una necesidad reprimida.
Había olvidado él porque estaba solo sin querer estarlo.

Confieso que me siento traumatizado de que eso me vuelva a pasar y reconocía  que me había puesto una armadura para protegerme de ese tipo de situaciones. Y las veces que me la quite sufría de nuevo. Por eso es que quizás me da miedo a enamorarme de nuevo…

O sencillamente la prensa  y los demás tenían razón: Nadie me podrá querer. No era digno o no lo merecía.

Como ser reflexivo me recordaba lo de la pulsera de oro como consuelo, pero en lo más profundo de mí deseaba encontrarme con alguien que la recibiera y quisiera compartir su valor conmigo. Sin importar ni familia ni amigos, defectos o fallas...

Estas relaciones fallidas afectaban terriblemente mi organismo. Los ácidos gástricos destrozaban mis entrañas e impedían que pudiese comer por varios días seguidos y el insomnio era terrible, podía  días sin dormir y sin querer tener contacto con el mundo exterior. Mi desgaste físico en esas situaciones se hacía notar, pues al no poder comer bajaba de peso rápidamente. Generando preguntas incomodas sobre mi salud. Algunos periodistas sin escrúpulos y otras personas llegaban a especular que mi estado físico deteriorado era por mis noches de juergas con mujeres o borracheras extremas y demás.
Pues resultaba ser que mi estado físico era afectado radicalmente por una gran depresión y amargura.
Mis lentes negros disimulaban mi dolor reflejado en los ojos y era extraño que no los cargara puesto en el transcurso del día.
Muchos confundían mi aparente serenidad con indiferencia. ¡Que equivocados estaban!
¡Si me pudieran ver por dentro se horrorizarían!
Es cierto me dije: Los escritores somos seres atormentados.
Era como una maldición. Amar sin poder ser amado. Tremenda desdicha…
Mi médico indicó que si no controlaba con tratamiento mi gastritis crónica podía traer consecuencias muy graves a mi futuro.
Y ahora con estos recuerdos me estaba sucediendo de nuevo, sentía como los jugos gástricos se ensañaban contra las paredes de mi estómago. La sensación quemante iba subiendo hacia mi pecho y garganta.
Tome un gran sorbo de mi copa de vino para ver si se mitigaba la acidez pero fue en vano.
¡Ya recuerdo porque no me gusta este tema! Me reproche mentalmente.
Estos recuerdos me estaban llevando  irremediablemente a tocar fondo. Quise detenerlos pero ya era tarde. Miles de voces y brazos con sus grandes manos fantasmagóricas dentro de mí me comenzaron arrastrar a la oscuridad. Me estaba hundiendo sin escape en mi abismo frío, oscuro y sintiendo como poco a poco me abrumaba la tristeza y angustia.
Cuando de repente. El recuerdo de la bella dama de ojos esmeralda llegó en mi auxilio.
La vi sentada ahí a mi lado en el tren observándome con sus bellos ojos.  Y como en una visión celestial nos vi a los dos en un tierno y largo abrazo en aquel vagón mirador. Ese día yo no tenía los lentes oscuros puestos…
Fue como si me hubiesen agarrado de la mano y me sacaran de ese abismo profundo a un  mundo de luz.
Mi ánimo en segundos cambio. Era como si me hubiesen dado un shock eléctrico y me sentí con la energía de un tren a gran velocidad.
La acidez en mi estómago se aplaco.
La sensación quemante en mi estómago se detuvo.
El recuerdo de ella me había salvado.
Y me dije con cierta emoción incrédula:
Aún hay esperanza…
Por extraña casualidad escuché a lo lejos el silbato del tren de media noche…
No sé cuánto duré hundido en el abismo. Cuando reaccioné me di cuenta que mí editor se había quedado dormido de tanto vino que había tomado…
Me levanté, me dirigí hacia la ventana coloque mis manos en el barandal del balcón y fijé la mirada al horizonte estrellado hacia donde estaba la bella joven de ojos esmeralda que me acababa de salvar…
Me corazón pregunto: ¿Será un final feliz de verdad?
Y le respondí cansado: Hay que dormir, aun no lo sabemos…