Romance en el tren.
Capitulo 25
Preguntas y baile
Pasado
el momento de la llegada de nuestros anfitriones y vuelto a escucharse en el
ambiente la música clásica. Quise proveche para escabullirme por una puerta
hacia uno de los jardines que para sorpresa mía estaba flanqueado por un media
pared dividida por pequeñas columnas que llegaban un poco más arriba de la
cintura y que al arrellanarse a ellas
uno descubría que no era un simple lugar.
Pues
resultaba ser que estaba al borde de un gran caída de miles de metros en donde
a uno se le perdía la mirada en ese vasto territorio que se extendía en la
lejanía. A la derecha se podía observar una gran caída de agua de el risco se perdía
en las alturas y como era de noche no percibía a donde llegaba. A mi izquierda
se observaba la ruta del rió que se formaba por la caída de agua y la misma se perdía
en el bosque y la oscuridad.
En ese lugar soplaba
un viento helado.
Por
breves instantes me llego a la mente los sucesos que hicieron que estuviese en
ese lugar.
La
exigencia de hacer el libro que hizo que viajara. El encuentro con esa bella
joven del tren que hizo que nos devolviéramos a este pueblo y la pelea en la
que nos envolvimos mi editor y yo por proteger a nuestros anfitriones.
Ya
habían pasado varios días y aun no había podido ir al pueblo y contactarme con
la bella joven. Había tratado de comunicarme con ella y no lo había logrado.
Al
parecer el motivo principal de estar aquí no se había logrado. ¿Sera que debo
olvidarme de ella y disfrutar el momento? ¿El hecho de que no me hubiese podido
comunicar con ella no era en si una señal de que dejara esto así?
¿Estaré
aferrándome a una felicidad ilusoria? Porque a decir verdad cuanto duramos
conversando en el tren. ¿Dos horas? ¿Tres, cuatro horas?
Además
ella es muy joven y hermosa. ¿Se adaptaría a mí formar de ser? ¿Me adaptaría yo
a ella?
Si
nos encontrábamos y lográramos algo. De verdad ¿Estaría pensando más en mi
felicidad que en la de ella?
Decidí
parar y con severidad y mi voz interior me reprocho:
¡Ya¡
pareces un personaje trágico de tus novelas.
Respire
hondo. Y volví a la realidad. A la zona de control y concentración que siempre
me había guiado en la vida.
Pero
en esta conversación conmigo mismo mi mente analítica hizo surgir una pregunta
que como buen escritor e investigador me genero mucha suspicacia y no tenía
nada que ver con la bella joven. Tenía que ver con nuestros anfitriones.
¿Qué
hacían una familia tan poderosa y adinerada sola en un vagón del tren en una
madrugada sin ningún tipo de escolta?
Me
iba a poner a pensar en ello cuando la voz de dos jóvenes interrumpió mi
conversación interna.
Era
el hijo de nuestros anfitriones con otro joven que por suporte se veía también
que era de clase alta.
Míster,
lo estaba buscando. Exclamo el joven.
Necesitamos
su ayuda.
¿Recuerda
que usted se comprometió a darnos algunos consejos sobre cómo agradar y
enamorar a una señorita que me gusta mucho?
Y
si no es mucho pedir ella vendrá acompañada de una amiga y mi querido amigo
aquí presente también está interesado en escuchar sus consejos.
Sonreía
a mis adentros. Se veían buenos muchachos aunque un poco tímidos y falta de
experiencia en la vida. Pero no sería extraño los hijos de este tipo de familia
son criados sin relacionarse mucho con las personas
Les
dije: Por supuesto.
Primero.
Sean amables pero no demasiado formales que rayen en lo incomodo.
Traten
de ser naturales. Las mujeres se dan cuenta de los actos ensayados.
Sean
atentos pero no pegostosos. Quiero decir que no necesitan estar encima de ellas
todo el tiempo. Denle su espacio.
Traten
de ser agradables e impredecibles hagan que se diviertan que se sientan
alegres.
No
vayan a decirle de que la aman y que se quieren casar con ellas. Una mujer que
estas cortejando por primera vez escucha eso la espantara.
Tuve
que disimular mi risa cuando uno de los jóvenes le dio un codazo al otro.
Recuerden
que las mujeres son complicadas lo que hoy les gusta mañana puede ser que no.
Uno
de los jóvenes me interrumpió y comenzó a escribir una nota de lo que le estaba
diciendo.
Iba
a decirle algo cuando la puerta del gran salón se abrió. Era el mayordomo que
nos estaba buscando.
Señores:
los amos le piden que se acerquen a la mesa.
Los
jóvenes me dieron un apretón de mano en forma de agradecimiento y les
correspondí con una palmada en la espalda mientras le decía a uno de ellos en
el oído:
¡Lo
harán bien campeón¡
Nos
dirigimos hacia las mesas que estaban en
un extremo del salón. Parecía que había llegado a la fiesta más invitados. El
mayordomo nos llevo a una mesa arreglada regiamente que sobresalía en lujo de
todas las demás y ahí estaban sentados toda la familia principal de la fiesta.
Todos muy bien arreglados y acicalados.
El
jefe del clan andaba traje de blanco y en su chaqueta abotonada tenia algunas
medallas y condecoraciones y por su pecho travesaba una cinta de color que lo
atravesaba desde el hombro izquierdo hasta la cintura en su lado derecho.
La
señora andaba vestida de blanco con diversos arreglos que la hacían ver más
joven y hermosa a pesar de que ya tenía cierta edad.
Me
presentaron a otros miembros de la familia que no conocía. Y sin yo decir
siquiera una palabra la señora indico que su hermana estaba en el tocador y que
pronto volvía y con una señal le indico al mayordomo que nos ubicara en
nuestros puestos.
Me
sentaron al lado de señora de la casa y dejaron un puesto libre. Imagine que
era para su hermana menor. Al lado de su puesto su joven hermano, otro puesto
vacio. Su amigo y otro puesto vacio. El resto de la familia en los puestos
subsiguientes y mi amigo el editor
termino sentado al lado del amo del clan. La mesa era circular y estaba ubicada
de tal manera que pudiese dominar visualmente la mayoría del salón. Incluyendo
la gran escalera que serpenteaba hasta las galerías superiores en donde se
veían parejas y alguno que otro invitado fumando o con una copa en la mano.
¿Vino
o Champagne? Pregunto el mayordomo.
Vino.
Indique.
Mi
editor que ya estaba en la mesa antes que yo ya había bebido varias copas pero
mantenía muy bien la compostura y me indico con una leve seña que todo estaba bajo control.
El
Señor pregunto: ¿qué les parece el ambiente? ¿Están disfrutando?
Conteste:
Por supuestos, nos sentimos honrados el poder disfrutar de su hospitalidad.
Mi
editor agrego:
Y
muy agradecidos a la providencia el habernos conocidos en el momento y lugar
apropiado para poder disfrutar de este momento festivo.
Todos
los que estaban en la mesa sonrieron. Recordando sin hablar por el
desafortunado incidente del tren.
Mi
anfitriona me dio una palmada en mi mano y me dijo en voz baja:
¡Ahí
viene mi hermana¡
Dirigí
instintivamente mi rostro hacia el lugar y no pude evitar sorprenderme por la
belleza que emanaba la hermana. Por un momento olvide los desafortunados encuentros
y careos que tuve con la joven mujer amargada y odiosa que no escondía su desagrado
a mi persona. Un desagrado que no entendía ya que no le había hecho
absolutamente nada.
Volviendo
a ese espejismo andante. En esos breves momentos trate de disimular que la
detallaba a medida que se acercaba.
Cargaba
un moño corto con un pequeño sombrero de lado. Tenía puesto un vestido color
champagne ceñido que revelaba una hermosa figura. Su escote era corto pero le
permitía ver el cuello con una gargantilla color plata brillante. Además tenía
dos pendientes del mismo material y color.
En
su mano derecha cargaba un abanico blanco.
Con
rostro arrogante dirigió su mirada hacia mí y hacia el puesto vacio. Sin
mostrar ningún tipo de gesto se acerco y el mayordomo arrimo la silla para que
ella se sentara a mi lado.
Buenas
noches le salude formalmente y levantándome. Ella dudo pero correspondió
extendiendo la mano y se la bese como se hacía en la época. En esos segundos
percibí el olor a una mezcla de perfumes que si me olfato no me engañaba era un
tipo de perfume manufacturado en Francia. Sin pensarlo exclame. Muy encantador
su perfume francés.
Ello
no dudo en responder con una sonrisa mordaz:
¿No
ha pasado ni un minuto y ya me está olfateando?
Me
dejo sin palabras. Pero antes de que recurriera a una respuesta literaria. El
amo de la fiesta vino en mi auxilio y dijo:
¡Touche¡
Cuñada
déjelo sacar por lo menos su espada para que se pueda defender.
Todos
rieron.
Incluso
ella. Aunque se esforzó para disimularlo.
El
amo exclamo: Bueno Ya estamos todos.
Su
hijo le interrumpió:
¡Papa
nuestras amigas no han llegado¡
El
señor exclamo: ¡Ya llegaran¡
Y
tomando su copa hizo una seña al mayordomo y este se dirigió al director de la
orquesta y empezaron a tocar un vals.
El
amo dijo en voz alta:
¡Ya
pueden bailar¡
Los invitados que estaban en medio del salón
hicieron un círculo grande mientras el amo agarro a su esposa por un brazo y
ella a su vez extendió su otra mano y agarro a su hermana diciendo:
A
bailar jóvenes mirando mi cara risueñamente.
Entendí
el mensaje y le extendí educadamente la mano a la joven que la agarro
dubitativamente. Observe a mi amigo y me hizo una seña de que no me preocupara
por él. Y conociéndolo en cualquier momento lo vería bailando en medio de la
pista con alguna mujer hermosa del salón.
Mientras
esos pasaban vi a los dos jóvenes dirigirse hacia la salida quizás esperando en
la entrada a sus respectivas parejas.
En
cuestiones de segundos había como 50 o más parejas bailando en el gran salón.
Este tipo de vals se baila como en coreografía. Mientras el círculo sea más
grande mas parejas se agregan al baile
formando diversos círculos y se baila de tal manera que cualquiera que esté en
las galeras superiores vería varios círculos internos en donde las parejas
giran sobre si haciendo varios círculos.
Mi
pareja de baile no perdía ningún movimiento del ritmo del vals. Se sujetaba con
fuerza a mi mano derecha y por momentos parecía que ella quería llevarme. Aunque
no me consideraba un gran bailarín mis noches en la gran ciudad me habían
enseñado bastante de cómo moverme con una dama en la pista. De momentos parecía
que ella disfrutaba de esa lucha que estábamos teniendo eso sí, sin perder el
compas de las notas musicales. Ella no me miraba el rostro ni expresaba ningún
tipo de sentimiento en su faz. Yo jugando el mismo juego me mostraba
indiferente en el baile, hasta que en cierto momento ella hizo un movimiento
que si no hubiese sido por la pericia de los dos hubiésemos caído. Obviamente,
lo hizo con toda intensión. Yo sin perder la compostura mientras seguíamos
bailando le susurre al oído:
Si
quiere, además de escritor soy un buen maestro de baile señorita.
Giro
su rostro hacia el mío y con un gesto de seriedad clavo sus hermosos ojos en
los míos.
Después
de unos segundos sosteniéndonos la mirada volvió a retirar su cara de mi y
seguimos bailando mientras las personas nos observaban.
No
se si eran ideas mías pero durante todo el baile me sentía observado por varias
personas.
Pero
a pesar de todo debo confesar que estaba disfrutando el baile…
Mientras
que las afueras.
La
limusina aparcaba suavemente y el chofer nos abrió la puerta. Al bajarnos y
dirigirnos hacia el salón observamos a nuestras parejas esperándonos en la
puerta.
Nos
vimos la cara y suspiramos como diciéndonos:
¡Esperemos
que no estén muy intensos¡
Mi
hermano aun se acomodaba el chaleco y corbatín. Yo le dije:
Tranquilo
estás muy guapo.
Llegamos
a la puerta y el hijo del amo pregunto disimulando su molestia el porqué
llegábamos tarde.
El
chofer respondió y dijo:
Disculpe
amo. No fue culpa de ellas. Fue mi culpa. Perdóneme.
Sin
responder, se calmo y le dijo: tranquilo no hay problema. Y dirigiéndose a
nosotras después de saludar a mi hermano
dijo:
¡Vamos,
que el baile ya empezó!
Las
dos grandes puertas flanqueadas por los dos delfines esculpidos en mármol se
abrieron de par en par mientras nuestras parejas nos llevaban de la mano. Hacia
el salón inundado de invitados, música y una luz radiante.
Mi
amiga exclamo: ¡Esta precioso el salón!
Pensé
a mis adentros está muy bonito tratare de disfrutar la fiesta.
A
cierta distancia veía como un círculo de numerosas parejas invitados bailaba un
vals…