En
el tren.
Capítulo
XI
Nostalgias.
Regresamos
al hotel y convenimos en llevar una botella de vino y tratar de adelantar el
proyecto del libro. Dicen que el licor es el combustible de los escritores.
Por
eso es que la mayoría de mis colegas son bebedores compulsivos.
Yo
personalmente creo que el combustible para escribir son las desgracias propias
o ajenas o cualquier experiencia emocional
alegre o triste. Al plasmarla en letras contamos historias con las que
el público lector se siente identificado. Solo agregamos la estructura, los
personajes y el ambiente.
Pero
se requiere de mucha imaginación, e inspiración para poder unir esos elementos
y obviamente alguien borracho no podía hacer tal cosa. Así que la bebida por mi
parte era para pasar el rato. No pensando lo mismo mi editor, se trajo como dos
botellas más y bebía a cada momento como hombre sediento de agua en un
desierto.
Nos
pusimos a conversar sobre la temática de la novela. Yo no podía sacarme de la
mente la penosa escena del joven rechazado en el bar inglés. Miraba con
detenimiento el retrato que él le había hecho a su amada. Aunque se veía un
poco burdo la obra se veía prometedora ya que se notaba que en cada línea y
rasgo el joven había puesto mucho corazón para diseñarla…
Le
conté los pormenores a mi editor y concordamos en parte que ahí estaba la base
del nuevo libro.
Mi editor dijo de manera teatral:
Mi editor dijo de manera teatral:
Un
joven enamorado que lucha por el amor de una joven hermosa que al final es
rechazado.
Quizás
deberíamos cambiarle el final, dije yo. A las personas no les gustan los
finales tristes; Quieren finales felices.
Dijo mi editor:
Bueno, realmente es así, ya que la mayoría tenemos finales tristes y no queremos recordarlos, y mucho menos leerlos.
Dijo mi editor:
Bueno, realmente es así, ya que la mayoría tenemos finales tristes y no queremos recordarlos, y mucho menos leerlos.
Y
preguntó:
¿Cuántos finales tristes haz tenido tú?
En
la editorial se extraña que a pesar de tu edad y tus circunstancias no te
hayas casado o no se te conoce una
pareja. Y créeme varias mujeres de ahí se mueren porque tú las invites a salir.
Luego
dijo mi editor de forma picara:
Si
tú supieras lo que dice la editora en jefe sobre ti.
E hizo otra pregunta:
¿Por
qué no tienes pareja o te has casado?
Reí
forzosamente porque era un tema que no me gustaba conversar ya que yo mismo me
hacia esa pregunta todas las noches cuando me invadía la nostalgia. Y no quería
que nadie se enterara o siquiera viera el abismo de mis miserias emocionales.
Empezó
la conversación interna que siempre trato de evitar.
Me
invadió el recuerdo de las veces que intente tener una relación formal. Al
principio empezaba bien, iba bien y
luego terminaba mal. No era que yo terminara la relación o que fuese infiel. Si
no que las chicas al parecer perdían el interés. No entendía el porqué. Tal vez
era que yo era muy intenso cuando amaba a alguien y las mujeres no están
acostumbradas a un hombre romántico que las llene de detalles. Detrás de este
rostro duro se escondía alguien que quiere de a poco, despacio, con calma, con
precaución. Hasta que se decide a arriesgarse
y quiere solo como sabe hacerlo, intenso con alma, corazón, vida es
decir con todo su ser.
Tal
vez eso no era suficiente para las mujeres que encontré en mi camino.
O
tal vez era demasiado, aún no lo sabía.
O
sencillamente no había tenido suerte.
La
última vez me tocó ver a la mujer que yo amaba y que había roto la relación
casarse con otra persona.
Todo
empieza con una lejanía disimulada, un no puedo, evasivas, una negación de la
relación, palabras desconsideradas, un ofrecimiento de amistad.
¡Ofrecerle
amistad a alguien que te ama es como ofrecerle pan a alguien que está muriendo
de sed leí por ahí!
Hasta
que llega lo que se venía venir.
Nunca
supe si fue por su familia, sus amigos o fue decisión de ella. Lo que si se, es
que todo cambio de la noche a la mañana.
¿Sabes
lo que se siente cuando la persona que más amas termina la relación o niega que
la hubiera?
¿Saben
el dolor o sencillamente pueden imaginarse la angustia, tristeza y desolación
ver que la mujer que más amas en el mundo y que hiciste todo lo posible para
que se quedara acabe con todo como si no valiera nada los esfuerzos y
sacrificios que se han hecho y en poco tiempo se case con otra persona?
Y
peor aún. ¡Verla casándose con mi mejor amigo!
Te
sientes traicionado. Cambias, el corazón muta. Por momentos a la tristeza y por
momentos a la rabia y el odio.
Es
como si te clavaran un cuchillo en medio del corazón y lo giraran lentamente.
Lo sacaran y lo volvieran a meter.
Ya
no es lo mismo con ella, ya no hay abrazos, ya no hay conversaciones, no hay
visitas, citas o salidas, ya no puede haber regalos o detalles, no hay poemas a
quien enviar…
O
de ver algo hermoso y pensar en llamar y decirle que la había pensado. Pero
despertando a la triste realidad de que ya no hay a quien llamar…
Cuantas veces me ahogue en llanto sin que nadie se diera cuenta simulando que estaba todo bien…
En
mi última relación, el día que todo se terminó
tenía unas flores y chocolates que no tuve tiempo de entregar y que ella
jamás vio o siquiera supo de su existencia…
Perdí supuestos amigos, amigas y hasta soporte su desprecio ya que estaban interesadas en que la relación se terminara. Vi sin poder hacer nada como usaron su todo lo que tenían a su alcance para poder alejarme de ella. Al principio hablándome mal de ella y su familia. Luego hablándole mal a ella sobre mí.
No
lograron doblegarme pero al parecer a ella sí. Usaron el poder de su cercanía a
ella para lograr su objetivo malvado.
Al
parecer no pudo soportar tanta presión para evitar que se quedara conmigo.
Hice
incontables cosas para mantener viva la llama, perdí parte de mi dignidad. Solo
porque no quería perderle.
Seguía
aferrado a una esperanza de que el amor ganaría como escriben algunos de mis
colegas en sus novelas rosas.
Pues
déjeme decirles que el amor no siempre gana.
Para
que pueda ganar se necesita firmeza, decisión, lealtad, valorar a la otra
persona. Y eso no sale solo del corazón, sale de la mente.
No
la juzgue, no discutí, ni argumente más. Tal vez ella tenía razones que no me
quería contar o que no quería decirme.
O
sencillamente no me quería y ya. No se puede obligar a nadie a sentir lo que no
se siente.
Pero
sigue siendo desolador.
Solo
la deje ir como ella quería.
Me
porte hasta el final como un caballero.
Era
su decisión y nada a la fuerza funciona.
Por
eso el dicho: ¡Cuando se quiere se puede! Pero cuando no se quiere hasta la
piedra más insignificante será excusa para terminar con todo.
Este
tipo de situaciones se compara a la agonía de un enfermo que sufre de hemofilia. Te van amputando extremidades poco
a poco a medida que la enfermedad te carcome los miembros. El medico te dice
que todo estará bien y el enfermo finge creerle sabiendo lo que pronto le va
pasar…
Una
muerte de forma muy dolorosa…
Y
te sientes solo, muy solo, el ser más abandonado del universo caminando en
tinieblas.
Preferiría
morirme que volver a experimentar esa terrible experiencia….
No
era que ella era mala persona si no como le dije al joven del bar:
Sencillamente no se dio cuenta del valor de lo se le estaba ofreciendo.
He
hice una de las mejores cosas que se hacer: Desaparecer de la vida de los
demás. Es como decía mi viejo profesor de arte:
"Es
un ejercicio de dignidad desaparecer de la vida de las personas que no te
quieren o aprecian"
En
esa ocasión me mude de país y gracias a eso estoy hoy aquí. Jamás supe o quise
saber de ella. Me fui amándola aun con todas mis fuerzas.
Ya
no hubo llamadas y cesaron las cartas que yo le enviaba con pedazos de corazón
en cada letra o poema.
Aunque
duela, y si, duele bárbaramente.
Y
no era que tenía solo la necesidad de que me amaran. Era la necesidad de dar
que todo lo que tenía adentro. Una necesidad reprimida.
Había
olvidado él porque estaba solo sin querer estarlo.
Confieso
que me siento traumatizado de que eso me vuelva a pasar y reconocía que me había puesto una armadura para
protegerme de ese tipo de situaciones. Y las veces que me la quite sufría de
nuevo. Por eso es que quizás me da miedo a enamorarme de nuevo…
O sencillamente la prensa y los demás tenían razón: Nadie me podrá querer. No era digno o no lo merecía.
Como ser reflexivo me recordaba lo de la pulsera de oro como consuelo, pero en lo más profundo de mí deseaba encontrarme con alguien que la recibiera y quisiera compartir su valor conmigo. Sin importar ni familia ni amigos, defectos o fallas...
Estas
relaciones fallidas afectaban terriblemente mi organismo. Los ácidos gástricos
destrozaban mis entrañas e impedían que pudiese comer por varios días seguidos
y el insomnio era terrible, podía días
sin dormir y sin querer tener contacto con el mundo exterior. Mi desgaste
físico en esas situaciones se hacía notar, pues al no poder comer bajaba de
peso rápidamente. Generando preguntas incomodas sobre mi salud. Algunos
periodistas sin escrúpulos y otras personas llegaban a especular que mi estado
físico deteriorado era por mis noches de juergas con mujeres o borracheras
extremas y demás.
Pues
resultaba ser que mi estado físico era afectado radicalmente por una gran
depresión y amargura.
Mis
lentes negros disimulaban mi dolor reflejado en los ojos y era extraño que no
los cargara puesto en el transcurso del día.
Muchos
confundían mi aparente serenidad con indiferencia. ¡Que equivocados estaban!
¡Si
me pudieran ver por dentro se horrorizarían!
Es
cierto me dije: Los escritores somos seres atormentados.
Era
como una maldición. Amar sin poder ser amado. Tremenda desdicha…
Mi
médico indicó que si no controlaba con tratamiento mi gastritis crónica podía
traer consecuencias muy graves a mi futuro.
Y
ahora con estos recuerdos me estaba sucediendo de nuevo, sentía como los jugos
gástricos se ensañaban contra las paredes de mi estómago. La sensación quemante
iba subiendo hacia mi pecho y garganta.
Tome
un gran sorbo de mi copa de vino para ver si se mitigaba la acidez pero fue en
vano.
¡Ya
recuerdo porque no me gusta este tema! Me reproche mentalmente.
Estos
recuerdos me estaban llevando
irremediablemente a tocar fondo. Quise detenerlos pero ya era tarde.
Miles de voces y brazos con sus grandes manos fantasmagóricas dentro de mí me
comenzaron arrastrar a la oscuridad. Me estaba hundiendo sin escape en mi abismo
frío, oscuro y sintiendo como poco a poco me abrumaba la tristeza y angustia.
Cuando
de repente. El recuerdo de la bella dama de ojos esmeralda llegó en mi auxilio.
La
vi sentada ahí a mi lado en el tren observándome con sus bellos ojos. Y como en una visión celestial nos vi a los
dos en un tierno y largo abrazo en aquel vagón mirador. Ese día yo no tenía los
lentes oscuros puestos…
Fue
como si me hubiesen agarrado de la mano y me sacaran de ese abismo profundo a
un mundo de luz.
Mi
ánimo en segundos cambio. Era como si me hubiesen dado un shock eléctrico y me
sentí con la energía de un tren a gran velocidad.
La
acidez en mi estómago se aplaco.
La
sensación quemante en mi estómago se detuvo.
El
recuerdo de ella me había salvado.
Y
me dije con cierta emoción incrédula:
Aún
hay esperanza…
Por
extraña casualidad escuché a lo lejos el silbato del tren de media noche…
No
sé cuánto duré hundido en el abismo. Cuando reaccioné me di cuenta que mí
editor se había quedado dormido de tanto vino que había tomado…
Me
levanté, me dirigí hacia la ventana coloque mis manos en el barandal del balcón
y fijé la mirada al horizonte estrellado hacia donde estaba la bella joven de
ojos esmeralda que me acababa de salvar…
Me
corazón pregunto: ¿Será un final feliz de verdad?
Y
le respondí cansado: Hay que dormir, aun no lo sabemos…
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