Romance
en el tren.
Capitulo
XXI
Explorando.
…Luego
de pasar un rato en el gran balcón mi amigo el editor y yo decidimos
embarcarnos en la aventura de caminar y explorar la gran mansión.
Si
desde afuera parecía inmensa desde adentro parecía interminable. Pasillos, puertas,
salones y más puertas y más salones.
Le comente a mi editor en forma de broma:
Le comente a mi editor en forma de broma:
No
me gustaría necesitar un baño de urgencia en este lugar. Ya que ni siquiera
recuerdo el camino para regresar a mi habitación.
Reímos
en conjunto. La inmensidad era tal que nuestra risa y conversación generaba un
eco que a momentos era perturbador.
No
me considero una persona supersticiosa. Creo firmemente que todo tiene una explicación
lógica y razonable. Pero no me sorprendería escuchar que por el gran tamaño de
este palacio y la soledad que reina en el lugar los criados y hasta los mismos
dueños creyeran en fantasmas…
Había
un lugar que estaba buscando en particular y mi editor sabia cual era.
Si, estábamos buscando la biblioteca. Nos imaginamos que sería muy grande y estaría llena de libros. Después de andar por varios minutos que nos parecieron interminables y de abrir un sinfín de puertas logramos encontrarla.
Si, estábamos buscando la biblioteca. Nos imaginamos que sería muy grande y estaría llena de libros. Después de andar por varios minutos que nos parecieron interminables y de abrir un sinfín de puertas logramos encontrarla.
Al
entrar quedamos pasmados. Parecía una biblioteca de una gran ciudad europea. La
interminable cantidad de libros estaba organizada en bibliotecas de madera que
llegaban hasta el techo. El salón estaba dividido en secciones y cada área contaba con escaleras que se deslizaban de punta a punta para poder
llegar a cualquier libro.
Además,
en cada sección había una zona de lectura con muebles, poltronas y escritorios
con lámparas antiguas.
Fuimos
caminando y en lo que parecía la zona administrativa estaba un libro muy grande
que describía los tipos de libros que estaban en cada zona.
Me
fui directamente a buscar la sección de romance, novelas y poesía.
La
ubique rápidamente y mi editor y yo nos dirigimos a buscar no solo los libros
del cual soy autor si no también los
libros de nuestra casa editorial.
Y
en efecto, estaban casi todos los libros a excepción de los que yo había escrito.
Me quede extrañado. Pero mi editor despejo rápidamente las dudas ya que mis
libros estaban en la mesa de lectura. Eso quería decir que alguien los esta o
estaba leyendo recientemente.
Me
alegre ya que el que alguien te lea te hace sentir que tu trabajo valga la
pena. Pero mi felicidad duro poco. Al lado de los libros estaban unos periódicos.
Sin verlos siquiera pensé:
Si
están al lado de mis libros es porque debe haber alguna reseña o articulo de mí
y mis novelas.
Y
en efecto, al revisar los periódicos había referencias a mi novela y a mi
persona. Y como siempre se hablaba muy bien de las novelas pero no del escritor.
Como
hacia unas semanas que no se me veía en la gran ciudad. Uno de los periodistas
sin escrúpulos escribió:
“Hace tiempo que no se sabe de el escritor misterioso.
¿Estará de juerga
seduciendo jovencitas incautas?
¿Estará sumido en
el bajo mundo de los vicios como la mayoría de los escritores?
Solo el tiempo lo
dirá…
Lo
demás era una gran cantidad de sandeces que ni siquiera voy a mencionar.
Más
de lo mismo me dije y tire bruscamente el periódico en el escritorio. Mi editor
dándose cuenta de mi molestia me dijo:
Cálmate, ya deberías estar acostumbrado. Lo importante aquí es lo que tú creas de ti mismo.
Cálmate, ya deberías estar acostumbrado. Lo importante aquí es lo que tú creas de ti mismo.
Respire
hondo y le dije es verdad, pero igual sigue molestando que te dañen la reputación
seres como estos que solo por querer brillar le lanzan lodo a los demás.
Luego
de unos minutos revisando los libros. Me asalto una duda y la exprese en voz
alta para que escuchara mi editor:
¿Qué
raro que la señora de la casa no hizo ninguna referencia a estas críticas de
los diarios?
Mi
editor respondió: Yo me estaba haciendo la misma pregunta.
Una
voz femenina que nos asusto porque creíamos que estábamos solo respondió de
otra sección de la biblioteca:
¡Porque
también de nosotros se escribe y se habla cosas que no son ciertas y esos nos
ha enseñado que no hay que creerle a la prensa!
Nos
quedamos petrificados.
Yo
me dirigí con cautela al lugar del origen de la voz diciendo:
¿Con
quién tenemos el gusto?
Al
llegar a esa parte de la biblioteca nos encontramos con una mesa larga con
varias lámparas y varias poltronas y en una de ellas estaba sentada una mujer
muy hermosa como de 30 años o más, su cabello era negro azabache y lo tenía arreglado
bajo un sombrero de tal forma que resaltaba su cara y su cuello.
Era
de piel clara mas no blanca. Su nariz perfilada estaba coronado por dos ojos
color miel. Tenía un vestido blanco con encajes ceñido a su cuerpo muy bien
formado y un escote muy conservador que aun así resaltaba sus atributos. En sus
manos tenía un libro del cual no pude identificar.
La
mujer se levanto de forma lenta mientras yo me acercaba y extendió su mano y se
presento como la hermana menor de la señora de la casa. Yo la salude con una
pequeña reverencia y cuando le iba a decir mi nombre me interrumpió y dijo:
¡Usted
es míster XXXXXX el escritor!
La
forma como hablaba me intimido a momentos. Pero rápidamente recupere la
compostura y dije mientras mi editor me llegaba por la espalda:
Veo
que soy muy conocido en esta casa. ¿Conoce a mi editor?
Ella
respondió que no y le extendió la mano para saludarlo.
Ella
volvió contra mí y me dijo:
He
leído sus libros y déjeme decirle que me parecen aburridos. Una que otra idea
tal vez interesante pero nada del otro mundo.
Esto
lo dijo mientras caminaba y me daba la espalda para sentarse de nuevo en su
poltrona y agarrar el libro que estaba leyendo.
Agrego:
Mi hermana es la que se derrite por sus novelas, yo soy más de tipo analítico.
Mi hermana es la que se derrite por sus novelas, yo soy más de tipo analítico.
Le
respondí: bueno, le agradezco su opinión, pero en mi defensa no obligo a nadie
que lea mis libros. El que lo hace asume las consecuencias de su decisión.
La
señorita levanto su cara del libro y me clavo su mirada, su boca reflejo una sonrisa
de esas como de preparación del combate. Frunció el ceño y me expecto:
Sí,
eso pasa como cuando compras un dulce, nadie te obligo a comprarlo pero es
decepcionante cuando uno lo prueba y no es lo que uno creía…
Ahora
fui yo el que sonrió y frunció el ceño y le dije:
¡Dulce es dulce! ¡A Veces es que la boca esta amarga señorita!
¡Dulce es dulce! ¡A Veces es que la boca esta amarga señorita!
Ella
se arrelleno en su poltrona y estaba a punto de responderme cuando mi editor
dijo:
Discúlpenos
señorita pero tenemos un compromiso que cumplir.
Prácticamente
mi editor me agarro por el brazo y me alejo de ahí.
Mientras
me retiraba le dije:
¡Fue
un gran placer señorita! ¡Es agradable conversar con personas que me han leído!
Cuando lo desee le puedo firmar el libro como autografo.
La
señorita se puso colorada, evidentemente entendió mi sarcasmo.
Pero
ya nos estábamos retirando y no le dimos tiempo de responder.
Mi
editor me reprocho: ¿Vas a pelear con la hermana de la dueña de la mansión? ¿Te
volviste loco?
No
le preste atención a mi editor, debo reconocer que me gusto el enfrentamiento
que tuve con la señorita y tenía la leve sospecha que a ella también le gusto el
encuentro.
Pensé:
Creo que nos volveremos a encontrar..
Mi
editor me dijo mejor vayámonos a los jardines no vaya a hacer que nos consigamos
otro familiar que te haya leído y no te
quiera y tu por no aguantarte seas el culpable de que nos corran.
Cuando
íbamos por el pasillo nos encontramos con la servidumbre llevando barriles,
comida y diversas cosas para la fiesta del día de mañana.