En
el tren…
Capítulo III
EL
Perfume.
El
silbato del tren me hiere en lo más hondo mientras siento el lento movimiento de la partida. En el andén está despidiéndose
con un movimiento suave de su mano la mujer que en pocas horas me hizo ver el
mundo o mejor dicho ver mi mundo oscuro de una forma que jamás había visto o
sentido. No era que nunca me hubiese enamorado o ilusionado con amores de mostrador,
pasarelas, reuniones familiares o vacaciones en el sur.
Esto
era más sublime, etéreo. No era deseo, era una necesidad de estar en su
compañía, abrazarla, sentir los latidos de su pecho y el toque de su mano o
escuchar su voz.
Confieso
que era la primera vez que tenía esos sentimientos y sentía que estaba
perdiendo por momentos el control de mí mismo. Varias veces me pasó por la
mente lanzarme del tren y salir corriendo a abrazarla como un adolescente, pero
mi mente racional tomaba el control y me decía firmemente:
¡No lo hagas!
Confieso
también que tuve que esforzarme por hacerle caso…
Me
fui trasladando a medida que el tren se alejaba hacia la parte de atrás del último
vagón hasta que la estación desapareció en el horizonte, sentí un gran nudo en
la garganta y me dio por llorar como jamás lo había hecho… y llore, tal vez por
todo lo que había pasado en mi vida, todo lo acumulado… pero más por ella…
Pensé
que mi cerebro me recriminaría tanto llanto, pero note que el también estaba
dudando sobre la decisión de haberla dejado ir o el no haberme quedado…
Dure
como media hora en ese lugar aletargado hasta que el frio de la noche me obligo
a entrar.
Me
dirigí cabizbajo a mi cubículo, soñando despierto, deseando que al abrirlo ella
estuviese esperando allí con sus hermosos ojos esmeraldas y su encantadora
conversación. Al abrirlo solo encontré oscuridad y silencio, pero aun persistía
el aroma de su perfume que me embriagaba y transportaba a su infinita
presencia…
Encendí la luz me arrellene en mi asiento y me sentí terriblemente solo.
No sé cuánto tiempo paso, hasta que me despertó unos toques en la puerta del cubículo, por un momento olvide que ella ya no estaba en el tren y me pare tan rápido que resbale y me caí de la silla, recupere la postura de forma inmediata y dije:
Adelante.
Era
un camarero con una nota y un refrigerio nocturno.
Me
pregunto mi nombre y me dijo que tenía instrucciones de darme ese sobre a esa
hora.
Extrañado.
Le pregunte quien lo había enviado y me indico que no sabía. Que en el departamento
de servicio dejaron instrucciones muy claras para entregarme dicho sobre y que
él era solo un camarero obedeciendo órdenes. Le agradecí su servicio le
entregue su propina y me senté a revisar con curiosidad el sobre. Al abrirlo lo
primero que saque fueron las reseñas de varios diarios en donde en algunos
artículo se hablaba de mi carrera como. Eran artículos donde se
describia mi genio como escritor y de algunas opiniones de mis éxitos. Pero también se hablaba de lo
supuestamente amargado y huraño que era, además de lo solitario y de ser una
persona de pocos amigos y que de poco se sabe. Que quien sabrá los oscuros
secretos de ese escritor…
Yo
estaba acostumbrado a ese tipo de críticas y comentarios malsanos de la prensa.
Obviamente
eran infundados ya que ellos no me conocían realmente. Pero la prensa para vender son capaces de hablar mal hasta de su propia madre. Me dije yo mismo.
Lo
que si me indigno fue que mencionaran que no se me conocía pareja y tal vez era
porque tal vez es tan mala persona que nadie me había podido querer.
¡Explote
en indignación!
Estos periodistas inmorales…
¡Provoca
ahorcarlos por entrometidos en la vida ajena de los demás!
Respire
hondo y seguí revisando el sobre. Cual es mi sorpresa cuando saque una pequeña
nota en donde estaba escrito:
Mi agradable caballero, cuando leas esto yo ya no estaré en el tren. Debo confesarte que mi encuentro contigo en el terminal no era la primera vez que te veía, he leído mucho sobre ti. Mientras más leía más curiosidad sentía. Para mí fue una sorpresa encontrarte por casualidad en el terminal y más sorpresa fue cuando pregunté al vendedor de ticket sobre tu destino y me indico que ibas a tomar el mismo tren que yo.
Así que creo que nada de esto ha sido casual...
Adjunto
una dirección y un número telefónico para que hablemos cuando regreses de tu
viaje.
Con Cariño: XX.
¡Mi mente quedo en blanco!
Luego me embargó una emoción.
Se me dibujo uno sonrisa de extremo a extremo y me quede pensando en ella…
Al
pasar el rato y luego de ir al baño note que el olor a su perfume no se quitaba
del cubículo, así que me acerque a donde estaba sentada ella y acerque mi nariz
a su respaldo. Al parecer ella se había
perfumado o había perfumado a propósito el cubículo. Me entro la curiosidad. Me
dirigí hacia el vagón de las tiendas y me encontré con la señora de la mañana
anterior y le pregunte sobre la muchacha de la cual le había inquirido en la
mañana y ella preguntó si la había encontrado. Yo le conteste que sí. Y la
señora me contó que de seguro la encontré por su perfume ya que cuando ella
estuvo aquí roció su perfume en el aire. En el mismo lugar en donde estaba
parado…
¡Era
obvio que quería que la siguiera!
Lo
extraño fue que cuando nos abrazamos por mucho tiempo en el vagón mirador, no
olía tan fuerte el perfume que inconscientemente yo estaba siguiendo.
Era su olor natural femenino. Una mezcla de sudor suave que me embriagaba a momentos. Mi cabeza quedaba a la altura de su cien derecha y mi nariz se juntaba con su hermosa y rauda cabellera, mis labio quedaban a la altura de sus ojos y la besaban tiernamente. De todo esto recordaba con mas fuerza ese olor que era muy, pero muy confortador y agradable. Mejor que el mismo perfume de mujer que estaba siguiendo…
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