viernes, 8 de diciembre de 2023

Romance en el tren. Capitulo 25

Romance en el tren.

Capitulo 25

Preguntas y baile

Pasado el momento de la llegada de nuestros anfitriones y vuelto a escucharse en el ambiente la música clásica. Quise proveche para escabullirme por una puerta hacia uno de los jardines que para sorpresa mía estaba flanqueado por un media pared dividida por pequeñas columnas que llegaban un poco más arriba de la cintura y que al arrellanarse  a ellas uno descubría que no era un simple lugar.

Pues resultaba ser que estaba al borde de un gran caída de miles de metros en donde a uno se le perdía la mirada en ese vasto territorio que se extendía en la lejanía. A la derecha se podía observar una gran caída de agua de el risco se perdía en las alturas y como era de noche no percibía a donde llegaba. A mi izquierda se observaba la ruta del rió que se formaba por la caída de agua y la misma se perdía en el bosque y la oscuridad.

En ese lugar soplaba un viento helado.

Por breves instantes me llego a la mente los sucesos que hicieron que estuviese en ese lugar.

La exigencia de hacer el libro que hizo que viajara. El encuentro con esa bella joven del tren que hizo que nos devolviéramos a este pueblo y la pelea en la que nos envolvimos mi editor y yo por proteger a nuestros anfitriones.

Ya habían pasado varios días y aun no había podido ir al pueblo y contactarme con la bella joven. Había tratado de comunicarme con ella y no lo había logrado.

Al parecer el motivo principal de estar aquí no se había logrado. ¿Sera que debo olvidarme de ella y disfrutar el momento? ¿El hecho de que no me hubiese podido comunicar con ella no era en si una señal de que dejara esto así?

¿Estaré aferrándome a una felicidad ilusoria? Porque a decir verdad cuanto duramos conversando en el tren. ¿Dos horas? ¿Tres, cuatro horas?

Además ella es muy joven y hermosa. ¿Se adaptaría a mí formar de ser? ¿Me adaptaría yo a ella?

Si nos encontrábamos y lográramos algo. De verdad ¿Estaría pensando más en mi felicidad que en la de ella?

Decidí parar y con severidad y mi voz interior me reprocho:

¡Ya¡ pareces un personaje trágico de tus novelas.

Respire hondo. Y volví a la realidad. A la zona de control y concentración que siempre me había guiado en la vida.

Pero en esta conversación conmigo mismo mi mente analítica hizo surgir una pregunta que como buen escritor e investigador me genero mucha suspicacia y no tenía nada que ver con la bella joven. Tenía que ver con nuestros anfitriones.

¿Qué hacían una familia tan poderosa y adinerada sola en un vagón del tren en una madrugada sin ningún tipo de escolta?

Me iba a poner a pensar en ello cuando la voz de dos jóvenes interrumpió mi conversación interna.

Era el hijo de nuestros anfitriones con otro joven que por suporte se veía también que era de clase alta.

Míster, lo estaba buscando. Exclamo el joven.

Necesitamos su ayuda.

¿Recuerda que usted se comprometió a darnos algunos consejos sobre cómo agradar y enamorar a una señorita que me gusta mucho?

Y si no es mucho pedir ella vendrá acompañada de una amiga y mi querido amigo aquí presente también está interesado en escuchar sus consejos.

Sonreía a mis adentros. Se veían buenos muchachos aunque un poco tímidos y falta de experiencia en la vida. Pero no sería extraño los hijos de este tipo de familia son criados sin relacionarse mucho con las personas

Les dije: Por supuesto.

Primero. Sean amables pero no demasiado formales que rayen en lo incomodo.

Traten de ser naturales. Las mujeres se dan cuenta de los actos ensayados.

Sean atentos pero no pegostosos. Quiero decir que no necesitan estar encima de ellas todo el tiempo. Denle su espacio.

Traten de ser agradables e impredecibles hagan que se diviertan que se sientan alegres.

No vayan a decirle de que la aman y que se quieren casar con ellas. Una mujer que estas cortejando por primera vez escucha eso la espantara.

Tuve que disimular mi risa cuando uno de los jóvenes le dio un codazo al otro.

Recuerden que las mujeres son complicadas lo que hoy les gusta mañana puede ser que no.

Uno de los jóvenes me interrumpió y comenzó a escribir una nota de lo que le estaba diciendo.

Iba a decirle algo cuando la puerta del gran salón se abrió. Era el mayordomo que nos estaba buscando.

Señores: los amos le piden que se acerquen a la mesa.

Los jóvenes me dieron un apretón de mano en forma de agradecimiento y les correspondí con una palmada en la espalda mientras le decía a uno de ellos en el oído:

¡Lo harán bien campeón¡

Nos dirigimos hacia las mesas que estaban  en un extremo del salón. Parecía que había llegado a la fiesta más invitados. El mayordomo nos llevo a una mesa arreglada regiamente que sobresalía en lujo de todas las demás y ahí estaban sentados toda la familia principal de la fiesta. Todos muy bien arreglados y acicalados.

El jefe del clan andaba traje de blanco y en su chaqueta abotonada tenia algunas medallas y condecoraciones y por su pecho travesaba una cinta de color que lo atravesaba desde el hombro izquierdo hasta la cintura en su lado derecho.

La señora andaba vestida de blanco con diversos arreglos que la hacían ver más joven y hermosa a pesar de que ya tenía cierta edad.

Me presentaron a otros miembros de la familia que no conocía. Y sin yo decir siquiera una palabra la señora indico que su hermana estaba en el tocador y que pronto volvía y con una señal le indico al mayordomo que nos ubicara en nuestros puestos.

Me sentaron al lado de señora de la casa y dejaron un puesto libre. Imagine que era para su hermana menor. Al lado de su puesto su joven hermano, otro puesto vacio. Su amigo y otro puesto vacio. El resto de la familia en los puestos subsiguientes  y mi amigo el editor termino sentado al lado del amo del clan. La mesa era circular y estaba ubicada de tal manera que pudiese dominar visualmente la mayoría del salón. Incluyendo la gran escalera que serpenteaba hasta las galerías superiores en donde se veían parejas y alguno que otro invitado fumando o con una copa en la mano.

¿Vino o Champagne? Pregunto el mayordomo.

Vino. Indique.

Mi editor que ya estaba en la mesa antes que yo ya había bebido varias copas pero mantenía muy bien la compostura y me indico con una leve seña que todo estaba  bajo control.

El Señor pregunto: ¿qué les parece el ambiente? ¿Están disfrutando?

Conteste: Por supuestos, nos sentimos honrados el poder disfrutar de su hospitalidad.

Mi editor agrego:

Y muy agradecidos a la providencia el habernos conocidos en el momento y lugar apropiado para poder disfrutar de este momento festivo.

Todos los que estaban en la mesa sonrieron. Recordando sin hablar por el desafortunado incidente del tren.

Mi anfitriona me dio una palmada en mi mano y me dijo en voz baja:

¡Ahí viene mi hermana¡

Dirigí instintivamente mi rostro hacia el lugar y no pude evitar sorprenderme por la belleza que emanaba la hermana. Por un momento olvide los desafortunados encuentros y careos que tuve con la joven mujer amargada y odiosa que no escondía su desagrado a mi persona. Un desagrado que no entendía ya que no le había hecho absolutamente nada.

Volviendo a ese espejismo andante. En esos breves momentos trate de disimular que la detallaba a medida que se acercaba.

Cargaba un moño corto con un pequeño sombrero de lado. Tenía puesto un vestido color champagne ceñido que revelaba una hermosa figura. Su escote era corto pero le permitía ver el cuello con una gargantilla color plata brillante. Además tenía dos pendientes del mismo material y color.

En su mano derecha cargaba un abanico blanco.

Con rostro arrogante dirigió su mirada hacia mí y hacia el puesto vacio. Sin mostrar ningún tipo de gesto se acerco y el mayordomo arrimo la silla para que ella se sentara a mi lado.

Buenas noches le salude formalmente y levantándome. Ella dudo pero correspondió extendiendo la mano y se la bese como se hacía en la época. En esos segundos percibí el olor a una mezcla de perfumes que si me olfato no me engañaba era un tipo de perfume manufacturado en Francia. Sin pensarlo exclame. Muy encantador su perfume francés.

Ello no dudo en responder con una sonrisa mordaz:

¿No ha pasado ni un minuto y ya me está olfateando?

Me dejo sin palabras. Pero antes de que recurriera a una respuesta literaria. El amo de la fiesta vino en mi auxilio y dijo:

¡Touche¡

Cuñada déjelo sacar por lo menos su espada para que se pueda defender.

Todos rieron.

Incluso ella. Aunque se esforzó para disimularlo.

El amo exclamo: Bueno Ya estamos todos.

Su hijo le interrumpió:

¡Papa nuestras amigas no han llegado¡

El señor exclamo: ¡Ya llegaran¡

Y tomando su copa hizo una seña al mayordomo y este se dirigió al director de la orquesta y empezaron a tocar un vals.

El amo dijo en voz alta:

¡Ya pueden bailar¡

 Los invitados que estaban en medio del salón hicieron un círculo grande mientras el amo agarro a su esposa por un brazo y ella a su vez extendió su otra mano y agarro a su hermana diciendo:

A bailar jóvenes mirando mi cara risueñamente.

Entendí el mensaje y le extendí educadamente la mano a la joven que la agarro dubitativamente. Observe a mi amigo y me hizo una seña de que no me preocupara por él. Y conociéndolo en cualquier momento lo vería bailando en medio de la pista con alguna mujer hermosa del salón.

Mientras esos pasaban vi a los dos jóvenes dirigirse hacia la salida quizás esperando en la entrada a sus respectivas parejas.

En cuestiones de segundos había como 50 o más parejas bailando en el gran salón. Este tipo de vals se baila como en coreografía. Mientras el círculo sea más grande mas parejas se agregan  al baile formando diversos círculos y se baila de tal manera que cualquiera que esté en las galeras superiores vería varios círculos internos en donde las parejas giran sobre si haciendo varios círculos.

Mi pareja de baile no perdía ningún movimiento del ritmo del vals. Se sujetaba con fuerza a mi mano derecha y por momentos parecía que ella quería llevarme. Aunque no me consideraba un gran bailarín mis noches en la gran ciudad me habían enseñado bastante de cómo moverme con una dama en la pista. De momentos parecía que ella disfrutaba de esa lucha que estábamos teniendo eso sí, sin perder el compas de las notas musicales. Ella no me miraba el rostro ni expresaba ningún tipo de sentimiento en su faz. Yo jugando el mismo juego me mostraba indiferente en el baile, hasta que en cierto momento ella hizo un movimiento que si no hubiese sido por la pericia de los dos hubiésemos caído. Obviamente, lo hizo con toda intensión. Yo sin perder la compostura mientras seguíamos bailando le susurre al oído:

Si quiere, además de escritor soy un buen maestro de baile señorita.

Giro su rostro hacia el mío y con un gesto de seriedad clavo sus hermosos ojos en los míos.

Después de unos segundos sosteniéndonos la mirada volvió a retirar su cara de mi y seguimos bailando mientras las personas nos observaban.

No se si eran ideas mías pero durante todo el baile me sentía observado por varias personas.

Pero a pesar de todo debo confesar que estaba disfrutando el baile…

 

Mientras que las afueras.

La limusina aparcaba suavemente y el chofer nos abrió la puerta. Al bajarnos y dirigirnos hacia el salón observamos a nuestras parejas esperándonos en la puerta.

Nos vimos la cara y suspiramos como diciéndonos:

¡Esperemos que no estén muy intensos¡

Mi hermano aun se acomodaba el chaleco y corbatín. Yo le dije:

Tranquilo estás muy guapo.

Llegamos a la puerta y el hijo del amo pregunto disimulando su molestia el porqué llegábamos tarde.

El chofer respondió y dijo:

Disculpe amo. No fue culpa de ellas. Fue mi culpa. Perdóneme.

Sin responder, se calmo y le dijo: tranquilo no hay problema. Y dirigiéndose a nosotras después de saludar a  mi hermano dijo:

¡Vamos, que el baile ya empezó!

Las dos grandes puertas flanqueadas por los dos delfines esculpidos en mármol se abrieron de par en par mientras nuestras parejas nos llevaban de la mano. Hacia el salón inundado de invitados, música y una luz radiante.

Mi amiga exclamo: ¡Esta precioso el salón!

Pensé a mis adentros está muy bonito tratare de disfrutar la fiesta.

A cierta distancia veía como un círculo de numerosas parejas invitados bailaba un vals…

 

domingo, 20 de diciembre de 2020

Romance en el tren. Capitulo 24

 

Romance en el tren.

Capitulo 24

El salón de fiesta 2da parte

El día pasó sin muchos por menores. Como mi amiga decidió quedarse todo el día con nosotros hasta que fuese la hora de ir a la fiesta;  el paso del tiempo fue menos tedioso. Ayudamos a mi madre en los quehaceres domésticos y sin darnos cuenta ya era la hora de almorzar.

En la mesa la conversación giro en torno a los asistentes que irían a la mansión.

Por un momento mi mente retrocedió a los tiempos de mi niñez.

Según me contaba mi abuelo ya fallecido. Esa mansión ya existía aquí cuando él era un niño. Siempre ese lugar había pertenecido a la misma familia y el lugar había  visto nacer. Crecer, casarse y engendrar  a muchas de sus generaciones.

Mi abuelo me menciono que hasta dentro de los terrenos existía un pequeño cementerio en donde estaban enterrados todos los miembros del clan.

Como mi padre era empleado del dueño de la mansión tanto mi hermano y yo tuvimos la oportunidad de visitar muchas veces el lugar que por lo inmenso que era  a veces me abrumaba y hasta ciertos momentos daba hasta miedo y más cuando eres una pequeña niña.

A veces me acordaba de lo que me decía mi abuelo con respecto a lo del cementerio. Tenía cierta curiosidad como niña pero también cierto miedo. Mi abuelo que era una persona muy sabia me enseño que no había que temerle a los muertos ya que ellos estaban dormidos y por el contrario había que temerles a los vivos.

El decía cuando conversaba con amigos y familiares:

¿Ustedes han visto un muerto robándose una oveja?

¿Una Gallina?

Si los muertos salen, ¿por que a veces se roban las flores y velas de los cementerios?

Esas conversaciones duraban largos ratos.

Hasta que cambiaban de tema…

Eso sí, tanto mi abuelo como mis padres siempre nos dieron instrucciones de no acercarnos a ese lugar y que jamás anduviésemos solos.

Igual siendo una pequeña  tenía temor acercarme accidentalmente al lugar. Aunque nunca supe su ubicación.

Fue en esa mansión en donde conocimos los hijos de los dueños y a sus amigos. Todos hijos de familias muy poderosas de la gran ciudad que venían a pasar los fines de semana  o las fiestas anuales que ahí se celebraban sin falta.

Este gran salón de fiesta solo era usado en ocasiones muy especiales como la reunión anual de la empresa, el matrimonio de algún miembro del clan empresarial.

Solo supe por cartas de mi familia cuando yo estaba en la ciudad que algo había sucedido en la gran mansión y el salón de fiestas fue utilizado para un funeral. No me revelaron detalles. Pero según me contaban el tema de que era lo que había pasado fue muy conversado en el pueblo y mas porque nunca supieron de quien fue el funeral y que fue lo que paso.

A la servidumbre de la mansión se le prohibió hablar del tema so pena a ser despedido tanto el imprudente como toda su familia de los territorios en donde tenía influencia la familia. Eso hubiese significado irse del país ya que esta familia era casi dueña de todo el territorio y tenían parientes en política, navieras, empresa y muchas otras cosas más. Nadie en su sano juicio hubiese querido quedarles mal a ellos.

Ni siquiera las chismosas del pueblo se pudieron enterar lo que había pasado y quienes estaban envueltos

Pensando en esto se me vino de repente un  recuerdo de un suceso que se quedo grabado en mi mente de niña…

Pero volví a la realidad escuchando a mi padre diciéndome que mi comida se enfriaba.

Luego de comer mis padres nos exhortaron a cuidarnos, que nos comportáramos como señoritas bien educadas.

Y mi madre agrego en forma de broma aunque yo sabía que lo decía en serio: no te despegues de fulanito. Es un buen muchacho. Para muchas sería un honor ser la pareja de baile de él. ¿Y porque no? Tener hasta su apellido. Esta última oración la remato con una gran sonrisa.

Todos en la mesa rieron tímidamente mientras yo trate de disimular mi incomodidad. Mama sabía que mi asistencia a esa fiesta era más por compromiso de mi familia y por respeto a los amos de la mansión que habían tenido la consideración de invitarnos. Si hubiese sido por mí me hubiese quedado en casa leyendo o recorriendo el pueblo con mi amiga. Me chocaba la idea estar en un lugar en donde fuese observadas por ojos hambrientos y ser considerada una buena presa

Para la mayoría de las jóvenes del pueblo el ser invitadas a la mansión de los delfines era un privilegio irrechazable y la fiesta en el gran salón era una oportunidad de conocer `posibles pretendientes con los que se pudiesen casarse y así tener esa estatus tan añorado de ser miembro de tan prestigiosa familia.

Pero podían pasar tres cosas:

Que solo te quieran como una conquista:

Ser amante de alguien ya casado.

Y por ultimo y la más difícil: conseguir la pareja de tu vida. La que va a querer estar contigo hasta la vejez.

Pero para no quitarle la ilusión a mi familia, especialmente mi madre acorde asistir…

Ya estando en la habitación a final de la tarde mientras nos terminábamos  de arreglar me pare delante del espejo y me invadió el recuerdo de mi querido escritor.

Me preguntaba qué habrá sido de él.

¿Estará bien?

¿Se acordara de mí?

No me imaginaba lo que la noche me aguardaba.

En esos momentos escuchamos un vehículo aparcando al frente de la casa. Mi amiga se asomo por el balcón y rápidamente exclamo: Ya vino el chofer a buscarnos.

Mi amiga y yo habíamos convenido en ponernos vestidos con un tono color marfil. No iguales por supuesto.

Yo opte por un corte a medio hombro con un pequeño escote delantero y con una pequeña parte de la espalda descubierta. El vestido era un poco ceñido a la cintura y luego se expandía en una falda larga.

El de mi amiga era un poco más revelador. Ella opto por uno que llegaba hasta sus pechos y el escote era recto enseñando la misma cantidad de espalda como cuello.

Igual el vestido era ceñido con una gran falda.

Le dije en son de broma: ¡Los vas a embriagar a todos con ese vestido¡

Ella respondió con una carcajada.

Las dos optamos por llevar guantes hasta los antebrazos. Cabello recogido y por supuestos joyas discretas que no podían faltar.

Al bajar las escaleras mi mama no pudo disimular su gusto de cómo estábamos arregladas.

Mi padre solo atino a decir:

¡Tengo ganas de quitarle el permiso¡ Se, que lo dijo en broma. Me puse e n su lugar. Solo un padre sabe lo que se  siente cuando ve a su hija tan bien arreglada y va para una fiesta donde va ir una gran cantidad de extraños.

Aproveche el momento de recordarles que ellos fueron invitados. Pero no querían asistir.

Decían que ya habían llegado a la edad en donde era mejor quedarse n casa ya que había muchas cosas que hacer.

El chofer nos saludo con mucho cariño ya que nos conocía desde niñas.

Bienvenida al pueblo mileidi. Si me permite decirlo y con todo respeto ya es toda una gran señorita. Sera un gran honor para el señorito tenerla como pareja de baile.

En eso momento de una caja larga saco dos rosas blancas con dos sobres los cuales entrego de manera muy formal a cada una de nosotras

Mi carta decía:

Gracias por asistir a la fiesta.

Agradecemos que uses la flor en tu vestido. Eso indicara que eres una invitada especial y pareja de baile de fulanito.

Se despide.

Madame.

XXXXX

Levante la mirada y todos se quedaron observándonos con gran expectación. Agarre la rosa y me la puse en el vestido con un pequeño broche dorado.

Mi amiga hizo lo mismo sin decir palabras solo nos vimos la cara por unos segundos.

El chófer hizo un gesto de que ya era tarde y nos despedimos de mi familia. En ese momento se escucho un tropel bajando por las escaleras y para nuestra sorpresa era mi hermano mayor que a última hora se había decidido asistir.

Mi padre y mi madre sonrieron complacidos mientras mi mama terminaba de acicalarlo.

Mi padre expreso. Por lo menos van con un guardaespaldas.

Me agrado que asistiera. Cualquier cosa contaría con mi hermano y con mi amiga.

Abordamos la limusina de la familia y empezamos el tortuoso viaje por las colinas hacia la mansión de los delfines.

No imaginaba que la noche me tenía preparada muchas sorpresas…

 

 

 

 

viernes, 18 de diciembre de 2020

capitulo 23 El salón de fiesta

 

Romance en el tren.

Capitulo XXIII

El salón de fiesta

Después de almorzar con frugalidad mi editor y yo nos retiramos a uno de los balcones de la gran mansión a conversar del libro, tomar algunas notas y de hablar de trivialidades acerca de la fiesta que daría inicio en la tarde.

La mansión era tan grande que no teníamos idea en donde se realizaría la fiesta; ya que por lo grande del lugar no teníamos la mínima idea de la ubicación del mismo.

La tarde paso muy rápido y sin darme cuenta me hallaba en mi aposento arreglándome.

Estaba en esos menesteres tocaron a mi puerta y me imagine que era el mayordomo para avisarme que podía bajar al salón de baile.

Indique en voz alta que podía entrar. La puerta se abrió y tímidamente entro la mucama que sin levantar el rostro se quedo parada al lado de la puerta con una bandeja en la mano. Me acerque extrañado y ella indico:

Esto le envía mi señora levantando un poco la bandeja en donde había una rosa roja y un pequeño sobre.

Tome el sobre y lo abrí.

Decía:

Buenas tardes míster XXXX

Le agradecería que la rosa que le estoy enviando se la colocara en su solapa ya que cada pareja de baile de nuestra familia portara una rosa. Los caballeros rojas y las damas blancas.

Disfrute de la fiesta y soporte a la gruñona de mi hermana menor por favor

Gracias por asistir.

Atentamente

Madame XXXX

 

Pensé por un momento en la petición y sin decir una palabra tome la rosa y me la coloque en la solapa.

La mucama hizo una pequeña reverencia y se retiro. Por breves momentos sentí que la mucama tuvo la intensión de decirme algo. Pero tal vez el respeto o temor a sus amos le impidió  decir algo.

Era comprensible. A la servidumbre no se le permitía hablar más de la cuenta y cualquier indiscreción era tomada como traición a los amos. Eso implicaba el despido inmediato del hogar y era una mancha para todo la servidumbre que casi siempre era familia.

No me quede pensando mucho en ello. Tal vez eran ideas mías.

Pasaron como 8 minutos y tocaron de nuevo la puerta. Esta vez si era el mayordomo invitándome a bajar al a salón.

Primero pasamos por la habitación de mi editor y al salir nos miramos inmediatamente la ropa y note que él no tenía rosa. El rápidamente exclamo sonriente:

Muy pillín. Con rosa y todo

Y soltó una risa maliciosa.

Como estaba presente el serio mayordomo considere que no era el momento de explicar  el porqué tenía una rosa en mi solapa.

Fuimos bajando hasta llegar a un pasillo largo adornado a los lados con pequeñas obras de arte como jarrones y esculturas pequeñas.

Al finalizar el pasillo nos encontramos con una puerta doble de madera con marcos dorados que daban hacia el exterior de la mansión. A cierta distancia entre los arboles del inmenso jardín se veían las luces de una edificación y a su lado algunos vehículos de lujo estacionados en donde se estaban bajando hombres y mujeres de gran elegancia con sus respectivos choferes abriéndoles las puertas. Algunos eran de edad y otros más jóvenes herederos de grandes fortunas.

Había también carretas de lujo que si no hubiese sido por los caballos y los choferes hubiésemos concluido que no estaban siendo utilizados y eran más bien ornamentales por las condiciones preservación en que estaban.

Al acercarnos pudimos observar con más detenimiento lo lujoso que era el salón de fiesta o de baile tenía una entrada con un techo sostenido por dos columnas con capiteles griegos, las puertas eran inmensas flanqueadas por dos delfines y con dos porteros muy elegantes.

Ya en la entrada se nos invito a pasar. Al abrirse las puertas la música clásica de fondo nos hizo dudar de nuestra realidad. Nos vimos las cara y por más esfuerzo de nuestra parte nos era difícil disimular el asombro por lo lujoso y lo glorioso del lugar.

Eran un salón inmenso con arañas doradas colgando del techo que hacían recordar las grandes lámparas de los castillos europeos. Las paredes tenían grandes ventanales cubiertos de cortinas doradas adornadas con guirnaldas, el piso era de color marrón divididos con figuras hexagonales con grabados de diadema en el centro de color chocolate. A pesar de los grabados en el piso; el mismo estaba tan pulido que reflejaba el techo como si fuese un espejo infinito que daba la ilusión que las grandes lámparas estaban incrustadas en un gran cristal en el suelo.

En un costado sobre una pequeña plataforma estaba una banda con diversos instrumentos en donde sobresalían el sonido de los violines y otros instrumentos de cuerda y de viento que se combinaban de tal manera que hacían olvidar cualquier preocupación o problema terrenal que uno tuviera.

 En el otro extremo del salón se hallaba una mesa muy larga en donde había cualquier cosa que uno se pudiese imaginar.

Desde carnes, frutas, dulces pescados y bebida que hubiesen impresionado hasta al mismo presidente si estuviese presente. Por un momento le exprese esa idea a mi editor.

El respondió alelado:

No debería sorprendernos que por aquí estuviese el o alguien cercano a él, hasta los mismo que se le oponen. Esto es un banquete de reyes, políticos y gente famosa.

Yo agregue: y de un escritor y un editor con suerte.

Reímos en complicidad y mi amigo concluyo. Cada vez que vemos una pelea en un tren nos metemos para ver si volvemos a tener esta suerte.

Reí moviendo la cabeza de lado a lado

Después de sobreponernos a la impresión del lugar y luego de tomar unas dos copas de Champagne que nos trajo un mesero, comenzamos a fijarnos en los asistentes cada uno conversando con otro, había militares que por su porte y edad indicaban que eran veteranos de guerras pasadas. Había cadetes que de seguro estaban de permiso y como hijos de familias acomodadas no podían faltar a este tipo de fiestas.

Había gran cantidad de caballeros que sin disimular mostraban que andaban de cacería de cualquier damisela que les diera la oportunidad y por supuesto muchas damas de diversas edades que en sus ojos demostraban que andaban en búsqueda de caballeros que estuviesen dispuestos a llevarlas al altar. Observamos grupos de familias que también compartían discretamente.

A pesar de que la fiesta apenas comenzaba vimos a los mayordomos tratando de controlar a un cablero que se había pasado de tragos y al parecer quería armar riña con otro por una joven.

Mi editor me dijo al oído:

No es muy diferente a las fiestas de nosotros los pobres.

Asentí con la cabeza.

No sabía porque pero el ambiente me tenia abrumado.

No era que el ambiente no fuese agradable. Es que mi cerebro parecía absorber, cualquier sonido, palabra olor de los ambientes en donde estaba y este lugar rezumaba información muy útil para mi trabajo de escritor pero que me generaba un leve dolor de cabeza que solo el vino o algún tipo de licor me ayudaba a sobrellevar. Lo veía todo, no se me escapaba casi nada. Como si fuese una maldición.

Y una de las cosas que pude notar inmediatamente  al entrar es que ningún invitado tenía una rosa roja o blanca en sus trajes o vestidos…

Entre los asistentes tratamos de buscar a nuestra familia anfitriona, pero a pesar de nuestros esfuerzos no hallábamos con ellos. Ni siquiera con el personal de la casa que pocas veces habíamos visto. Preguntamos a un mesero y el nos menciono que la familia dueña de la fiesta debía estar por llegar.

En efecto varios minutos después un mayordomo se acerco a la banda y ellos dejaron de tocar. El mayordomo anuncio la entrada de la familia en voz alta y con voz ronca aumentada por el eco del gran salón.

Todos guardaron  silencio mientras se abrieron de lado a lado las personas que estaban en medio del salón conversando.

Entro el señor y la señora, la hermana menor de la señora, el hijo, la hija con su esposo y niños y otras 5 personas más que no conocíamos.

Los aplaudieron  y se acercaron a saludarlo como si fuese el mismo rey de Inglaterra.

Rápidamente capte lo que captaron la mayoría de los asistentes.

Todos los hombres de la familia tenían una rosa roja en su traje y las damas tenían una rosa blanca. Todas idénticas y del mismo tamaño que la que estaba colgada de mi chaqueta.

Muchas mujeres jóvenes que estaban presentes voltearon la mirada sin desparpajo al rincón donde estaba yo y mi editor clavando sus ojos en la rosa roja. Murmuraban algo entre ellas que no hubiese sido difícil descubrir.

Pero no fueron las únicas. Otro grupo de caballeros también clavaron su mirada en mi sosteniendo su copa simulando estar impasibles pero hubiese podido deducir fácilmente que esos caballeros que me observaban no estaban agradados por mi rosa en el traje y lo que ello significaba aunque aun yo no me hubiese percatado de su significado.

Mi editor muy perspicaz murmuro: menos mal que yo no tengo una rosa…

martes, 12 de marzo de 2019

Romance en el tren. Capitulo XXII Historias paralelas


Romance en el tren.
Capitulo XXII
Historias paralelas
Ella
… Nos paramos muy temprano. El día paso volando, nos habíamos dedicado desde bien temprano a colaborar con mi mama a los quehaceres de la casa, ya que hoy era la fiesta en la mansión de los delfines y queríamos en la tarde concentrarnos en el arreglarnos para la fiesta.
Nunca falta a última hora una prenda extraviada, una zapatilla rota, el maquillaje extraviado o una rotura en la ropa. Así que queríamos prever esas situaciones.
En un momento que quede sola en mi habitación y me contemple en el espejo ya lista para dirigirnos a la fiesta, me invadió la melancolía. No había sabido más de mi compañero del tren. Solo la carta que recibí hacia unos días atrás era la única señal de su existencia en este vasto universo.
Me pregunte de el porqué no me había llamado…
Luego, después de pensarlo un poco baje las escaleras ya lista para irme a la fiesta y tome el teléfono y marque el número del hotel donde me estaba alojado. Luego de un rato me atendió una voz masculina identificándose como atención al cliente del hotel. Pregunte de inmediato por el Sr XXXXXX. Después de unos breves minutos la voz detrás del teléfono me indico que El Sr XXXXXX había cancelado su reservación hacia unos días y se había marchado. Pregunte si había dejado algún mensaje o algún numero de contacto y me respondió que no. Colgué con un pequeño nudo en la garganta, respire hondo al notar los pasos de alguien que se acercaba y me dije mentalmente: Tal vez solo fue un sueño y nada mas…
Al voltear, era mi madre que venía radiante en su vestido de noche. Al verme noto algo en mi rostro me pregunto:
¿Te pasa algo hija?
Yo le respondí tratando de disimular al máximo que estaba bien, no me pasaba nada y fingí una gran sonrisa.
Ella acerco sus manos a mi rostro y me apretó los cachetes y dijo: te falta color, estas muy pálida…
Yo me dije a mis adentros: al que le falta color ahora es a mi corazón.
En ese momento bajo mi amiga, mi papa y mis hermanos ya listos para la fiesta. Todos se veían elegantes.
Mi padre me dijo: Mi niña te vez hermosa, serás el centro de la atención.
Yo lo abrace y le dije gracias papa.
A los pocos momentos se escucho la corneta de la limusina que nos vino a buscar…
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El...
…Luego del encuentro con la hermana de la dueña de la casa, mi editor y yo decidimos retirarnos a nuestros cuartos y descansar un rato. Sin darnos cuenta había pasado ya la hora del almuerzo y como habíamos desayunado tarde, la cena fue más temprano de lo acostumbrado. El mayordomo como siempre nos fue a buscar a nuestras habitaciones. Pero esta vez nos dio la opción de comer en nuestros cuartos o comer solos en el comedor ya que el señor, la señora, su hermana y el joven de la casa estaban indispuestos a acompañarnos por los arreglos de la fiesta del día de mañana. Mi editor y yo decidimos comer solos en el comedor pero nos gustaría si no era mucho pedir que la comida fuese algo ligera.
El mayordomo nos observo y asintió con la cabeza y nos indico que nos buscaría en media hora.
Esperamos media hora, apostando entres los dos si en verdad sería tan puntual, y en efecto, el mayordomo doblo la esquina del pasillo a los 28 minutos y llego a nuestras puertas a los 29 minutos con 35 segundos. Nos dimos cuenta del tiempo porque nosotros estábamos en el otro extremo del pasillo.
El hombre se nos acerco y le pregunte:
¿Es usted ingles?
El respondió que si mis señores. Y mientras nos hacía señas de que lo siguiéramos nos dijo que venía de una familia de de mayordomos que siempre le habían servido familias de origen ingles.
Me pareció interesante y saque mi cuaderno de notas y registre la anécdota.
Legamos al comedor y menos mal que solicitamos una comida ligera…
Habia una bandeja de panes y quesos. Además, también había sueros y algunos tipos de mantequilla. Leche, café y una bandeja de frutas. Mi editor me dijo en voz baja:
No sé, pero tengo la impresión de que nos están engordando para sacrificarnos en la fiesta mañana. Anótalo en tu librito por si acaso…
Lo mire con risa disimulada. Y nos sentamos a comer nuestra cena ligera…
Comimos un rato en silencio y nos retiramos a nuestros aposentos, la noche paso muy rápido. Es uno de esos sueños en el que te acuestas cierras los ojos y los abres creyendo que te acabas de acostar y resulta ser que ya amaneció. Cuando el mayordomo apareció decidimos pedir el desayuno a nuestras habitaciones así la comida seria menor y no sentiríamos la obligación de comer demás por quedar bien con los demás comensales.
Después del desayuno me puse a revisar el traje que me pondría en la fiesta del día de hoy, realmente no estaba preparado para una fiesta de gala y creo que mi editor tampoco estaría preparado. Pero nada podía superar el smoking negro con su corbatín de nudo y un sobretodo y eralo común que se pusiera un hombre refinado.
Lo saque de mi maleta, lo sacudí, revise y estaba en optima condiciones para ser usado. Y aun me quedaba a pesar del tiempo que tenia que no me lo colocaba.
Limpie mis zapatos y me fui al cuarto de mi editor para ver que estaba haciendo. Pues, el hombre no estaba. Me extraño que se aventurara a caminar por la mansión a solas. Cuando me dirigí al salón principal lo vi llamando por teléfono. Me acerque y lo escuche hablando con el jefe de la editorial indicándole que el libro sería entregado a la fecha acordada. El editor me vio y se despidió de  nuestro jefe y me dijo:
Tenemos dos semanas y media para entregar el libro o sino solo conseguiremos trabajo vendiendo periódicos en la gran avenida. Yo le dije:
Bueno, Yo comprare al mayor y tú te encargaras de venderlo al público. Reímos a carcajadas. Luego agregue: Tranquilo mi amigo; terminaremos el libro a tiempo.
Me paso por la mente llamar a la casa de mi amada ojos esmeraldas. Con todos estos acontecimientos que han pasado tan rápido ni siquiera he tenido tiempo de salir de esta mansión a buscarla.
Al coger el auricular y empezar a marcar los números se nos acerco el mayordomo a invitarnos a almorzar.
Yo exclame:
¡Aquí si se come!
El mayordomo nos respondió:
Solo a las horas que toca mi señor.
Vi mi reloj y era las 11 y 50 de la mañana.
Pensé por un momento pedir la comida para la habitación pero hubiese sido una desconsideración hacia la familia anfitriona el no comer con ellos. Así que colgué y nos dirigimos hacia el comedor, ya nos habíamos aprendido el camino.
Al entrar estaba la mesa repleta de comida como siempre y estaban todos los miembros de la familia, incluyendo a la hermana de la dueña de la mansión.
Nos dieron la bienvenida y empezamos a comer.
Al rato la señora dirigiéndose a mi dijo:
Ya supe que conocieron a mi hermana, ella lee mucho. No el mismo estilo que yo, pero si es muy buena lectora de otros géneros.
Su hermana esbozo una sonrisa casi cinica.
Yo respondí: Si mi señora, tuvimos el placer de conocer a su hermana y le recuerdo el ofrecimiento de que cuando quiera que le firme un libro como recuerdo estaré a su completa orden.
La señora de la casa voltio hacia su hermana y con expresión muy risueña le dijo: aprovecha hermanita , no todos los días tenemos un escritor que te ofrezca firmarte un libro.
Todos rieron menos ella. Solo su silencio fue su respuesta.
Comimos de nuevo en silencio y la señora pregunto:
¿Cómo se preparan para la fiesta de esta noche?
Mi editor respondió:
¡Con ansias! Queremos ver como celebran sus fiestas aquí en esta mansión!
¡Es más hasta podría servirnos para el nuevo libro que estamos haciendo!
Ella respondió:
¿En serio?
¡Qué honor tan grande!
Su hermana interrumpió con un gesto de fastido:
¡Por favor hermana! Son solo novelas rosa… ni que fuesen la gran cosa.
Yo iba a decir algo, pero su hermana dijo:
Pues hermanita serán rosas y todo eso, pero leer sobre lo romántico de la vida, sobre el amor, la conquista, la lucha por el ser que se ama, creo que no existe mejor lectura que alimente al corazón que la de nuestro querido escritor presente hoy aquí.
Y es más, yo creo que tu deberías ser la pareja del baile de esta noche de nuestro amigo el escritor.
Cuando ella iba a protestar. Todos los de la mesa dijeron si, se verían muy bien como pareja de baile. Di que si cuñada. Di que si tia. Ella no tubo mas remedio que no decir ni una palabra…
Yo me quede en silencio y pensé: mmm no me agrada la idea…
Luego siguieron bromeando un rato y después de almorzar la señora de la casa se me acerco y me dijo: disculpe a mi hermana aparenta ser brusca pero la han lastimado bastante y eso le formo ese carácter que hasta a mi a veces me saca de quicio. Espero que usted no tenga problema en ser la pareja de baile de ella esta noche.
Le respondí: No hay ningún problema, con gusto seré la pareja de baile de su hermana. Y comprendo su situación, no es fácil confiar cuando te han roto el corazón.
La señora me agradeció sujetando mis manos con las suyas y se excuso para terminar los arreglos de la fiesta. Su hermana que aun seguía en la mesa se levanto y se retiro no sin antes voltearme los ojos con cierto desdén y molestia.
Cuando nos retirábamos sentí cierta culpa ya que sentía que le estaba siendo infiel a mi bella de ojos esmeralda. Pero en ese momento mi editor me coloco la mano en el hombro y me dijo:
¡Estos son los momentos que desearía ser yo el escritor!
Solo me rei en expectativa de la fiesta de esta noche…


jueves, 28 de febrero de 2019

Romance en el tren. Capitulo XXI Explorando.


Romance en el tren.
Capitulo XXI
Explorando.
…Luego de pasar un rato en el gran balcón mi amigo el editor y yo decidimos embarcarnos en la aventura de caminar y explorar la gran mansión.
Si desde afuera parecía inmensa desde adentro parecía interminable. Pasillos, puertas, salones y más puertas y más salones.
Le comente a mi editor en forma de broma:
No me gustaría necesitar un baño de urgencia en este lugar. Ya que ni siquiera recuerdo el camino para regresar a mi habitación.
Reímos en conjunto. La inmensidad era tal que nuestra risa y conversación generaba un eco que a momentos era perturbador.
No me considero una persona supersticiosa. Creo firmemente que todo tiene una explicación lógica y razonable. Pero no me sorprendería escuchar que por el gran tamaño de este palacio y la soledad que reina en el lugar los criados y hasta los mismos dueños creyeran en fantasmas…
Había un lugar que estaba buscando en particular y mi editor sabia cual era.
Si, estábamos buscando la biblioteca. Nos imaginamos que sería muy grande y estaría llena de libros. Después de andar por varios minutos que nos parecieron interminables y de abrir un sinfín de puertas logramos encontrarla.
Al entrar quedamos pasmados. Parecía una biblioteca de una gran ciudad europea. La interminable cantidad de libros estaba organizada en bibliotecas de madera que llegaban hasta el techo. El salón estaba dividido en secciones y cada área contaba con escaleras que se deslizaban de punta a punta para poder llegar a cualquier libro.
Además, en cada sección había una zona de lectura con muebles, poltronas y escritorios con lámparas antiguas.
Fuimos caminando y en lo que parecía la zona administrativa estaba un libro muy grande que describía los tipos de libros que estaban en cada zona.
Me fui directamente a buscar la sección de romance, novelas y poesía.
La ubique rápidamente y mi editor y yo nos dirigimos a buscar no solo los libros del cual soy autor  si no también los libros de nuestra casa editorial.
Y en efecto, estaban casi todos los libros a excepción de los que yo había escrito. Me quede extrañado. Pero mi editor despejo rápidamente las dudas ya que mis libros estaban en la mesa de lectura. Eso quería decir que alguien los esta o estaba leyendo recientemente.
Me alegre ya que el que alguien te lea te hace sentir que tu trabajo valga la pena. Pero mi felicidad duro poco. Al lado de los libros estaban unos periódicos. Sin verlos siquiera pensé:
Si están al lado de mis libros es porque debe haber alguna reseña o articulo de mí y mis novelas.
Y en efecto, al revisar los periódicos había referencias a mi novela y a mi persona. Y como siempre se hablaba muy bien de las novelas pero no del escritor.
Como hacia unas semanas que no se me veía en la gran ciudad. Uno de los periodistas sin escrúpulos escribió:
Hace tiempo que no se sabe de el escritor misterioso.
¿Estará de juerga seduciendo jovencitas incautas?
¿Estará sumido en el bajo mundo de los vicios como la mayoría de los escritores?
Solo el tiempo lo dirá…
Lo demás era una gran cantidad de sandeces que ni siquiera voy a mencionar.
Más de lo mismo me dije y tire bruscamente el periódico en el escritorio. Mi editor dándose cuenta de mi molestia me dijo:
Cálmate, ya deberías estar acostumbrado. Lo importante aquí es lo que tú creas de ti mismo.
Respire hondo y le dije es verdad, pero igual sigue molestando que te dañen la reputación seres como estos que solo por querer brillar le lanzan lodo a los demás.
Luego de unos minutos revisando los libros. Me asalto una duda y la exprese en voz alta para que escuchara mi editor:
¿Qué raro que la señora de la casa no hizo ninguna referencia a estas críticas de los diarios?
Mi editor respondió: Yo me estaba haciendo la misma pregunta.
Una voz femenina que nos asusto porque creíamos que estábamos solo respondió de otra sección de la biblioteca:
¡Porque también de nosotros se escribe y se habla cosas que no son ciertas y esos nos ha enseñado que no hay que creerle a la prensa!
Nos quedamos petrificados.
Yo me dirigí con cautela al lugar del origen de la voz diciendo:
¿Con quién tenemos el gusto?
Al llegar a esa parte de la biblioteca nos encontramos con una mesa larga con varias lámparas y varias poltronas y en una de ellas estaba sentada una mujer muy hermosa como de 30 años o más, su cabello era negro azabache y lo tenía arreglado bajo un sombrero de tal forma que resaltaba su cara y su cuello.
Era de piel clara mas no blanca. Su nariz perfilada estaba coronado por dos ojos color miel. Tenía un vestido blanco con encajes ceñido a su cuerpo muy bien formado y un escote muy conservador que aun así resaltaba sus atributos. En sus manos tenía un libro del cual no pude identificar.
La mujer se levanto de forma lenta mientras yo me acercaba y extendió su mano y se presento como la hermana menor de la señora de la casa. Yo la salude con una pequeña reverencia y cuando le iba a decir mi nombre me interrumpió y dijo:
¡Usted es míster XXXXXX el escritor!
La forma como hablaba me intimido a momentos. Pero rápidamente recupere la compostura y dije mientras mi editor me llegaba por la espalda:
Veo que soy muy conocido en esta casa. ¿Conoce a mi editor?
Ella respondió que no y le extendió la mano para saludarlo.
Ella volvió contra mí y me dijo:
He leído sus libros y déjeme decirle que me parecen aburridos. Una que otra idea tal vez interesante pero nada del otro mundo.
Esto lo dijo mientras caminaba y me daba la espalda para sentarse de nuevo en su poltrona y agarrar el libro que estaba leyendo.
Agrego:
Mi hermana es la que se derrite por sus novelas, yo soy más de tipo analítico.
Le respondí: bueno, le agradezco su opinión, pero en mi defensa no obligo a nadie que lea mis libros. El que lo hace asume las consecuencias de su decisión.
La señorita levanto su cara del libro y me clavo su mirada, su boca reflejo una sonrisa de esas como de preparación del combate. Frunció el ceño y me expecto:
Sí, eso pasa como cuando compras un dulce, nadie te obligo a comprarlo pero es decepcionante cuando uno lo prueba y no es lo que uno creía…
Ahora fui yo el que sonrió y frunció el ceño y le dije:
¡Dulce es dulce! ¡A Veces es que la boca esta amarga señorita!
Ella se arrelleno en su poltrona y estaba a punto de responderme cuando mi editor dijo:
Discúlpenos señorita pero tenemos un compromiso que cumplir.
Prácticamente mi editor me agarro por el brazo y me alejo de ahí.
Mientras me retiraba le dije:
¡Fue un gran placer señorita! ¡Es agradable conversar con personas que me han leído! Cuando lo desee le puedo firmar el libro como autografo.
La señorita se puso colorada, evidentemente entendió mi sarcasmo.
Pero ya nos estábamos retirando y no le dimos tiempo de responder.
Mi editor me reprocho: ¿Vas a pelear con la hermana de la dueña de la mansión? ¿Te volviste loco?
No le preste atención a mi editor, debo reconocer que me gusto el enfrentamiento que tuve con la señorita y tenía la leve sospecha que a ella también le gusto el encuentro.
Pensé: Creo que nos volveremos a encontrar..
Mi editor me dijo mejor vayámonos a los jardines no vaya a hacer que nos consigamos otro familiar  que te haya leído y no te quiera y tu por no aguantarte seas el culpable de que nos corran.
Cuando íbamos por el pasillo nos encontramos con la servidumbre llevando barriles, comida y diversas cosas para la fiesta del día de mañana.


jueves, 21 de febrero de 2019

Romance en el tren Capitulo XX Recuerdos


Romance en el tren
Capitulo XX
Recuerdos
… llegue agotada a mi casa. Hace pocos momentos dejamos a la  prima de mi amiga en su casa. Luego de haberme bañado fue el turno de mi amiga meterse a bañar mientras yo me relajo un rato en el balcón tomando un refrescante vaso de jugo de frutas.
Ya empieza a caer la tarde y el horizonte se tiñe de colores rojos con matices rosas y alguna que otra veta gris. Pienso a momentos lo hermoso del paisaje del atardecer. Es el momento del día que uno se vuelve romántico y melancólico y desea estar en compañía de alguien amado. De verdad me gustaría decirle a mi compañero del tren que lo extraño cuando el sol se da la mano al horizonte y la noche apaga el ruido de la gente…
¿Debería escribirle?
Medito por un momento en lo que me dijo mi amiga:
Si el te quiere te buscara, nada lo va a parar…
Me digo: Paciencia, debo tener paciencia…
En ese momento sale mi amiga del baño, se termina de vestir y nos sentamos en la terraza de la casa a conversar sobre la fiesta en la mansión de los delfines (La llamamos así por la fuente principal de la mansión que tiene un delfín con otros más pequeños).
Hablamos de los vestidos que por etiqueta debemos llevar todas las jóvenes y si recordamos los pasos del baile principal.
Después de hablar un rato sobre algunas cosas triviales y aun con el cielo encendido de colores comenzó a soplar una leve brisa cálida, muy agradable. Nos quedamos un rato en silencio y aproveche preguntarle a mi amiga por el prometido que había tenido. Si lo había vuelto a ver, si el intento volver con ella. Yo conocía la historia de lo que había pasado por las cartas muy tristes que ella me enviaba. Ahí ella se desahogaba por todo lo que le había pasado…
Y, aunque ella dejo de escribirme sobre el tema sabía que no es igual escribirle a tu mejor amiga que hablar personalmente del tema.
Pensé a momentos:
Parece que es una regla para nosotras las mujeres:
Siempre el primer amor con el que creemos que nos vamos a casar y con el que soñamos vivir para siempre felices resulta ser el más decepcionante y el más doloroso, ese primer amor nos marca. Pero viéndolo del lado positivo nos hace madurar y al pasar el tiempo entendemos que fue mejor así. Ya que por la inexperiencia pasamos tendemos a pasar por alto graves defectos que nos hubiese causado dolor si nos hubiésemos casados.
Decidí preguntarle directamente:
Amiga ¿Qué paso con fulano?
Ella pensó por unos segundos y respondió:
El se fue del pueblo, a las semanas de romper el compromiso supe que se había ido con la hija de uno de los adinerados del pueblo…nos quedamos un rato en silencio. Y, ella agrego: Yo nunca creí que él se estaba viendo con ella. Mis amigas y anteriores compañeras de clase me lo advertían y yo no lo creía. Mis dos hermanos me decían que sus novias les habían contado que mi prometido andaba con otra y yo no les creía. Hasta me moleste con algunos de ellos y los deje de tratar. Mi mama y papa me decían que en el pueblo se comentaba que el andaba con esa muchacha.
Hasta me decía que si tú estuvieses aquí me apoyarías y que tú serias la única que me comprendería…
Pensé  a mis adentros: Ese muchacho jamás me inspiro confianza.
Ella continúo hablando:
En varias ocasiones lo aborde y él me negaba que andaba con esa mujer… y yo como una boba enamorada le creía…
Note que  a momentos se le quebraba la voz a mi amiga y me dio remordimiento haberle tocado el tema. Iba a decirle algo consolador cuando ella me interrumpió y dijo: No te engañes creyendo que estoy triste o molesta por él. Eso ya lo supere. Por el no siento ya absolutamente nada.
Pero si estoy molesta, estoy furiosa pero es conmigo misma. Por no hacer caso a las advertencias, por no ver mas allá de mis narices, por molestarme con mis amigas y familiares.
Tuve que pedir muchas disculpas…
Me porte como una boba.
Tengo el vestido de bodas guardado en mi cuarto en un baúl con llave, envuelto en una bolsa para que no se dañe. Mas nunca lo saque o lo volví a contemplar.
Una lágrima corrió por su mejilla…
Yo le agarre su mano y se la apreté y le dije:
Ya veras, pronto encontraras a un hombre que te valorara como nadie en esta tierra, que se desvivirá por ti, y que no tendrá ojos para mas nadie. Que te llevara al altar con orgullo y en donde lucirás ese vestido de novia provocando la envidia de todas, hasta de mi.
Ella se limpio la lágrima y sonrió. Luego dijo: de repente te casas tu primero.
Ojala tuviese yo alguien que me escribiera cosas como a ti te escribe ese admirador del tren. Ya sabes: Si no lo quieres me lo das.
Reímos las dos juntas.
Luego le pregunte a mi amiga para no caer en hablar de mí otra vez:
Amiga: ¿Y, Ahora no tienes algún pretendiente?
Ella respondió: Si, el hijo de la mansión delfín, desde hace un tiempo me está queriendo pretender. El es muy amigo de este muchacho que toda la vida ha estado enamorado tuyo. Recuerda que sus papas son grandes amigos y las dos familias son las más adineradas de la zona.
Pregunte: ¿Y tú qué tal? ¿Te gusta?
Mi amiga se quedo pensando un momento y dijo:
Me agrada sus atenciones pero a pesar que todos  me dicen que es un muy buen partido yo aun no lo veo como mi futuro esposo.
Te entiendo amiga, nos tocara tener paciencia, recuerda a nuestra amiga Clarisse. Ella era la más callada del grupo y se caso con un buen muchacho del pueblo. Aun recuerdo lo bonita que fue la boda. Lo último que supe de ellos es que estaban viviendo en la ciudad sur y que eran muy felices. Su relación empezó de forma muy discreta y a pesar de que tuvo ataques porque él era un simple empleado de factoría, eso no dejo que ella lo aceptara. Para dolor de muchos niños ricos de aquí.
Lo de ella y el nos recuerda que también hay finales felices.
Mi amiga asintió con su cabeza y nos quedamos un rato en silencio viendo el ocaso hasta que el sol se oculto completamente.
Al rato decidimos pararnos e ingresar a mi habitación para revisar y arreglar el atuendo que íbamos a llevar el día de mañana a la reunión.  Mi amiga había traído el suyo y como o habíamos planeado que ella iba a pasar la noche en mi casa nos dimos el tiempo suficiente de ser minuciosas en ajustar, coser, planchar los vestidos. Además, limpiamos y revisamos muy bien las zapatillas para que estuviesen en las condiciones óptimas para la fiesta. Y por supuesto el maquillaje no podía faltar. Comenzamos a practicar como nos íbamos polvorear las mejillas, pintar las pestañas y los labios.
Después que arreglamos todo practicamos por un rato los valses que se bailarían en la reunión. Tenía mucho tiempo que no bailaba. Pero rápidamente le volví a tomar el ritmo.
Al rato de reírnos y hablar de muchas cosas nos dio sueño y decidimos acostarnos.
Ya apunto que el suelo me venciera. Mi amiga dijo:
Tal vez la reunión de mañana nos traiga una sorpresa a ambas…
Yo dure unos minutos tratando de descifrar lo que quiso decir hasta que le pregunte:
¿Por qué lo dices?
Nadie me respondió. El sueño había acallado a mi amiga. A los minutos el también me venció…