En
el tren…
Capitulo
XIII
El
escape.
… me
despierta un sonido ronco y profundo que se repite a intervalos, abro mis ojos
y aun con sueño me dirijo hacia el origen de esos sonidos que venían de la sala del cuarto de hotel…
Pues
los sonidos extraños eran los ronquidos de mi editor que aún estaba dormido en
el sofá. Su posición era extraña y graciosa a la vez, estaba de lado abrazando
un cojín de otro mueble y uno de sus pies estaba en el suelo y el otro colgaba del
sofá. Vi la hora y me acerque y le di un punta pie a su zapato que aun tenia
puesto en el pie que estaba colgando.
Abrió
los ojos y me miro de una forma despréciale y se tapó la cara con el cojín y me dijo:
Espero
que me hayas despertado con la noticia de ya has adelantado el libro.
Solté
una carcajada y el hombre giro su cuerpo para darle la cara el espaldar del sofá.
Le
dije de forma sarcástica que con la ayuda
que me dio anoche avance bastante en la
obra. El hombre respondió solo con un ademan de la mano como diciéndome deja de
molestar…
Mi
editor era un ser peculiar. Un poco más joven
que yo pero muy hábil en su trabajo. Usaba lentes de pasta gruesa y era de
contextura delgada. Y además muy profesional en lo que refería la trabajo.
No estaba casado pero no ocultaba las ganas de encontrar a la mujer de sus
sueños en estos viajes y por eso era el primero que se anotaba para acompañarme
en mis viajes de inspiración. Tenía muy buenas ideas para armar frases y mantener
el hilo de la trama. Pero reconocía que no habría podio hacer trama alguna ni
en un millón de años.
Habíamos
desarrollado una muy buena amistad y hasta cierto nivel de confianza para contarnos
algunas cosas que solo les contaríamos a amigos de mucha confianza…
Desde
que desperté se me había ocurrido una idea con respecto a la joven de ojos
esmeralda. Pero necesitaría el apoyo de mi amigo editor para poder realizar ese
plan.
Aun
parado al lado del sofá le dije: ¡Se me ha ocurrido una idea para lo de la
novela!
Él
dijo sin voltearse. ¿Otra? ¿Implica pararme de aquí? Pues, si es así, no cuentes conmigo.
Yo seguí
hablando: ¿No crees tú que en vez de hacer una trama que implique la ciudad no deberíamos
cambiar de escenario? ¿Tal vez un pueblo un poco más pequeño?
Conozco
uno que pudiese ser el marco perfecto para la novela. Agregue de manera
ansiosa.
El se
voltio de soslayo y me miro con un solo ojo. Y me dijo ¿A qué te refieres? ¿Cuál
pueblo?
Entonces
le comente de un pueblo que estaba a seis horas de retorno a la gran ciudad en
donde los paisajes son muy hermosos y existía un parque monumento en donde hay esculturas de guerras pasadas y además su
gente era muy agradable.
De
inmediato me contesto: Mejor no inventemos, estamos muy cómodos aquí en esta
ciudad. Todos los servicios, dinero suficiente para darnos la gran vida por lo
menos por un mes y toda acosta de la editorial.
Pensé
por un momento lo que le iba a responder. Y se me ocurrió lo siguiente:
También
sé que ese pueblo sobresale por la gran
cantidad de mujeres solteras y hermosas
que viven ahí.
Y
agregue para ver si mordía el anzuelo.
¿Quién
quita y tengamos suerte? Y hasta pudieses salir casado de ahí mismo. O por lo mínimo
con un compromiso. ¿Te lo imaginas? Bonita historia ¿No te parece?
Hubo
silencio que me auguraba que mi comentario fue acertado.
Se giró,
se sentó y mirando como hacia el suelo pregunto: ¿Qué hora es?
Son las
9 am. Él se quedó un rato pensando. Se paró, se estiro y dijo:
El
tren sale a las 6 pm. Creo que si es muy buena idea ir a buscar otros
escenarios. Y es más creo que gastaremos menos dinero en ese pueblo del que me
hablas.
Yo, observándolo
con una triunfadora le pregunte:
Me
apoyas solo porque te dije que hay mujeres hermosas. ¿Verdad?
Se volvió
y me miro de soslayo y me dijo: Te apoyo porque siempre has tenidos buenos instintos.
Se levantó,
camino de forma perezosa y recogió su abrigo. Se dirigió a la puerta de salida
y me dijo:
Voy
a cancelar la reservación de este hotel y averiguar sobre el hospedaje en ese
pueblo. También hare algunas llamadas para ver si tenemos conocidos por allá. Y
mandare a comprar los boletos
A las
4 nos vemos para ir al terminal.
Abrió
la puerta se voltio y me dijo:
En
la cara te veo que más por el libro creo que vas por otra cosa. Y si es lo que me imagino me alegro por ti. Y
me pregunto:
¿Quién
es XXXXXX? Nombrando a mi bella de ojos
esmeralda.
Quedando
frio por la pregunta e imaginándome como pudo saber ese nombre. Y antes que pudiese
alegar algo, dijo:
Anoche
escuche que la nombrabas dormido y decías claramente ese nombre.
Yo
atine a reír y preguntar que más escucho.
El
contesto: Nada más. Yo solo me voltee porque no me dejabas dormir y tape mis oídos…
Agrego:
No conozco a nadie en nuestro círculo laboral que se llame así. Diciéndolo de
forma picara.
Reímos
los dos.
Espero
que tenga una amiga o hermana para que me la presenten dijo antes de despedirse…
Volvimos
a reírnos como cómplices de un lenguaje secreto que solo los hombres conocían.
Se despidió.
Y yo quede satisfecho porque la estrategia había funcionado y pronto podríamos escaparnos
al pueblo…
Luego
de esto, pedí el desayuno a la recepción. Mientras desayunaba un pan tostado
con huevos, queso en rebanadas y un muy buen café con leche estaba pensando en lo
que iba a hacer cuando llegase al pueblo. ¿Cómo llegaría a su casa? ¿Cómo sería
su familia? ¿Les caería bien? ¿Debería avisarle o llegarle de sorpresa? Todas estas preguntas revoloteaban sobre mi
cabeza. Hasta que mi cerebro las acallo con esta expresión:
¡Nunca sabremos las respuestas a esas
preguntas si no vamos a ese pueblo!
Y
si, en verdad me dije a mi mismo lo
importante en ese momento no era el libro, mi carrera o cualquier otra cosa. Lo
importante era llegar para poder ver a mi bella dama blanca de ojos esmeralda…
No hay comentarios:
Publicar un comentario