martes, 22 de enero de 2019

Romance en el tren. Capítulo XIII El escape.


En el tren…
Capitulo XIII
El escape.
… me despierta un sonido ronco y profundo que se repite a intervalos, abro mis ojos y aun con sueño me dirijo hacia el origen de esos sonidos que venían  de la sala del cuarto de hotel…
Pues los sonidos extraños eran los ronquidos de mi editor que aún estaba dormido en el sofá. Su posición era extraña y graciosa a la vez, estaba de lado abrazando un cojín de otro mueble y uno de sus pies estaba en el suelo y el otro colgaba del sofá. Vi la hora y me acerque y le di un punta pie a su zapato que aun tenia puesto en el pie que estaba colgando.
Abrió los ojos y me miro de una forma despréciale  y se tapó la cara con el cojín y me dijo:
Espero que me hayas despertado con la noticia de ya has adelantado el libro.
Solté una carcajada y el hombre giro su cuerpo para darle la cara el espaldar del sofá.
Le dije de forma sarcástica que  con la ayuda que me dio  anoche avance bastante en la obra. El hombre respondió solo con un ademan de la mano como diciéndome deja de molestar…
Mi editor era un ser peculiar. Un poco más  joven que yo pero muy hábil en su trabajo. Usaba lentes de pasta gruesa y era de contextura delgada.  Y  además muy profesional en lo que refería la trabajo. No estaba casado pero no ocultaba las ganas de encontrar a la mujer de sus sueños en estos viajes y por eso era el primero que se anotaba para acompañarme en mis viajes de inspiración. Tenía muy buenas ideas para armar frases y mantener el hilo de la trama. Pero reconocía que no habría podio hacer trama alguna ni en un millón de años.
Habíamos desarrollado una muy buena amistad y hasta cierto nivel de confianza para contarnos algunas cosas que solo les contaríamos a amigos de mucha confianza…
Desde que desperté se me había ocurrido una idea con respecto a la joven de ojos esmeralda. Pero necesitaría el apoyo de mi amigo editor para poder realizar ese plan.
Aun parado al lado del sofá le dije: ¡Se me ha ocurrido una idea para lo de la novela!
Él dijo sin voltearse. ¿Otra? ¿Implica pararme de aquí? Pues,  si es así, no cuentes conmigo.
Yo seguí hablando: ¿No crees tú que en vez de hacer una trama que implique la ciudad no deberíamos cambiar de escenario? ¿Tal vez un pueblo un poco más pequeño?
Conozco uno que pudiese ser el marco perfecto para la novela. Agregue de manera ansiosa.
El se voltio de soslayo y me miro con un solo ojo. Y me dijo ¿A qué te refieres? ¿Cuál pueblo?
Entonces le comente de un pueblo que estaba a seis horas de retorno a la gran ciudad en donde los paisajes son muy hermosos y existía un parque monumento en donde hay  esculturas de guerras pasadas y además su gente era muy agradable.
De inmediato me contesto: Mejor no inventemos, estamos muy cómodos aquí en esta ciudad. Todos los servicios, dinero suficiente para darnos la gran vida por lo menos por un mes y toda acosta de la editorial.
Pensé por un momento lo que le iba a responder. Y se me ocurrió lo siguiente:
También sé que ese pueblo sobresale  por la gran cantidad de mujeres solteras y  hermosas que viven ahí.
Y agregue para ver si mordía el anzuelo.
¿Quién quita y tengamos suerte? Y hasta pudieses salir casado de ahí mismo. O por lo mínimo con un compromiso. ¿Te lo imaginas? Bonita historia ¿No te parece?
Hubo silencio que me auguraba que mi comentario fue acertado.
Se giró, se sentó y mirando como hacia el suelo pregunto: ¿Qué hora es?
Son las 9 am. Él se quedó un rato pensando. Se paró, se estiro y dijo:
El tren sale a las 6 pm. Creo que si es muy buena idea ir a buscar otros escenarios. Y es más creo que gastaremos menos dinero en ese pueblo del que me hablas.
Yo, observándolo con una triunfadora le pregunte:
Me apoyas solo porque te dije que hay mujeres hermosas. ¿Verdad?
Se volvió y me miro de soslayo y me dijo: Te apoyo porque siempre has tenidos buenos instintos.
Se levantó, camino de forma perezosa y recogió su abrigo. Se dirigió a la puerta de salida y me dijo:
Voy a cancelar la reservación de este hotel y averiguar sobre el hospedaje en ese pueblo. También hare algunas llamadas para ver si tenemos conocidos por allá. Y mandare a comprar los boletos  
A las 4 nos vemos para ir al terminal.
Abrió la puerta se voltio y me dijo:
En la cara te veo que más por el libro creo que vas por otra cosa.  Y si es lo que me imagino me alegro por ti. Y me pregunto:
¿Quién es XXXXXX? Nombrando  a mi bella de ojos esmeralda.
Quedando frio por la pregunta e imaginándome como pudo saber ese nombre. Y antes que pudiese alegar algo, dijo:
Anoche escuche que la  nombrabas dormido y  decías claramente ese nombre.
Yo atine a reír y preguntar que más escucho.
El contesto: Nada más. Yo solo me voltee porque no me dejabas dormir  y tape mis oídos…
Agrego: No conozco a nadie en nuestro círculo laboral que se llame así. Diciéndolo de forma picara.
Reímos los dos.
Espero que tenga una amiga o hermana para que me la presenten dijo antes de despedirse…
Volvimos a reírnos como cómplices de un lenguaje secreto que solo los hombres  conocían.
Se despidió. Y yo quede satisfecho porque la estrategia había funcionado y pronto podríamos escaparnos al pueblo…
Luego de esto, pedí el desayuno a la recepción. Mientras desayunaba un pan tostado con huevos, queso en rebanadas y un muy buen café con leche estaba pensando en lo que iba a hacer cuando llegase al pueblo. ¿Cómo llegaría a su casa? ¿Cómo sería su familia? ¿Les caería bien? ¿Debería avisarle o llegarle de sorpresa?  Todas estas preguntas revoloteaban sobre mi cabeza. Hasta que mi cerebro las acallo con esta expresión:
 ¡Nunca sabremos las respuestas a esas preguntas si no vamos a ese pueblo!
Y si, en  verdad me dije a mi mismo lo importante en ese momento no era el libro, mi carrera o cualquier otra cosa. Lo importante era llegar para poder ver a mi bella dama blanca de ojos esmeralda…

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