En el tren…
Capítulo V
Capítulo V
Calor de
hogar.
El taxi que nos llevaba para mi tan añorado hogar
se movía serpenteante por las pequeñas calles de mi pueblo, en donde viejos
olores me traían recuerdos de mi niñez, antiguos compañeros de clase, paseos
por la plaza, el mercadito y las fuertes tormentas que en invierno nos
confinaban por días en nuestras casas, el olor al café de mi pueblo era indiscutiblemente
peculiar, lo podría diferenciar de cualquier otro olor a café. Aquí el café se
preparaba de esta forma: se usaba una funda de tela, se colocaba el café molido
dentro de la tela en forma de embudo y se le vertía agua caliente, eso hacía
que el lugar se impregnara de ese olor a café tan sabroso y exquisito por los
vapores que exhalaban.
Mi mamá no podía vivir sin tomar café y podía diferenciar
la calidad de cualquier café solo con el olor. Recuerdo una vez que le traje un
café de regalo y después de prepararlo y sorber me dijo que jamás volviera a
perder el dinero en ese café que sabía horrible…
Así es mamá, clara y directa.
Como regalo le llevo frutos secos que tanto le
gustan, como nueces, maníes y el mejor regalo para ella: Chocolate, aunque debo decirlo: estuve
tentada de comérmelos en el camino.
Pero el chocolate que me regalaron en el tren, será
solo exclusivamente para mí... y lo
disfrutare poco a poco recordando al que me lo regalo…
¿Estará pensando en mí?
¿Estará pensando en mí?
Ya diviso la casa, está igual que siempre, dos
pisos, con un balcón amplio que cuando vivía ahí lo usaba solo cuando llovía o había
luna llena ya que me gustaba observar el vasto horizonte ya sea bañado en la
lluvia o bañado por la palidez de la luna. Al entrar mi madre me abrazo con
mucha emoción y me pregunto por todo y mencionaba entre lágrimas que teníamos muchas
cosas que hablar. Mi padre me recibió con una emoción reservada, él nunca fue
muy de reflejar lo que sentía pero en el fondo sabía que moría de la emoción el
que yo estuviese en casa de nuevo… Estaba oloroso a combustible ya que su pasatiempo
era estar debajo de los carros siempre reparando algo, lo curioso era que por
una cosa que reparaba tres se dañaban… Así son los carros viejos se decía a si
mismo…
Entre de lleno a la casa y el juego de hierro
forjado en el recibidor, los adornos de la sala cortinas, las baldosas. Sentí una gran emocion…
Entra a mi vieja habitación y estaba como si me
hubiese ido ayer, en mi escritorio aún
estaban viejos proyectos de retratos a lápiz, de personas, amigos, viejos
amores… y en un rincón un pequeño piano que a pesar de mi esfuerzo no logre
sacarle más de dos o tres melodías.
No quise preguntar, pero hice un llamado para
probar si aún estaba ahí y para alegría mía escuche un estrepito y sí, mi
gatico aún estaba en la casa y se me abalanzo con mucho cariño y no dejaba de
acariciarme con su cuerpo mis piernas y no dejaba de maullar de la emoción…
Y, aunque ya no vivía ahí desde hace un tiempo,
me sentí de nuevo en casa, recibiendo ese calor de hogar que a todos nos hace falta...
muy buena, espero continúe hasta el final y compartas Muchas más
ResponderEliminar