domingo, 20 de diciembre de 2020

Romance en el tren. Capitulo 24

 

Romance en el tren.

Capitulo 24

El salón de fiesta 2da parte

El día pasó sin muchos por menores. Como mi amiga decidió quedarse todo el día con nosotros hasta que fuese la hora de ir a la fiesta;  el paso del tiempo fue menos tedioso. Ayudamos a mi madre en los quehaceres domésticos y sin darnos cuenta ya era la hora de almorzar.

En la mesa la conversación giro en torno a los asistentes que irían a la mansión.

Por un momento mi mente retrocedió a los tiempos de mi niñez.

Según me contaba mi abuelo ya fallecido. Esa mansión ya existía aquí cuando él era un niño. Siempre ese lugar había pertenecido a la misma familia y el lugar había  visto nacer. Crecer, casarse y engendrar  a muchas de sus generaciones.

Mi abuelo me menciono que hasta dentro de los terrenos existía un pequeño cementerio en donde estaban enterrados todos los miembros del clan.

Como mi padre era empleado del dueño de la mansión tanto mi hermano y yo tuvimos la oportunidad de visitar muchas veces el lugar que por lo inmenso que era  a veces me abrumaba y hasta ciertos momentos daba hasta miedo y más cuando eres una pequeña niña.

A veces me acordaba de lo que me decía mi abuelo con respecto a lo del cementerio. Tenía cierta curiosidad como niña pero también cierto miedo. Mi abuelo que era una persona muy sabia me enseño que no había que temerle a los muertos ya que ellos estaban dormidos y por el contrario había que temerles a los vivos.

El decía cuando conversaba con amigos y familiares:

¿Ustedes han visto un muerto robándose una oveja?

¿Una Gallina?

Si los muertos salen, ¿por que a veces se roban las flores y velas de los cementerios?

Esas conversaciones duraban largos ratos.

Hasta que cambiaban de tema…

Eso sí, tanto mi abuelo como mis padres siempre nos dieron instrucciones de no acercarnos a ese lugar y que jamás anduviésemos solos.

Igual siendo una pequeña  tenía temor acercarme accidentalmente al lugar. Aunque nunca supe su ubicación.

Fue en esa mansión en donde conocimos los hijos de los dueños y a sus amigos. Todos hijos de familias muy poderosas de la gran ciudad que venían a pasar los fines de semana  o las fiestas anuales que ahí se celebraban sin falta.

Este gran salón de fiesta solo era usado en ocasiones muy especiales como la reunión anual de la empresa, el matrimonio de algún miembro del clan empresarial.

Solo supe por cartas de mi familia cuando yo estaba en la ciudad que algo había sucedido en la gran mansión y el salón de fiestas fue utilizado para un funeral. No me revelaron detalles. Pero según me contaban el tema de que era lo que había pasado fue muy conversado en el pueblo y mas porque nunca supieron de quien fue el funeral y que fue lo que paso.

A la servidumbre de la mansión se le prohibió hablar del tema so pena a ser despedido tanto el imprudente como toda su familia de los territorios en donde tenía influencia la familia. Eso hubiese significado irse del país ya que esta familia era casi dueña de todo el territorio y tenían parientes en política, navieras, empresa y muchas otras cosas más. Nadie en su sano juicio hubiese querido quedarles mal a ellos.

Ni siquiera las chismosas del pueblo se pudieron enterar lo que había pasado y quienes estaban envueltos

Pensando en esto se me vino de repente un  recuerdo de un suceso que se quedo grabado en mi mente de niña…

Pero volví a la realidad escuchando a mi padre diciéndome que mi comida se enfriaba.

Luego de comer mis padres nos exhortaron a cuidarnos, que nos comportáramos como señoritas bien educadas.

Y mi madre agrego en forma de broma aunque yo sabía que lo decía en serio: no te despegues de fulanito. Es un buen muchacho. Para muchas sería un honor ser la pareja de baile de él. ¿Y porque no? Tener hasta su apellido. Esta última oración la remato con una gran sonrisa.

Todos en la mesa rieron tímidamente mientras yo trate de disimular mi incomodidad. Mama sabía que mi asistencia a esa fiesta era más por compromiso de mi familia y por respeto a los amos de la mansión que habían tenido la consideración de invitarnos. Si hubiese sido por mí me hubiese quedado en casa leyendo o recorriendo el pueblo con mi amiga. Me chocaba la idea estar en un lugar en donde fuese observadas por ojos hambrientos y ser considerada una buena presa

Para la mayoría de las jóvenes del pueblo el ser invitadas a la mansión de los delfines era un privilegio irrechazable y la fiesta en el gran salón era una oportunidad de conocer `posibles pretendientes con los que se pudiesen casarse y así tener esa estatus tan añorado de ser miembro de tan prestigiosa familia.

Pero podían pasar tres cosas:

Que solo te quieran como una conquista:

Ser amante de alguien ya casado.

Y por ultimo y la más difícil: conseguir la pareja de tu vida. La que va a querer estar contigo hasta la vejez.

Pero para no quitarle la ilusión a mi familia, especialmente mi madre acorde asistir…

Ya estando en la habitación a final de la tarde mientras nos terminábamos  de arreglar me pare delante del espejo y me invadió el recuerdo de mi querido escritor.

Me preguntaba qué habrá sido de él.

¿Estará bien?

¿Se acordara de mí?

No me imaginaba lo que la noche me aguardaba.

En esos momentos escuchamos un vehículo aparcando al frente de la casa. Mi amiga se asomo por el balcón y rápidamente exclamo: Ya vino el chofer a buscarnos.

Mi amiga y yo habíamos convenido en ponernos vestidos con un tono color marfil. No iguales por supuesto.

Yo opte por un corte a medio hombro con un pequeño escote delantero y con una pequeña parte de la espalda descubierta. El vestido era un poco ceñido a la cintura y luego se expandía en una falda larga.

El de mi amiga era un poco más revelador. Ella opto por uno que llegaba hasta sus pechos y el escote era recto enseñando la misma cantidad de espalda como cuello.

Igual el vestido era ceñido con una gran falda.

Le dije en son de broma: ¡Los vas a embriagar a todos con ese vestido¡

Ella respondió con una carcajada.

Las dos optamos por llevar guantes hasta los antebrazos. Cabello recogido y por supuestos joyas discretas que no podían faltar.

Al bajar las escaleras mi mama no pudo disimular su gusto de cómo estábamos arregladas.

Mi padre solo atino a decir:

¡Tengo ganas de quitarle el permiso¡ Se, que lo dijo en broma. Me puse e n su lugar. Solo un padre sabe lo que se  siente cuando ve a su hija tan bien arreglada y va para una fiesta donde va ir una gran cantidad de extraños.

Aproveche el momento de recordarles que ellos fueron invitados. Pero no querían asistir.

Decían que ya habían llegado a la edad en donde era mejor quedarse n casa ya que había muchas cosas que hacer.

El chofer nos saludo con mucho cariño ya que nos conocía desde niñas.

Bienvenida al pueblo mileidi. Si me permite decirlo y con todo respeto ya es toda una gran señorita. Sera un gran honor para el señorito tenerla como pareja de baile.

En eso momento de una caja larga saco dos rosas blancas con dos sobres los cuales entrego de manera muy formal a cada una de nosotras

Mi carta decía:

Gracias por asistir a la fiesta.

Agradecemos que uses la flor en tu vestido. Eso indicara que eres una invitada especial y pareja de baile de fulanito.

Se despide.

Madame.

XXXXX

Levante la mirada y todos se quedaron observándonos con gran expectación. Agarre la rosa y me la puse en el vestido con un pequeño broche dorado.

Mi amiga hizo lo mismo sin decir palabras solo nos vimos la cara por unos segundos.

El chófer hizo un gesto de que ya era tarde y nos despedimos de mi familia. En ese momento se escucho un tropel bajando por las escaleras y para nuestra sorpresa era mi hermano mayor que a última hora se había decidido asistir.

Mi padre y mi madre sonrieron complacidos mientras mi mama terminaba de acicalarlo.

Mi padre expreso. Por lo menos van con un guardaespaldas.

Me agrado que asistiera. Cualquier cosa contaría con mi hermano y con mi amiga.

Abordamos la limusina de la familia y empezamos el tortuoso viaje por las colinas hacia la mansión de los delfines.

No imaginaba que la noche me tenía preparada muchas sorpresas…

 

 

 

 

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