Romance
en el tren.
Capitulo
24
El
salón de fiesta 2da parte
El
día pasó sin muchos por menores. Como mi amiga decidió quedarse todo el día con
nosotros hasta que fuese la hora de ir a la fiesta; el paso del tiempo fue menos tedioso.
Ayudamos a mi madre en los quehaceres domésticos y sin darnos cuenta ya era la
hora de almorzar.
En
la mesa la conversación giro en torno a los asistentes que irían a la mansión.
Por
un momento mi mente retrocedió a los tiempos de mi niñez.
Según
me contaba mi abuelo ya fallecido. Esa mansión ya existía aquí cuando él era un
niño. Siempre ese lugar había pertenecido a la misma familia y el lugar había visto nacer. Crecer, casarse y engendrar a muchas de sus generaciones.
Mi
abuelo me menciono que hasta dentro de los terrenos existía un pequeño
cementerio en donde estaban enterrados todos los miembros del clan.
Como
mi padre era empleado del dueño de la mansión tanto mi hermano y yo tuvimos la
oportunidad de visitar muchas veces el lugar que por lo inmenso que era a veces me abrumaba y hasta ciertos momentos
daba hasta miedo y más cuando eres una pequeña niña.
A
veces me acordaba de lo que me decía mi abuelo con respecto a lo del
cementerio. Tenía cierta curiosidad como niña pero también cierto miedo. Mi abuelo
que era una persona muy sabia me enseño que no había que temerle a los muertos
ya que ellos estaban dormidos y por el contrario había que temerles a los vivos.
El
decía cuando conversaba con amigos y familiares:
¿Ustedes
han visto un muerto robándose una oveja?
¿Una
Gallina?
Si
los muertos salen, ¿por que a veces se roban las flores y velas de los
cementerios?
Esas
conversaciones duraban largos ratos.
Hasta
que cambiaban de tema…
Eso
sí, tanto mi abuelo como mis padres siempre nos dieron instrucciones de no
acercarnos a ese lugar y que jamás anduviésemos solos.
Igual
siendo una pequeña tenía temor acercarme
accidentalmente al lugar. Aunque nunca supe su ubicación.
Fue
en esa mansión en donde conocimos los hijos de los dueños y a sus amigos. Todos
hijos de familias muy poderosas de la gran ciudad que venían a pasar los fines
de semana o las fiestas anuales que ahí
se celebraban sin falta.
Este
gran salón de fiesta solo era usado en ocasiones muy especiales como la reunión
anual de la empresa, el matrimonio de algún miembro del clan empresarial.
Solo
supe por cartas de mi familia cuando yo estaba en la ciudad que algo había
sucedido en la gran mansión y el salón de fiestas fue utilizado para un funeral.
No me revelaron detalles. Pero según me contaban el tema de que era lo que había
pasado fue muy conversado en el pueblo y mas porque nunca supieron de quien fue
el funeral y que fue lo que paso.
A
la servidumbre de la mansión se le prohibió hablar del tema so pena a ser despedido
tanto el imprudente como toda su familia de los territorios en donde tenía
influencia la familia. Eso hubiese significado irse del país ya que esta familia
era casi dueña de todo el territorio y tenían parientes en política, navieras,
empresa y muchas otras cosas más. Nadie en su sano juicio hubiese querido
quedarles mal a ellos.
Ni
siquiera las chismosas del pueblo se pudieron enterar lo que había pasado y
quienes estaban envueltos
Pensando
en esto se me vino de repente un recuerdo
de un suceso que se quedo grabado en mi mente de niña…
Pero
volví a la realidad escuchando a mi padre diciéndome que mi comida se enfriaba.
Luego
de comer mis padres nos exhortaron a cuidarnos, que nos comportáramos como
señoritas bien educadas.
Y
mi madre agrego en forma de broma aunque yo sabía que lo decía en serio: no te
despegues de fulanito. Es un buen muchacho. Para muchas sería un honor ser la
pareja de baile de él. ¿Y porque no? Tener hasta su apellido. Esta última
oración la remato con una gran sonrisa.
Todos
en la mesa rieron tímidamente mientras yo trate de disimular mi incomodidad.
Mama sabía que mi asistencia a esa fiesta era más por compromiso de mi familia
y por respeto a los amos de la mansión que habían tenido la consideración de
invitarnos. Si hubiese sido por mí me hubiese quedado en casa leyendo o
recorriendo el pueblo con mi amiga. Me chocaba la idea estar en un lugar en
donde fuese observadas por ojos hambrientos y ser considerada una buena presa
Para
la mayoría de las jóvenes del pueblo el ser invitadas a la mansión de los
delfines era un privilegio irrechazable y la fiesta en el gran salón era una
oportunidad de conocer `posibles pretendientes con los que se pudiesen casarse
y así tener esa estatus tan añorado de ser miembro de tan prestigiosa familia.
Pero
podían pasar tres cosas:
Que
solo te quieran como una conquista:
Ser
amante de alguien ya casado.
Y
por ultimo y la más difícil: conseguir la pareja de tu vida. La que va a querer
estar contigo hasta la vejez.
Pero
para no quitarle la ilusión a mi familia, especialmente mi madre acorde asistir…
Ya
estando en la habitación a final de la tarde mientras nos terminábamos de arreglar me pare delante del espejo y me invadió
el recuerdo de mi querido escritor.
Me
preguntaba qué habrá sido de él.
¿Estará
bien?
¿Se
acordara de mí?
No
me imaginaba lo que la noche me aguardaba.
En
esos momentos escuchamos un vehículo aparcando al frente de la casa. Mi amiga
se asomo por el balcón y rápidamente exclamo: Ya vino el chofer a buscarnos.
Mi
amiga y yo habíamos convenido en ponernos vestidos con un tono color marfil. No
iguales por supuesto.
Yo
opte por un corte a medio hombro con un pequeño escote delantero y con una
pequeña parte de la espalda descubierta. El vestido era un poco ceñido a la
cintura y luego se expandía en una falda larga.
El
de mi amiga era un poco más revelador. Ella opto por uno que llegaba hasta sus
pechos y el escote era recto enseñando la misma cantidad de espalda como cuello.
Igual
el vestido era ceñido con una gran falda.
Le
dije en son de broma: ¡Los vas a embriagar a todos con ese vestido¡
Ella
respondió con una carcajada.
Las
dos optamos por llevar guantes hasta los antebrazos. Cabello recogido y por
supuestos joyas discretas que no podían faltar.
Al
bajar las escaleras mi mama no pudo disimular su gusto de cómo estábamos arregladas.
Mi
padre solo atino a decir:
¡Tengo
ganas de quitarle el permiso¡ Se, que lo dijo en broma. Me puse e n su lugar. Solo
un padre sabe lo que se siente cuando ve
a su hija tan bien arreglada y va para una fiesta donde va ir una gran cantidad
de extraños.
Aproveche
el momento de recordarles que ellos fueron invitados. Pero no querían asistir.
Decían
que ya habían llegado a la edad en donde era mejor quedarse n casa ya que había
muchas cosas que hacer.
El
chofer nos saludo con mucho cariño ya que nos conocía desde niñas.
Bienvenida
al pueblo mileidi. Si me permite decirlo y con todo respeto ya es toda una gran
señorita. Sera un gran honor para el señorito tenerla como pareja de baile.
En
eso momento de una caja larga saco dos rosas blancas con dos sobres los cuales
entrego de manera muy formal a cada una de nosotras
Mi
carta decía:
Gracias
por asistir a la fiesta.
Agradecemos
que uses la flor en tu vestido. Eso indicara que eres una invitada especial y
pareja de baile de fulanito.
Se
despide.
Madame.
XXXXX
Levante
la mirada y todos se quedaron observándonos con gran expectación. Agarre la
rosa y me la puse en el vestido con un pequeño broche dorado.
Mi
amiga hizo lo mismo sin decir palabras solo nos vimos la cara por unos segundos.
El chófer hizo un gesto de que ya era tarde y nos despedimos de mi familia. En ese
momento se escucho un tropel bajando por las escaleras y para nuestra sorpresa
era mi hermano mayor que a última hora se había decidido asistir.
Mi
padre y mi madre sonrieron complacidos mientras mi mama terminaba de
acicalarlo.
Mi
padre expreso. Por lo menos van con un guardaespaldas.
Me
agrado que asistiera. Cualquier cosa contaría con mi hermano y con mi amiga.
Abordamos
la limusina de la familia y empezamos el tortuoso viaje por las colinas hacia
la mansión de los delfines.
No
imaginaba que la noche me tenía preparada muchas sorpresas…
Lindo
ResponderEliminarCuando publicará el capítulo 25